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El Biohacking y el peligro de los Grinders

El Biohacking, compuesto por las palabras “biología” y “hacking” es una práctica cuyo propósito es el acercamiento de la ciencia a la ciudadanía; trasladando los laboratorios de investigación, a los garajes u hogares del público general. Su filosofía defiende el libre acceso, la libertad de información, la colaboración y la mejora de la calidad de vida para todo el mundo, con el objeto de ampliar las capacidades físicas y mentales del sujeto.



Un biohacker defiende que la tecnología aplicada a la curación y mejora del ser humano, debe estar disponible para todo el mundo (y no sólo en los científicos o las empresas farmacéuticas). Y la forma de conseguirlo, es mediante la medicina doméstica: la biología aplicada en casa, por personas que no tienen por qué ser científicos. Es lo que se conoce también con el nombre de ciencia ciudadana.
El movimiento nació alrededor del año 2005 gracias al abaratamiento de los instrumentos médicos y la tecnología, y la capacidad de intercambiar información que proporciona Internet.
Un ejemplo de biohacking es “Circadia”, un dispositivo implantable que puede leer datos biomédicos y transmitirlos a Internet a través de bluetooth. El dispositivo, desarrollado por Grindhouse Wetware, es además un proyecto de código abierto, por lo que cualquier usuario puede descargárselo, modificarlo o utilizarlo para sí mismo. El implante, no solo acumula datos médicos, también puede mostrar mensajes, advertencias o textos desde un smartphone con Android, al implante.
Imaginad la filosofía hacker: información libre para todos, pero puesta al servicio de la ingeniería molecular y biológica.

Gracias a las técnicas más modernas, hoy puedes convertirte en un biohacker.  Por eso lo practica gente sin ningún tipo de formación, sin apoyo institucional y casi sin gastar un céntimo.  En el biohacking, cualquiera puede coger unas cuantas placas de Petri, buscar un medio de cultivo barato y hacer sus propios cultivos con bacterias de todo tipo. O hacer sus pruebas de ingeniería genética con vegetales del huerto. O probar dispositivos biotecnológicos diversos... El espíritu del biohacking, vela por una información libre y accesible para todos. La cuestión es tener inquietud y poder acceder a la información necesaria, para poder "jugar" con la biología que nos rodea y hacer nuestros propios experimentos.

Pero las posibilidades de llegar a ciertos resultados sin el apoyo institucional o económico adecuado, todavía son limitadas. Existen muchas barreras técnicas. Sin embargo, dichas limitaciones van reduciéndose a medida que se domina y depura la tecnología. Por ejemplo, hasta hace tres años, realizar ingeniería genética para cualquiera que no dispusiese de todos los medios económicos de un gran laboratorio era, sencillamente, imposible. Ahora, técnicas como CRISPR abren las puertas a la ingeniería genética para el biohacking, pues el proceso de diseñar un microorganismo "a la carta", es infinitamente menor.
Con un poco de ayuda y la información necesaria, una persona sin formación universitaria podría crear su propio organismo modificado genéticamente.

Es importante distinguir entre la medicina tradicional y el biohacking  (que defiende el concepto de "hazlo tú mismo"). El biohacking ético, defiende estas prácticas siempre que no pongan en peligro nuestra salud.
En 2011, los principales laboratorios biohackers firmaron un documento en donde se comprometían a seguir las normas de seguridad, a no experimentar con organismos patógenos y a usar la biología con fines pacíficos. Los laboratorios domésticos de biohacking se multiplican sin descanso, y todo esto podría descontrolarse y acarrear ciertos riesgos... Y más, cuando hay un movimiento biohacker más radical: los llamados Grinders.

Como en toda corriente filosófica, también hay extremistas. Se les conoce con el nombre de Grinders, y no tienen problemas para poner en peligro su propia vida, con el objetivo de implantarse un mecanismo tecnológico que mejore sus capacidades, sin esperar a posibles permisos médicos. Rich Lee se implantó unos imanes transmisores en el interior de los oídos, con el objetivo de emular la capacidad de los murciélagos para ver en la oscuridad.
Los Grinders son personas que no dudan en mutilarse o realizar cirugías caseras para implantarse sensores, chips, imanes o LEDs debajo la piel.
Llevan a cabo arriesgadas operaciones con las que consiguen mejoras como visión nocturna, comunicación a través de bluetooth, identificación mediante un chip, etc. En la mayoría de los casos, estos implantes se llevan a cabo bajo la piel (así que no suponen un riesgo excesivo), salvo el de una infección. Pero en otros, se trata de verdaderos implantes quirúrgicos de cierta complejidad.

Tu mente es software - prográmala
Tu cuerpo es una carcasa - cámbialo
La muerte es una enfermedad - cúrala

Estas tres afirmaciones buscan superar nuestra condición de seres humanos con ayuda de la tecnología, para alcanzar la inmortalidad y con ello la felicidad eterna.
Por primera vez en la historia de nuestra especie, podemos atisbar un futuro en el que habremos vencido a todas las enfermedades, el envejecimiento e incluso a la muerte con ayuda de la tecnología.
Entonces dejaremos de ser humanos, para convertirnos en transhumanos. Un primer paso hacia el posthumanismo, en donde la Humanidad podría prescindir de su propio cuerpo y vivir eternamente como datos en una red neurológica, o desprendernos por completo de nuestra condición de seres vivos, gracias a la Inteligencia Artificial.

El Transhumanismo se forjó en los años 60 del pasado siglo, influenciado por el nacimiento de los ordenadores y las primeras obras de ciencia-ficción cibernética. El filósofo Fereidoun M. Esfandiary, conocido con el nombre de FM-2030, fijó sus primeras bases. En los años 90 otro filósofo, Max More, organizó un grupo de debate en California que dio lugar a la Asociación Transhumanista Mundial.
El biohacking es una forma de poner en práctica el transhumanismo. Y como ocurre con los hackers informáticos, hay biohackers que siguen unas normas éticas y otros que no lo hacen.
La mentalidad Grinder ha atropellado el Transhumanismo. Ellos van más allá, y tienen su mira fijada en el Posthumanismo, que busca dejar atrás el cuerpo y la muerte para convertirnos en datos que pueden almacenarse en redes informáticas sin perder la conciencia humana, y alcanzar así la inmortalidad.

Condicionados por el cine o la literatura, nos vienen a la mente desde ciborgs como Robocop a muertos vivientes renacidos en el laboratorio de Frankenstein. ¿Queremos convertirnos en eso? La realidad es que hoy en día implantes tecnológicos que hace un siglo habrían parecido una aberración (como unos pechos de silicona o una cadera de titanio), son muy comunes.
Durante siglos, la religión ha ido asimilando las certezas científicas con más o menos fortuna. La mayoría de los teólogos aceptan que la Tierra tiene millones de años y que el Hombre no proviene de Adán y Eva.
Pero hay quienes vaticinan que podremos prescindir de nuestro cuerpo y sustituirlo por chips, sensores, e implantes (e incluso, descargar nuestra mente en una red de datos). Si algún día eso se convierte en realidad… ¿dónde queda el concepto de alma? ¿Y el de libre albedrío y destino (pilares de casi todas las religiones)?

Fuentes:
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