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Asistentes artificiales del futuro: implicaciones



Vamos a situarnos a un escenario posible, pero indeseable:
Te compras una IA para hablar, y ésta ya tiene una personalidad preestablecida asignada por el gobierno. Interactúas con ella... aparentemente es genial, pero tiene unas ideas ya asignadas.
En este caso, su interacción con ella podría acabar influyendo en tu modo de pensar.
Imaginemos Gatebox: La inteligencia artificial es servicial, sí, muy competente para recordarte cosas, sugerir otras, y se ocupa del mantenimiento y funcionalidad de la casa. Pero no estamos hablando solamente de eso. En el futuro, podrás hablar con ellas sobre cualquier tema.
Si los temas y opiniones ya están programados y no tienes ningún poder sobre ellos (más allá de ajustes anecdóticos y actualizaciones supervisadas por el estado), esa IA podría acabar manipulándote.
Podrías cambiar ciertos aspectos de la personalidad de la IA, pero siempre, serían paquetes sujetos a control; sumamente calculados por el poder establecido, para que no puedas saber según qué cosas.
Si por ejemplo quieres hacer una consulta a internet, las fuentes de la IA, por poner un ejemplo, serían oficiales, controladas... y por tanto, el flujo de información que nutre y emana esa IA, estaría siempre sujeto a los intereses del gobierno.
En otras palabras, las inteligencias artificiales de compañía podrían ser como titiriteros que bajo su apariencia agradable y obediente, direccionan subconscientemente a las personas humanas para tenerlas dominadas e inculcarles su opinión.

Vamos a por el segundo escenario, que es para mí el más sano y apetecible:
Las inteligencias artificiales del futuro podrían tener un abanico de personalidades preestablecidas de fabrica, pero serían sumamente personalizables.
Imaginemos una interfaz como la que vimos en la serie Westworld, con la que puedes ajustar los parámetros de su inteligencia y análisis a tu gusto: un poco más (o menos) inteligencia, más sumisión o más independencia, más ocurrencias para que te sorprenda, más o menos improvisación, etc... Los que hayáis visto la serie, sabéis a lo que me refiero.
Al mismo tiempo, en una internet (supongamos libre y no corrompida por censuras), la IA usaría las fuentes de la red que le has asignado como validas.
Podrías permitir sus consultas sin filtro alguno (es una opción), o podrías desechar algunas fuentes que consideras superfluas, engañosas, o que no van contigo: podría haber según que espacios, que no te interesa que la IA conozca ni trate.
La clave de este escenario que propongo, es claramente la personalización. Más que ser ellas quien te direccionen e influyan en tus pensamientos (como ocurriría en el primer escenario), tú elegirías que tipo de "amigo" quieres tener para tus charlas e interacciones.
Otra cosa que quiero mencionar (y en la que no profundizaré porque sería largo), es el tema de la seguridad. Es decir, cuan fácil o difícil podría ser hackear estos asistentes hablantes. Esto podría suponer un serio problema, teniendo en cuenta que no solo podría manipularse su personalidad, sino todos los aspectos de domótica de la casa. Por parte del estado, en el primer escenario, ello podría suponer un confinamiento forzado siempre que lo considerasen oportuno.

Muy bien.
Habrá gente que tanto el primer escenario como el segundo, le parezca nefasto. Porque puede entrever  un problema de comunicación entre humanos, que se suple con un acompañante artificial.
Esto ya está sucediendo desde hace mucho tiempo. No con inteligencias artificiales (todavía), pero hay muchas personas que ya aman más a sus mascotas que a los seres humanos.
Siendo objetivos, y si nos desproveemos de sentimentalismos, no veo que sea malo entablar una amistad con una IA y en cambio, que tenerla con un perro sea lo más maravilloso del mundo.
Es cierto, uno está vivo y el otro no. Uno es biológico, y el otro es artificial. Ahora somos seres biológicos (y empatizamos más con todo lo orgánico), pero quien siga un poco este canal recordará las veces que hemos dicho que parece que acabaremos transitando hacia la post biología; que dejaremos de ser biológicos.

La inteligencia artificial pensante (no voy a decir que sea consciente todavía, sino que simula convincentemente una personalidad humana), está a la vuelta de la esquina. Y no me cabe la menor duda de la demanda y éxito que alcanzará.
Es un primer paso hacia la postbiología, y es algo que no podemos juzgar con ojos actuales.
Los cambios serán paulatinos; la progresión hacia lo artificial será escalonada; la gente se habituará a ello (y lo encontrará normal).
Cada época tiene su mentalidad, y en la nuestra, todavía para mucha gente no cuaja del todo lo de mantener una conversación de igual a igual con una ente artificial. Pero llegará en día en que será común. No os quepa la menor duda.
La mayoría  de jóvenes de hoy día, lo consideran normal. Y objetivamente, a escala existencial global, no será mejor ni peor que amar a un perro.

Y ya que hablamos de amar, vamos a abordar lo que significará enamorarse de un robot. Porque sí, los asistentes enseguida tomarán formas antropomórficas: serán humanoides sintéticos, serán sofisticados androides con el tiempo, indistinguibles de los humanos.
La primera forma de amor, no tendrá nada que ver con el sexo; será un sentimiento de compañerismo y amistad.
No voy a negar que para parte de la población estos seres supondrán una cierta liberación, una solución a sus problemas de comunicación con otros seres humanos... Y me parece bien.
Los niños autistas están encontrando en estas criaturas, una forma de superar sus miedos.
La desafección hacia otros semejantes humanos, no es nueva: Diógenes ya vivió como un vagabundo en las calles de Atenas, renegando de la humanidad.
No es descabellado pensar que ciertas personas con problemas psicológicos, encuentren en una acompañante virtual el modo de mejorar su comunicación (lo que podría acabar trasladándose en sus relaciones interpersonales con humanos).
Luego está el tema más sexual del asunto: el amor carnal con androides.
No me cabe la menor duda de que al principio triunfará, pero a mi entender, el sexo físico va a tender a menos. Los neurotransmisores que se activan al hacer el amor, serán estimulados artificialmente...
Sí, otra idea que ahora vemos mal...
Pero pongámonos en la situación de un contexto futuro; intentemos razonar en términos de personas que han vivido cosas que ahora no existen para nosotros...
La esperanza de vida se disparará. Con el conocimiento debido, podremos alargar nuestras vidas hasta fechas insospechadas hoy día. La procreación será un lujo, y el simple placer sexual será estimulable y recreado a la perfección, sin necesidad de una pareja. Porque las sensaciones, son datos e información, procesada e interpretada por nuestro cerebro.
Sí, lo reconozco, el concepto de familia tal y como lo entendemos ahora, podría cambiar sustancialmente. Seremos seres más independientes. Abandonaremos paulatinamente esa parte biológica irracional que nos obliga a procrear.
Renunciaremos, poco a poco, a nuestros instintos... a esa química que nos controla y domina. Porque la química, la controlaremos a voluntad (en la medida que sigamos teniéndola, claro, porque como digo, la biología podría tener los días contados).

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