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Ciencia Ficción Dura vs Ciencia Ficción Blanda Reciente

Hoy quiero hablaros de un hecho que desde siempre, es fruto de intensos debates en el género de la ciencia ficción. La discusión entre ciencia ficción dura (más realista) o blanda (más fantasiosa), viene de lejos, y hoy no vamos a descubrir ni mucho menos la rueda, pero espero que la aclaración entre ambos términos ayude a entender las posturas que la gente toma ante determinadas obras.
Algunas personas defienden por ejemplo, que el cine no debe ser científico, y que en cierto modo, es improcedente evaluar un guión o argumento en función de su factibilidad o realismo. Sin embardo, se puede perfectamente valorar una obra desde una óptica de verosimilitud científica (como también es legítimo hacerlo, desde una perspectiva más blanda y sin fijarse en detalles y rigurosidad científica). Ambas posturas se admiten, están reconocidas, y tienen su particular nombre para diferenciarse. Hoy vamos a tratar ambas, y ya me diréis cual de las dos os gusta más... Pero teniendo en cuenta esto: que las dos, son igualmente legítimas:



La ciencia ficción dura o ciencia ficción hard, es un subgénero de la ciencia ficción caracterizado por conceder una especial relevancia a los detalles científicos o técnicos en la narración.
El término fue utilizado por primera vez en 1957 por P. Schuyler Miller, en una reseña que hizo de la novela Islands of Space de John W. Campbell, Jr.
La esencia de una obra que se considera «ciencia ficción dura», reside en una buena relación entre el contenido científico y el desarrollo narrativo de la historia, y el rigor de la ciencia en sí.
La historia desarrollada en una obra de «ciencia ficción dura» debe ser precisa, lógica, creíble y rigurosa en relación con los conocimientos científicos y técnicos del momento, siendo teóricamente posible la tecnología, los fenómenos, los escenarios y las situaciones descritas.
Pero se permite cierto grado de flexibilidad lógica, dado que la ciencia es cambiante y evoluciona.
Por ejemplo, la novela A Fall of Moondust (del 1961) escrita por Arthur C. Clarke se considera «ciencia ficción dura», a pesar de un desmentido elemento crucial de la trama: la existencia de bolsas profundas de «polvo lunar» en los cráteres de la Luna (idea que ha sido desmentida).
Existe cierto grado de flexibilidad acerca de hasta dónde puede alejarse una novela de la «ciencia real», para que deje de pertenecer a este subgénero. Algunos autores evitan escrupulosamente hechos aparentemente inverosímiles (como los viajes a velocidades superiores a la de la luz), mientras que otros aprueban estos conceptos (ya que permiten que su historia sea posible), pero se centran en una descripción realista de los mundos que dicha tecnología podría generar. Desde este punto de vista, en una historia científicamente «dura» no importa tanto la precisión absoluta del contenido científico real, sino el rigor y la consistencia con que las ideas y las posibilidades son tratadas. O por decirlo de otro modo, en que se desarrolle una explicación plausible a dicha tecnología.
Los lectores de «ciencia ficción dura» a menudo tratan de encontrar errores en las historias, a modo de juego o consideración. La novela  Mundo Anillo de Larry Niven, recibió bastantes críticas de aficionados a la física, debido a que el sistema en el que es creado el Mundo Anillo debería llevarle a su propia destrucción. Por ello, Niven corrigió algunos de sus errores en su secuela Ingenieros del Mundo Anillo (del 1980).
La ciencia ficción dura presenta normalmente varios problemas. Para empezar, su elevada carga científica no la hace fácilmente asequible a todo el mundo.
Las obras suelen ser difíciles de leer sin una buena preparación en campos como el electromagnetismo, la astrofísica, la física, etc. Y por desgracia, a esto se suma en muchas ocasiones que los autores sacrifican aspectos narrativos bastante importantes, en aras de la ciencia.

La ciencia ficción blanda se define como oposición a la ciencia ficción dura.
Durante la edad de oro, la ciencia ficción tuvo un carácter claramente divulgativo, al menos entre los escritores serios como Isaac Asimov  y Arthur C. Clarke. Entre estos autores, surgió una rama del género en el que la ciencia y la tecnología eran tratados con absoluto rigor: esto es lo que se llamó ciencia ficción dura (en la que Clarke, fue uno de los máximos exponentes). Ya hemos hablado de ella.
Hubo, sin embargo, otros autores cuyas obras, pese a ser consideradas ciencia ficción, admitían muchas licencias en cuanto al rigor científico (Ray Bradbury y sus Crónicas marcianas, serían un magnífico ejemplo). Hablamos de obras con un carácter literario o poético mucho más elaborado, pero que dejaban en segundo plano la ciencia.
La nueva ola trajo consigo escritores cuya ciencia ficción se alejaba definitivamente de los estándares de la ciencia ficción dura, buscando una mayor calidad literaria y, sobre todo, especular acerca del hombre mismo, abandonando toda intención divulgativa (al menos, desde el punto de vista de las ciencias puras).
Ahora son buenos tiempos para la ciencia ficción blanda en el cine. Sin embargo, muy a menudo se trata de una mera excusa para ofrecer acción y llamativas secuencias infladas a efectos visuales; y lo científico, queda casi por completo eclipsado por la fantasía.
Si nos atenemos a los fríos números de taquilla, cabe concluir que vende más la ciencia-ficción blanda representada por 'Los juegos del hambre' que en una propuesta más cerebral y científica como 'Moon'.
Y supongo que es lógico, ya que desde siempre, ir al cine se ha entendido como sinónimo de evasión y diversión...
Es curioso comprobar cómo la película de ciencia-ficción mejor valorada de todos los tiempos, es también considerada por muchos como un soberano aburrimiento. Claro que Kubrick (que contó con la colaboración del prestigioso escritor de ficción científica Arthur C. Clarke), no pensaba en ofrecer un entretenimiento accesible para todos los públicos. Tenía en mente orquestar un espectáculo único, un acontecimiento, una obra de impacto imperecedero, cuyos fotogramas y enigmas siguieran cautivando a generaciones posteriores.
Es indudable que desde el punto vista de fidelidad científica y divulgación, una película (o libro) de ciencia ficción dura, puede dar una visión que se ajuste más a la realidad (incluso te puede enseñar conceptos). Pero entiendo que el cine (o la literatura), también cumplen una labor de mero entretenimiento y alienación.
Supongo que ya hay otros cauces para instruirse en temas científicos, y que la gente necesita también abstraerse...

Fuentes:

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