Si los átomos son inmortales... ¿Por qué todo lo vivo muere?

Si los átomos son inmortales... ¿Por qué todo lo vivo muere?

 
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¿Son inmortales los átomos? En la práctica, sí… pero con matices.
Los átomos normales de nuestro día a día —como los de carbono, oxígeno, hidrógeno, nitrógeno— son extremadamente estables. Un átomo de carbono puede existir miles de millones de años sin cambiar lo más mínimo. Solo se destruyen o transforman en situaciones muy extremas: dentro de una estrella, en un reactor nuclear, por desintegración radiactiva si hablamos de isótopos inestables… pero eso no ocurre en los organismos vivos.

Por eso se suele decir que los átomos son “inmortales”: porque no se estropean ni envejecen como las cosas vivas. Simplemente son estructuras muy simples y estables.

Entonces, ¿por qué mueren los seres vivos si sus átomos no mueren?
Porque lo que muere no son los átomos, sino la organización que forman.

La vida no depende de átomos individuales, sino de cómo están ordenados, conectados y funcionando juntos: células, tejidos, órganos… Esa organización es complejísima y frágil, y con el tiempo se desgasta por errores, daños, acumulación de desorden, límites biológicos del propio diseño, etc.

Es como un castillo de piezas: Las piezas (los átomos) son prácticamente eternas. El castillo (el organismo) puede desmoronarse con el tiempo aunque todas las piezas sigan intactas. Cuando un ser vivo muere, sus átomos siguen ahí, pero se reorganizan en otras moléculas, entran en ciclos naturales, y acaban formando parte de otras cosas… incluso de otros seres vivos.

Así: Los átomos duran muchísimo, casi “para siempre”, pero la vida es la forma extremadamente improbable y ordenada de mantenerlos trabajando juntos… y esa forma sí tiene fecha de caducidad.

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