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Análisis Chappie: Transferencia de conciencia

Chappie es una película de ciencia ficción del 2015 dirigida por Neill Blomkamp,  ambientada en Johanesburgo en un futuro cercano.
Cuenta con grandes estrellas en su elenco de actores, como la reina de la ciencia ficción Sigourney Weaver (en un papel más bien discreto y demasiado simple para mi gusto), y el famoso Hugh Jackman (haciendo de malo esta vez, cosa infrecuente en él).
También cuenta con una curiosa pareja protagonista cuyos actores componen el peculiar grupo de música de hip-hop Die Antwoord (quienes tienen los mismos alias y fueron pareja en la vida real). Ellos son Yolandi Visser y Watkin Tudor Jones.
Decir también que Sharlto Copley (recordad, el protagonista de distrito 9), es Chappie (el robot central de la cinta), que pone su captura de movimiento y voz; y que el informático que le da la vida a Chappie es interpretado por  Dev Patel.
Esta película costó 49 millones de dólares y recaudó algo más de 100.



Chappie es el tercer largometraje de Neill Blomkamp como director, siendo sus anteriores trabajos Distrito 9 (del 2009), y luego Elysium (del 2013).
Todos de ciencia ficción, como vemos,  por lo que podemos deducir fácilmente las inclinaciones y gustos de este director.
Por si esto fuera poco, sus próximos trabajos previstos se enmarcan también en el género. El primero de ellos es una improbable Alien 5 (que me parece, que se ha quedado finalmente en nada ); y el otro, es la segunda parte de distrito 9 (de cara al 2020). No me parece que de esta película proceda una continuación, pero veremos qué pasa...
 
La película nos cuenta como la policía de Sudáfrica decide comprar robots blindados al fabricante de armas Tetravaal, para reducir el alto índice de criminalidad de Johannesburgo.
Con el resultado de que estos robots, consiguen reducir con éxito la delincuencia (al más puro estilo robocop). Bien. Todos contentos. ¿O no todos?
Su inventor tiene inquietudes (objetivos que van más allá de los planes de Tetravaal), y crea en su casa un prototipo de inteligencia artificial, que imita la mente humana hasta el punto de sentir emociones.
La directora de Tetravaal, Sigourney Weaver, no es tan entusiasta como él ante tales propósitos, y le niega el permiso para probarlo en ninguno de sus robots policías.

Así que, nuestro protagonista informático, empecinado en su idea, roba un robot recientemente dañado y antes de que sea destruido, se lo lleva para instalarle su nuevo programa. Con tan mala suerte que de camino a casa, es secuestrado por un grupo de pandilleros, los cuales amenazan con matarlo a menos que reprograme el robot policía para que luche por ellos.
Pero en vez de instalar el programa policial violento, lo que hace es instalar el nuevo software en el robot.
Los pandilleros tiene que pagar una cuantiosa deuda y por eso necesitan un robot que meta caña, pero lo que tienen es un robot sensiblero y consciente, que se comporta y aprende como un niño.
A partir de aquí, se suceden las desventuras de Chappie: engaños, desilusiones, traiciones... le harán comprender poco a poco, como son los humanos y sus oscuros propósitos, mientras se debate entre lo que está bien y lo que está mal (y preguntándose además, en quién puede confiar).

Pero esta película no se queda solamente en la idea de un programa informático que, implantado en una máquina, le permite sentir y opinar.
En un paso más allá, se transfieren también conciencias humanas en robots. Algo no demasiado creíble tal y como lo plantea la película (para qué nos vamos a engañar), pero que es uno de los temas más recurrentes de la ciencia ficción y en el que de hecho, ya hay científicos en la actualidad que lo están trabajando.
Pero a uno le queda la duda de si Blomkamp quería que su película estuviera destinada a la pura diversión o si, por el contrario, iba en serio cuando quería debatir sobre la inteligencia artificial, la seguridad en las ciudades o la consciencia humana.
La película explora al principio unos conceptos más o menos creíbles (un programa que permite sentir y pensar), pero llega un punto en que se pierde en las marismas de lo desconocido y la mera especulación.
No sabes cómo se llega a ese instante, no se explica ni siquiera mínimamente la hazaña (y ni mucho menos su plausibilidad), pero cuando te das cuenta, de forma abrupta y complicada de asimilar, ya estás de lleno sumergido en improbables transferencias de conciencia entre humanos y robots (y la facilidad con la que se dan -sin explicación alguna mínimamente verosímil, como digo-, roza la irritabilidad).
Es de entender que una película tiene sus limitaciones, que no puede perderse en eternas explicaciones, pero me queda la sensación que a esta cinta le falta ciencia y le sobra diversión. Aunque esto, como siempre, va a gustos...
Decir también que el apartado visual y sus efectos especiales, cumplen a la perfección.
Muy bien. Vamos a dejar la película aquí, si os parece, para pasar a hablar de la factibilidad real de transferencia de conciencia entre humanos y máquinas.
 
