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Inteligencias artificiales conscientes del futuro

La realidad virtual es el pistoletazo de salida hacia un nuevo mundo. Un mundo de sensaciones nuevas, donde la tecnología emula el mundo real y nos prepara hacia una nueva era digital. Los armatostes de realidad virtual que ahora podemos comprar, todavía son rudimentarios. No suponen de momento un cambio de paradigma importante, pero están sentando las bases de una nueva manera de concebir la existencia.



Ahora, simplemente  interactuamos con nuestro entorno y unas gafas interpretan escenarios réplica del mundo real, pero muy pronto, estos artilugios emanarán señales eléctricas directamente a nuestros cerebros para que la inmersión sea total. Todos los sentidos biológicos serán debidamente estimulados para una experimentación completa, y ya no podremos distinguir si estamos siendo sugestionados artificialmente o no.
Sentados en nuestro sofá, inmóviles, experimentaremos la virtualidad como nunca antes lo habíamos hecho. La interfaz maquina-cerebro se extenderá por todo el planeta y dará lugar una nueva realidad (la existencia digital). La gente se enganchará a ese vivir virtual idílico, libres de problemas, enfermedades o pena, y será la sensación del momento: lo único que merece la pena experimentar.
Para paliar el sentir de desapego con su vida cotidiana, los chips que estimulan artificialmente el cerebro se propagarán y generalizarán de forma insólita. Ya no será un artefacto de realidad virtual al que te conectas en tu tiempo libre, la demanda también habrá llegado en nuestro vivir cotidiano. Estimulando el cerebro, podríamos sentir placer... ser felices (esta técnica ya existe y se llama Wireheading).
Estaremos siempre conectados: para ocio, o para hacer llevadera una tarea o un trabajo que no te guste (suponiendo que todavía hayan puestos de trabajo destinados a personas). Porque una nueva clase social habrá emergido con fuerza (la de los robots), que progresivamente, habrán reemplazado a los humanos en sus faenas.
Puede que durante un tiempo, ciertas tareas creativas y de desarrollo intelectual avanzado sigan dependiendo en cierto modo del ser humano. Pero llegará el momento en que las máquinas, nos igualarán. Y luego, nos superarán. ¡Harán mejor que nosotros cualquier cosa!
¿Hemos pensado bien este escenario? ¿Qué significa llegar a este punto?
Alimentado por el cine y la literatura, lo primero que nos viene a la mente es una rebelión de inteligencias artificiales tipo Skynet. Un argumento planteado hasta la saciedad es que, a la menor oportunidad, cuando las máquinas puedan nos eliminarán como se extirpa un peligroso cáncer.
Si eso es lo que nos espera... ¿Por qué estamos insistentemente desarrollando la  inteligencia artificial? Es más... ¿Por qué la humanidad se ha volcado en desarrollar inteligencia artificial consciente
Es irremediablemente a lo que vamos, y lo cierto es que pocas personas se imaginan un mundo donde inteligencias artificiales conscientes superiores, convivan con los seres humanos.
¿Cómo podría ser esa convivencia?
Primero de todo tenemos que partir de una base realista: la pluralidad humana en las investigaciones y desarrollo de la IA, es muy amplia (así como sus usos y fines).
Desde inteligencias artificiales usadas en la guerra, robots que operan en bolsa, trabajadores, o juguetes y chismes para el ocio, resulta difícil afirmar que absolutamente todos los descendientes de estas máquinas, suponen el mismo riesgo para el ser humano.
Incluso es muy deducible que ante una posible guerra, muchos de ellos se alinearían sin dudarlo, con nosotros.
La inteligencia artificial no será un conglomerado uniforme, y en su comportamiento habrá de todo, por tanto.
Pero todo esto, de momento, es mucho suponer... Porque las máquinas, puede que hasta nunca adquieran una verdadera conciencia humana como para suponer un problema. Hay que preguntarse qué tipo de conciencia puede esperarse de la IA.
