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Reveladores estudios sobre religiosidad Reciente

Sharon Bertsch, de la Universidad de Pittsburgh, y Bryan Pesta, de la Cleveland State University, de Estados Unidos, demostraron que personas con un coeficiente intelectual alto, suelen ser menos religiosos que los de un coeficiente intelectual más bajo. Sin embargo, los de un coeficiente intelectual intermedio no presentan diferencias de religiosidad. Las personas con CI menor fueron especialmente propicios al sectarismo, es decir, a considerar que su religión era la única verdadera.
Pero en semejante estudio, ¿qué relación pueden tener las afirmaciones sobre la familiaridad de un rostro o el establecimiento de la longitud de unas líneas, con el grado de religiosidad? Según los investigadores, las puntuaciones en estas pruebas indican la eficiencia del procesamiento neuronal de los participantes, eficiencia que sería la base para el desarrollo de una cognición más compleja y del propio pensamiento racional. Quedaría por establecer, si los resultados obtenidos podrían aplicarse a cualquier conjunto humano, y no sólo a un grupo tan definido como el de este caso: estudiantes universitarios, principalmente cristianos.

Ya en el año 2008, Helmuth Nyborg, científico especializado en el estudio de la inteligencia de la Universidad de Aarhus, en Dinamarca, realizó una investigación sobre la relación entre inteligencia y religiosidad, que arrojó resultados cuanto menos polémicos. Por un lado, el estudio reveló que la media del coeficiente intelectual (CI) de los países, era directamente proporcional al porcentaje de ateísmo en ellos, según se desprendió del análisis de un total de 137 naciones. Asimismo, Nyborg y sus colaboradores afirmaron que el coeficiente intelectual o CI de los ateos era de 1,95 puntos más que el de los agnósticos, y hasta de 5,89 puntos más que el de los creyentes. El origen de estas diferencias podría estar en el hecho de que los estudiantes universitarios y académicos, de coeficiente intelectual normalmente más alto, son en general menos propicios a creer en Dios que el resto de la población.
Asimismo, la ansiedad y la incertidumbre pueden provocar que seamos más idealistas y radicales en lo que a nuestras creencias religiosas se refiere, sugieren los resultados de tres experimentos realizados por investigadores de la York University de Toronto, en Canadá. Los investigadores constataron que las reacciones de entusiasmo religioso fueron más pronunciadas entre aquellos participantes con personalidades más osadas (con una autoestima más alta, orientadas a la acción, ambiciosas y tenaces) y, al mismo tiempo, vulnerables a la ansiedad y a sentirse más desesperanzados con respecto a sus objetivos cotidianos. Los tres experimentos mencionados han sido detallados recientemente en un artículo publicado por la revista Journal of Personality and Social Psychology.
También un equipo de científicos de la Universidad de Muchich (LMU), en Alemania, ha realizado recientemente diversos experimentos en los que se ha analizado el efecto de la exclusión social en las tendencias religiosas de los humanos. Los resultados, según publican los investigadores en un artículo aparecido en el Personality and Social Pychology Bulletin, demuestran que las personas que se sienten socialmente excluidas presentan niveles significativamente más altos de afiliación religiosa. Este tipo de individuos tienden a implicarse más en comportamientos religiosos (como seguir rituales o relacionarse con otras personas religiosas) que las personas que no se sienten excluidas.
Los experimentos realizados demostraron que la religiosidad puede funcionar como inhibidora del estrés, reduciendo las reacciones agresivas que puede generar la exclusión social. El ser humano encuentra alivio en las creencias y los rituales religiosos, lo que ayuda al cerebro a apaciguarse y, en consecuencia, a gastar menos energía y recursos, afirman Tiger y McGuire. Esto explicaría que en franjas de población sin recursos ni posibilidad de mejorar, la creencia religiosa sea una válvula de escape contra el estrés para su desanimada situación.
El doctor Andrew Newberg, especialista en el estudio de la relación entre el funcionamiento del cerebro y las experiencias místicas y religiosas de la Universidad de Pensilvania, afirma, por su parte, que la religión y las prácticas espirituales, generalmente, tienen un efecto positivo en la salud física, emocional y neurológica de la gente. Si bien estos efectos positivos personales pudieran ser beneficiosos, no hay que olvidar tampoco que en nombre de la religión, se han cometido muchas atrocidades (y que culturalmente generan muchos conflictos).
Para terminar, un estudio realizado por científicos del Institute of Neurology de Londres, ha revelado recientemente que lesiones en el lóbulo temporal derecho del cerebro pueden propiciar la “hiperreligiosidad” de los pacientes. Esta investigación viene a sumarse a otras que han demostrado, por ejemplo, que los daños en el lóbulo parietal derecho propician la espiritualidad o que los tumores situados en las zonas parietales posteriores del cerebro generan una mayor “autotrascendencia”.
En investigaciones neurológicas recientes se han descubierto las zonas del cerebro implicadas en las experiencias místicas e, incluso, se ha llegado a crear un mapa que definiría el “cerebro místico.
Desde hace unos años, y gracias a los avances tecnológicos alcanzados, que permiten el registro de a actividad neuronal del cerebro, la neurociencia ha intentado explicar la religiosidad y la espiritualidad humanas desde una perspectiva puramente fisiológica. [Abajo: Mapa del cerebro místico]

Mapa del el Institute of Noetic Sciences (NPR), en el que se especifican las diferentes partes del cerebro que hasta ahora han sido vinculadas a diversos aspectos de la espiritualidad.

Estos avances abren un interesante debate sobre si estos descubrimientos pueden considerarse una demostración de la existencia de Dios o, por el contrario, constatarían únicamente que la experiencia religiosa es tan sólo un producto más de la actividad cerebral del ser humano.

Fuentes:

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Reveladores estudiosc sobre la religiosidad

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No me sorprende, las personas más inteligentes dudan más de las cosas y tienen un sentido más crítico de la realidad , pero la religiosidad no tiene nada que ver con la espiritualidad, la espiritualidad es algo individual y puede cambiar en cambio , la religión es algo colectivo y muy establecido.

Cuando hablamos de Inteligencia se refiere a la lógica supongo , hay varias clases de inteligencia, está la emocional, la cual es muy importante además.

Otro factor que lógicamente influye es la formación , una persona con carrera, tiene más visiones y más si especialmente ha hecho una carrera de Ciencias, en la que sabe que muchos fenómenos son debidos a la mente , ahora pienso en especial en Psiquatria o Psicología.

 
 
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