Bastaría con transferir nuestra mente a un soporte artificial, para liberarnos de la dictadura biológica de nuestro organismo y vivir eternamente, sin fecha de caducidad (si fuera posible, claro).
¿Es posible?
En este momento, la ciencia carece de consenso respecto a qué es la consciencia (mal empezamos). Ni qué decir tiene, que tampoco sabemos qué datos de nuestro cerebro forman  “el núcleo de la consciencia” (vamos a decir), lo que ayudaría a decidir qué información es más valiosa a la hora de conservarla.
Resulta muy difícil reproducir algo que todavía no entendemos. ¿Lógico, no?
Pero podemos especular. Podemos jugar con lo que hemos avanzado y el ritmo de crecimiento acelerado que está experimentando el conocimiento.
Conscientes de las dificultades y el escepticismo de gran parte de la comunidad científica actual, hay quienes se aferran al pronóstico del experto en inteligencia artificial Ray Kurzweil, para mantener el optimismo (él cree que la ‘singularidad’, ocurrirá alrededor de los años 2045 y 2050).
El hombre se fusionará con las máquinas, y de la hibridación estructural entre ambos, surgirá (aflorará) la conciencia artificial.
Precisamente, estas son también las fechas que señala que el multimillonario ruso Dmitry Itskov, que ha invertido parte de su fortuna en el proyecto Iniciativa 45.
En 2030 esperan haber desarrollado un cerebro artificial y quieren ser capaces, quince años después, de transferir una mente humana (consciencia incluida) a un cuerpo que replique el aspecto de su dueño.
Su fin último, es transferir la personalidad de una persona a un cuerpo completamente nuevo.
La posibilidad teórica para que ello se dé, está relacionada con el modo en el que trabaja nuestro cerebro y que aún la neurociencia no ha podido explicar.
Stephen Hawking es uno de los que Creen que el cerebro es como un programa en la mente, que es como una computadora, y que es teóricamente posible copiar el cerebro a una computadora, y así proporcionar una forma de vida después de la muerte.
Algunos neurocientíficos, ya están abordando el cerebro como si fuera un ordenador.

El cerebro convierte las entradas de información, los datos sensoriales, en respuestas, en nuestro comportamiento. Si se pudiera mapear ese proceso, tal vez se podría copiar el cerebro a una computadora junto con la mente individual a la que da lugar.
Nuestra mente es esencialmente un tipo de envío de señales electrónicas similares a un programa de ordenador. Si somos capaces de descifrar el código y construir una computadora lo suficientemente potente (tendría que hacer 100 billones de conexiones para que coincida con nuestro cerebro) que puede leer el código y simular la conciencia, seríamos capaces de poner nuestra mente en él.
Esta es la visión del doctor Ken Hayworth, un neurocientífico que se enfrenta al problema de cómo transferir su propia mente a una computadora.
Pero el científico es realista: "Para ponerlo en perspectiva: representar el cerebro completo de una mosca nos tomaría aproximadamente uno o dos años. Así que mapear un cerebro humano entero con la tecnología actual, es simplemente imposible", dice.
Incluso si pudiéramos crear el diagrama del cableado de un cerebro humano para poder transferir la mente a una computadora, también tendríamos que leer la actividad constante de cada una de las neuronas.
Está difícil. Pero en 15 años se espera poder representar e interpretar la actividad de todas las neuronas de la corteza cerebral de un ratón. El  objetivo final, será hacerlo con un cerebro humano.
Por ahora, las plataformas que trabajan de forma experimental recogiendo datos de voluntarios lo hacen de forma gratuita. No obstante, cuando se construyan robots con nuestro aspecto físico para albergar nuestra mente, como pretende la Iniciativa 2045, seguramente habrá que rascarse el bolsillo. Y probablemente, será una tecnología al alcance de muy pocos. Bien. Nada nuevo, me parece...

No es el único problema que se plantea. Varias versiones de nosotros mismos podrían cruzarse en mitad de la calle, a menos que se previniera de algún modo (por lo que habría que abordar también un cambio en el significado de las palabras muerte e identidad).
Más aún: Si pudieras replicar la mente y transferirla a un material distinto, en principio podrías clonar mentes.
Según la ciencia, la memoria, el aprendizaje y la misma conciencia, son resultados de procesos electroquímicos en el cerebro gobernados por leyes físicas aplicables.
Un ejemplo de la viabilidad de copiar de manera funcional esta compleja red neural, es esbozado en el experimento teórico del reemplazo de una porción del cerebro con un chip de silicio.
A grandes rasgos: imagina que estás sintiendo un enorme dolor. Ahora imagina que una de tus neuronas, es reemplazada por un chip prostético de silicio que tiene exactamente el mismo perfil de recepción y emisión que la neurona que reemplaza.  ¿Sentirías la diferencia? ¿Dejarías de sentir el dolor? Probablemente seguirías sintiendo el mismo dolor sin darte cuenta que ahora estas usando un chip de silicio para transmitir esa sensación.
Presumiblemente, si se reemplazara cuidadosamente hasta la última de tus neuronas biológicas por otras de silicio, tu cerebro seguiría funcionando de manera constante con las mismas propiedades mentales, manteniendo las relaciones causales entre cada parte del cerebro, las cuales son responsables de la conciencia.
Ahora imaginemos además, ese chip para almacenar recuerdos que están desarrollando desde hace años, futuras interfaces mentales, electrodos cerebrales... Claro, por este camino: ¿Cuánta parte de tu cerebro debería seguir siendo biológica, para seguir siendo tú? ¿Y a medida que insertas algo artificial, dejarías de serlo? ¿Serías menos tú? ¿Son menos humanos los ciborgs? ¿Depende de si sus cerebro es 100% biológico? ¿Y si no lo son?
Aunque quizá la pregunta sea: ¿Puede el silicio emular todas las funcionalidades de las moléculas orgánicas de carbono? ¿Son el silicio y el carbono tan compatibles, hasta el grado de permitir este proceso de transferencia con éxito.
 