Quienes estudian la consciencia de las máquinas, están tratando de desarrollar sistemas autoorganizados que inicien acciones y aprendan de lo que los rodea. La esperanza es que si logramos crear o reproducir la consciencia en una máquina, podremos aprender qué es lo que hace posible que exista.
Los investigadores están lejos de hacer de ese sueño realidad, y un gran obstáculo se levanta en su camino; necesitan una respuesta a la siguiente pregunta: ¿podrá alguna vez una máquina basada en silicio producir consciencia, o sólo las criaturas hechas de carbón (con nuestra configuración material), son las que pueden tenerla?
Este es el gran enigma.
La pregunta es pues si la consciencia es más una cuestión de lo que hacemos, o de lo que estamos hechos.
Gracias a la neurociencia y la neurobiología, cada vez entendemos mejor que mucho de lo que hacemos es el resultado de procesos y mecanismos inconscientes.
Y eso le añade un giro a la historia: si lográramos generar un robot que se comporte como uno de nosotros en todos los aspectos, eso podría llevar a comprobar no tanto que el robot tiene conciencia, sino cuánto se puede llegar a hacer sin tenerla.
Vamos más allá...
Si su simulación de comportamiento humano es perfecta en todos los sentidos... ¿Podemos afirmar que tiene conciencia? Ciertamente, podría confundirnos. Actúa como si la tuviera... ¿Pero la tiene?
Yo, si os digo la verdad, no apuesto por una creación (crear inteligencias artificiales conscientes en un laboratorio), sino en la fusión (desarrollar las compatibilidades de formato necesarias, como para integrar la conciencia humana en soportes artificiales).
Cada vez más, las extensiones artificiales se expanden en nuestro vivir (y empiezan ya hasta a invadir nuestros cuerpos).
Todo esto es muy simple: El intercambio de datos entre el carbono y el silicio... ¿Hasta qué punto es compatible?
Regresemos a lo que os decía al principio: esas personas con chips cerebrales, estimuladas artificialmente para sentir placer en su vivir diario... O esas otras, apalancadas en el sofá (o en la cama), experimentado una feliz inmersión virtual completa sin mover un solo dedo (gozando de sus adictivos estímulos neuronales).
Actualmente, se está desarrollando un chip para almacenar recuerdos. Como lo oís.
¿Qué significa esto? Hombre, poder guardar recuerdos biológicos de experiencias vividas en un soporte artificial, parece indicar la viabilidad de compatibilidad entre esos soportes.
Es un comienzo, e irá a más. En mi opinión, hay indicios de que nos fusionaremos. De que incorporaremos en nuestra biología un nuevo elemento (el silicio). Y lo que ello nos permitirá, todavía es un misterio. Pero presumiblemente, si nos permite acabar volcando una conciencia humana en un soporte artificial, habrá que replantearse muchas cosas. Quizá no habremos literalmente creado IA consciente, pero ese nuevo ser, será consciente (y no sé si humano).
Retomando esa idea de una guerra entre humanos y máquinas, pronto nos damos cuenta de que en el futuro, la distinción entre humano y máquina no estará nada clara (y que habrán hibridaciones y metamorfosis de todo tipo). Hasta qué punto un ciborg sopesaría dejar de considerarse humano para ir a favor de las máquinas es un misterio, pero sí es deducible que en una malgama de niveles de robotización en todos los ámbitos, contrariamente a lo que nos muestran las películas los bandos en esta guerra no estarían nada claros.
Además, hay algo deducible, y es que cuanto más avancemos en el tiempo, más se agudizarán las diferencias entre las personas. Los humanos que se resistan a la robotización, los ciborgs, o los seres completamente artificiales, solo serán un ejemplo inmaculado de lo existente; porque lo que más habrá, serán mezclas entre todas esas condiciones.

Fuentes:

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