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Diario personal de un postbiológico

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En tu tiempo, la criogenización suele verse por la población como un capricho mayormente de ricos que no quieren morir, e intentan desesperadamente alargar su vida.
Una vida que como dicta la naturaleza, debe extinguirse cuando llega el momento.
Se pensaba que un cuerpo clínicamente muerto, a pesar de ser conservado debidamente y por más ciencia que se desarrollase en el futuro, estaba condenado a la desaparición.
Pero indefectiblemente, con el tiempo el concepto de criopreservación se generalizó. Y por motivos prácticos. No me refiero a congelar un cuerpo una vez muerto, sino a conservarlo mientras dura un largo viaje espacial, por ejemplo.

La tecnología criogénica terminó eclosionando, y cuando esto sucedió se abrió un debate: ¿Porqué está bien criogenizar para largos viajes espaciales, y en cambio, no permitimos que alguien enfermo que va a morir, se congele en vida para, más adelante, si la ciencia encuentra cura, poder regresar?

Y ciertamente pasó, que la criogenización se contempló como un derecho. Para recorrer largos viajes espaciales es evidente, pero también para personas que decidían que dadas sus circunstancias, era el mejor modo de proseguir con su vida.
El impacto social de dicha costumbre, se hizo rápidamente visible: Vimos abuelos que han viajado mucho con una nave, ser más jóvenes que sus nietos que se habían quedado en la Tierra.
Niños que fueron criogenizados debido a una enfermedad, renacer décadas más tarde cuando la tecnología les aseguraba un futuro (y quizá sus padres habían muerto, y se hacían cargo de ellos los descendientes familiares).
A diferencia de antes, la gente no envejecía igual (al unísono), sino que había una fractura generacional. Y era lo habitual. Una misión espacial de unas décadas, significaba dejar atrás en gran medida a conocidos y familiares. Y si hablamos de una nave colonizadora que se adentra a las profundidades del espacio, seguramente era un billete sin retorno.
Pero eso no pasó (lo de grandes naves colonizadoras en busca de exoplanetas lejanos, quiero decir).

En poco tiempo se cartografió nuestro entorno exoplanetario más cercano (aquel que se encontraba dentro de un radio razonable como para poder llegar), pero no encontramos lo que buscamos (es decir, un planeta similar al nuestro).
Por lo que nos centramos en nuestro sistema solar. Establecimos colonias aquí: En Marte y la Luna, de forma inmediata. Y también, construimos estaciones orbitales gigantescas.
El sistema solar parecía muy grande y vacío (y realmente, apenas lo habíamos explorado hasta entonces), pero con el tiempo, se convirtió en una bulliciosa ruta de tránsito espacial.

Con el incremento paulatino de la esperanza de vida, cada vez éramos más. Y hasta nos acabó resultando pequeño... pero esta es otra historia.

No había una uniformidad global de pertenencia a la Tierra. Obviamente, los nacidos en el planeta cuna y que apenas habían salido de él se consideraban terrestres, pero en las colonias externas afloraban otros sentimientos. Una familia nacida en Marte durante generaciones y que nunca haya visitado la Tierra, por ejemplo, se consideraba marciana. Porque es lo que conocían; era su hogar desde siempre.
Por este motivo, la Tierra y las colonias no se llevaron demasiado bien. Y más, porque la relación entre ellas era de dominación y sometimiento por parte de las autoridades terráqueas.
Algo debido, a que los estados (que fueron perdiendo presencia progresivamente con el tiempo), dieron paso a las megacorporaciones (cuyos tics dictatoriales, eran notorios). Podríamos decir que para ellas, más que el diálogo, la fuerza era el procedimiento a seguir.

A todo esto, eclosionó la condición ciborg por todas partes. Hubo cierta resistencia al principio, a principios del S. XXI, cuando se argumentaba que la manipulación genética era el futuro y que la evolución pasa por la biología; que podemos mejorar nuestros cuerpos con ingeniería genética y que esto, es lo óptimo. ¡Que lo orgánico es poderoso!
Pero tarde o temprano, nos rendimos ante la evidencia: La carne es débil y limitada; es frágil y enferma.
Lo artificial era más robusto, y permitía mayores capacidades sensitivas y cognitivas (incluso, en rangos donde la biología no abarcaba).
Un buen ojo biónico, superaba el mejor ojo biológico... Y así, con todas las partes del cuerpo humano.

No sé en qué momento empezamos a estigmatizar globalmente lo orgánico. No sé cuando la gente mayoritariamente comenzó a rechazar su parte biológica... Siempre limitadora, demasiado difícil de mantener y de pocas prestaciones... Pero cuando el sentimiento postbiológico se adueñó de la civilización, empezó una nueva era para la evolución humana.
Ahora guardamos muestras orgánicas de tiempos pretéritos. La memoria histórica, dicen. Yo no le veo utilidad práctica alguna, pero el conocimiento siempre es útil.
¿Y quién sabe? Quizá plantemos la semilla de la vida por algún lado... Como en tiempos inmemoriales, hicieron con notros.

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