Pero hay quien dice que si una simulación pasa a tener una conciencia en sí misma, nunca será lo bastante parecida a nuestra conciencia biológica primigenia. La mejor analogía que ponen, es la clonación. Los gemelos idénticos, son un ejemplo de clones humanos que ya viven entre nosotros: comparten el mismo ADN. Pero sin embargo, nadie diría que también comparten una sola conciencia.
De momento, parece muy difícil reproducir una conciencia entera hasta su más ínfimo recuerdo. Porque en caso de faltar, supongamos,  algún recuerdo... ya no sería la misma conciencia, no?
Aquí es cuando cobra sentido la idea de ese "núcleo de la consciencia" que mencionaba al principio, y como cierta similitud entre conciencias (aunque no sean idénticamente iguales), podrían considerarse análogas y las mismas a efectos prácticos.
Pero claro, en todo esto está el tema de la fisiología cerebral y el papel que juega en la emanación de conciencia; O si solamente de lo orgánico, puede florecer la conciencia (otro dilema, que ya hemos formulado muchas veces).
Porque claramente, no es lo mismo trasferir una conciencia a un robot, u a otra persona biológica. Este último, es el caso en el que se basa la película Eternal.
Rápidamente, nos asaltan algunas dudas:
¿Podemos replicar la conciencia en soportes completamente distintos, meramente insuflando información análoga? ¿O hay que construir un recipiente físicamente idéntico, para esperar obtener la misma conciencia?
Está claro que la película que nos ocupa, Chappie, tiene una concepción muy laxa de lo que es la conciencia, pues resulta obvio constatar las diferencias físicas entre ambos cuerpos (lo que no impide la compatibilidad deseada, requerida por el guión).
Lo mismo le sucede a Eternal, en la que se transfiere una mente a un cuerpo que nada tiene que ver con el tuyo. El requerimiento de la compatibilidad física estructural que hablaba antes, en ambos casos resulta innecesaria.

Los optimistas en todo este asunto, asumen que el paso de un ambiente orgánico (que la biología a amaestrado por miles de millones de años), a un entorno de máquina, no generará ningún trauma: y que nuestra conciencia integrada en el hardware, se adaptará perfectamente a este nuevo soporte tan distinto.
Bien. Supongamos que tienen razón. Si el simulacro de nuestra conciencia mantiene nuestra conciencia individual con toda su historia personal, ¿acaso esto no significa que ya vivíamos en un simulacro previamente, y que el cuerpo era como un vehículo de realidad virtual?
En ese laberinto de autorreflexión, dejaría de existir la realidad. ¿Cómo saber que en este momento, el original no está conectado a un soporte de hardware en una especie de incubadora cibernética imaginando que tiene un cuerpo humano a través del cual percibe un mundo extraño, hermoso y atemorizante? ¿Somos copias de copias de copias, así hasta el infinito?
Si todo esto no era lo suficientemente complicado, también podríamos plantearnos qué posibilidades habría de que una civilización evolutivamente dotada de una avanzada conciencia artificial, en un momento dado hubiera encontrado útil instalar su ser en cuerpos biológicos (¿quizá los nuestros?). Es decir, el proceso inverso. Ya no de nosotros a una maquina, sino de robots a seres biológicos.
 
Surgen innumerables cuestiones y dudas existenciales sobre esta posibilidad de existir más allá de nuestros cuerpos, embebidos en entornos y soportes distintos...
Todo esto son temas muy complicados, porque tienen que ver con la definición de qué es la conciencia (y como digo, los humanos de momento no tenemos una respuesta para eso).
A medida que nuestra comprensión del cerebro avance en las próximas décadas, veremos  si todo esto se perfila como algo factible, o si sigue como un problema irresoluble...
Pero la realidad es que la ciencia y la tecnología crece a pasos agigantados, y cada día que pasa, llevamos los límites de lo posible un poco más allá.
Lo que antes sucedía en más de una generación, ahora se produce en apenas 15 años. Y por lo que se ve, la velocidad del cambio es impresionante (y se encuentra además en continua y frenética aceleración).

¿Es posible la transferencia de conciencia? ¿Se ha dado ya muchas veces, y ni lo sabemos?¿Qué opinas de todo esto?

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