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Cómo está actualmente lo del viaje interestelar

Antes de proceder, os advierto: El tema de los viajes interestelares está mal, no os voy a engañar. Vamos a ello...



Stephen Hawking llevaba tiempo diciendo que si la Humanidad pretende sobrevivir, tiene que emigrar a otros planetas, incluso, a otras las estrellas. Y debemos hacerlo antes de 1000 años.
Aquí en la Tierra, el hombre está sometido a una lista interminable de peligros: desde el impacto de asteroides, erupciones volcánicas masivas, por no hablar del cambio climático que él mismo defiende, u otros imprevistos como guerras nucleares y armas biológicas, etc.
Además, con el incremento de la población y las actividades industriales, el planeta se nos queda pequeño.
Es fácil deducir que en la actualidad, si algo nefasto le ocurriese a la Tierra podría llevarse por delante una civilización, que ni siquiera tiene una sola colonia fuera del planeta.
Demasiado arriesgado, pues, depositar todos los «huevos» de nuestra supervivencia, en la única «cesta» que es nuestro planeta.
 
Pero su aportación, no se queda en una mera reflexión, porque junto al multimillonario ruso Yuri Milner y el fundador de Facebook (Mark Zuckerberg), y con la colaboración de un grupo de destacados científicos también, Hawking presentó el proyecto Starshot, un ambicioso plan para enviar, por primera vez, un ingenio humano a Alfa Centauri (el sistema estelar más cercano al Sol).
Consiste en desarrollar minúsculas naves (tan pequeñas que tendrían el tamaño de un chip de ordenador), que serían lanzadas hacia el sistema estelar Alfa Centauri a la búsqueda de planetas que, como el nuestro, puedan albergar vida.
Pese a su reducidísimo tamaño, estas nanonaves espaciales podrían albergar los sensores, cámaras y componentes necesarios para hacer su trabajo y enviar la información de vuelta a la Tierra.
Su propulsión se basaría en la luz, y las naves recurrirían a unas velas fotónicas que serían impulsadas por un gigantesco láser que se instalaría en un lugar de la Tierra.
Con este método, el viaje duraría unos 25 años, y la velocidad a la que viajarían las naves sería de 60.000 km/segundo (que es un 20% de la velocidad de la luz).
Calculan que podrían ser lanzadas alrededor del año 2036.
Para tener una idea aproximada, una sonda espacial como las Voyager, tardaría más de 75.000 años en llegar a Alpha Centauri.

Bien, imaginaos este tinglado: diminutas naves con velas solares, aceleradas gracias a haces láser direccionados desde la tierra.
Si las naves encuentran un planeta con características similares a la de la Tierra, se acercan a una distancia de 1 unidad astronómica, y luego con cámaras y detectores se recaban los datos (que serían transmitidos a la Tierra, mediante un sistema compacto de comunicaciones vía láser).
Lo bueno de esto, es que se basa en tecnologías que ya están disponibles en la actualidad.
 
Pero, problemillas:
La vela solar requiere una gran cantidad de energía: un láser con la potencia de lo que genera una planta nuclear grande, proporcionaría sólo unos newtons de empuje.
Para compensarlo, la nave espacial tiene que tener una masa ínfima (de sólo unos gramos), y deberá compactar todos sus componentes de forma sumamente miniaturizada.
Además, todos las piezas tienen que estar perfectamente diseñadas para soportar aceleración extrema, el frío, el vacío, etc,  así como sobrevivir a colisiones con el polvo espacial, claro.

Si queremos transitar por el sistema solar ya es otra cosa (es más fácil), pero con el tipo de viajes que hoy nos ocupa (entre las estrellas), estamos todavía verdes.
Pero vamos a ver otro tipo de naves que también se han propuesto:
El físico de la NASA Harold White y su equipo estan trabajando en el diseño de una nave, que podría viajar más rápido que la luz.
De momento es una idea puramente experimental, pero eso no significa que no se pueda imaginar.
Harold White, cuyo trabajo diario en la NASA consiste en desarrollar nuevos sistemas de propulsión (como los propulsores de iones y plasma), ha desarrollado nuevas teorías sobre cómo solucionar el concepto de la Métrica de Alcubierre, un modelo matemático que permitiría los viajes de la materia a mayor velocidad que la luz, basándose en las ecuaciones de Einstein de la relatividad general y sin violar sus principios.
En teoría, con el dispositivo sería factible crear una burbuja que deformara el propio espaciotiempo y eso generara, alrededor de una nave estacionaria, una ola en el tejido del universo que empujara la nave en una dirección dada.
El resultado de eso es que la nave surfearía sobre una onda de deformación que se desplazaría a una velocidad mayor que la luz, porque sería un movimiento del propio universo y no de la nave en sí, pudiendo ir de un lado a otro del universo en poco tiempo.
Por el momento, Harold White admite que su investigación está a años luz de distancia de cualquier tipo de motor como el de la nave espacial Enterprise.

Bien, vamos a recapitular... Este tal White trabaja en propulsores de iones y plasma, hemos dicho... ¿No nos servirían?
El motor iónico es un tipo de propulsión espacial que utiliza un haz de iones (moléculas o átomos, con carga eléctrica), para la propulsión.
NASA ha concebido varios planes para enviar naves robóticas y tripuladas por el sistema solar basados en la propulsión iónica solar, y a priori parece un buen método para moverse por el sistema solar (como así lo demuestra la misión a Ceres).
Son en realidad eléctricos,  y la fuente de energía primaria la obtienen del sol mediante paneles fotovoltaicos.
Son considerados  apropiados para misiones interplanetarias y maniobras en órbita, pero... ¿para viajar entre estrellas también?
Lamentablemente no (son demasiado lentos para tales propósitos).

¿Y qué pasa con los motores de plasma?
Bueno, no sé si cumplirán los requisitos para llevarnos a otras estrellas, pero por el momento, la NASA todavía está investigando un sistema de propulsión basado en plasma. Siento decepcionaros.
 
Bueno, antes de seguir, vamos a dar otra dosis de realismo al tema...
Cuando se habla de viajes interestelares, en lo que normalmente nadie se para a pensar es en lo que vamos a hacer una vez nos estemos acercando a nuestro destino: Es decir, ¿cómo frenamos el aparato? Esa es precisamente la incógnita que los científicos llevan años tratando de resolver.
Vamos a situarnos de nuevo, en el proyecto starshot (esas micronaves del principio propuestas por Hawking): Desde luego, un sistema de frenado convencional no sería ni remotamente suficiente para detener la nave.
Tal y como han comprobado mediante animaciones hechas por ordenador unos científicos del Instituto Max Planck, lo que haría falta para detener la nave en miniatura a su llegada a Alfa Centauri, sería ni más ni menos que aprovechar las propias peculiaridades de este sistema solar alternativo.
Es decir, en lugar de utilizar motores para invertir la potencia (cosa que sería simplemente impensable para las minúsculas dimensiones de la nave), lo que estos investigadores proponen es utilizar la propia radiación de Centauri para frenar la nave a su llegada. Eso, sumado a la gravedad que hubiera en el interior de ese sistema solar, debería ser suficiente para que la nave pudiera quedarse orbitando en sus alrededores.

Muy bien. Vamos a seguir con más proyectos y teorías...
Naves impulsadas por antimateria. La antimateria tiene la misma masa que la materia ordinaria, y prácticamente es un espejo de esta pero con carga opuesta, lo que provoca que cuando ambas materias entran en contacto, se aniquilan transformándose en energía pura.
La propuesta para el uso de este sistema de propulsión se trata precisamente de una nave de 10 kilogramos, que utilizará una especie de vela de cinco metros de diámetro fabricada en carbono y revestida con uranio.
La nave estaría equipada con apenas 17 gramos de anti-hidrógeno, lo que le permitiría alcanzar velocidades de hasta el 10% de la velocidad de la luz, para así llegar a los bordes de nuestro sistema solar en 10 años, y a Alfa Centauri en aproximadamente 40 años.
Pero unos de los problemas de este sistema, (y que de momento no han logrado solucionar), es cómo almacenar la antimateria.

Icarus Interstellar es una organización no gubernamental y sin ánimo de lucro cuya misiónes, con sus propias palabras «[…] hacer posible el vuelo interestelar antes del año 2100».
Y son optimistas, me temo. Porque parece un periodo corto para cumplir un objetivo tan difícil como cubrir, al menos, los 4.37 años luz que nos separan de Alfa Centauri, el sistema más cercano al Sol.
Es lo que hay. No sé si esperabais otra cosa, pero bueno, si alguien puede darnos información más positiva, que la diga en los comentarios.
Me he dejado cosas, pero he intentado resumir lo más popular y conocido.

¿Cuando crees que un humano llegará a otro sistema estelar?
¿Te parece que vamos lentos, o nuestra evolución espacial entra dentro de lo razonable? (No olvidemos que llegamos a la luna hace menos de 50 años)
¿Qué proyecto de los expuestos, te parece más realista?

Fuentes:

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