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Prueban la renta básica universal en Europa

La automatización de los puestos de trabajo crece a toda velocidad en el siglo XXI, y la primera consecuencia es dramática: pérdida de empleos tradicionales que ahora, son desempeñados por máquinas a un coste mucho menor y en algunos casos, hasta con mayor eficiencia.



De momento la automatización de procesos de fabricación, había sido protagonista en la introducción de máquinas en segmentos industriales y empresariales, pero ahora, los robots y la inteligencia artificial han comenzado a hacer su entrada en trabajos "no manuales".

En Japón, la inteligencia artificial ya comienza a hacer el trabajo de los oficinistas. Además de robots industriales (como ya he dicho),  lavacoches, camareros que toman la orden en un restaurante y muchos otros trabajos, las tareas administrativas también están siendo fagocitadas por la IA.

Aunque se ha repetido hasta la saciedad por algunos gurús tecnológicos, la amenaza de que las máquinas destrocen el mercado de trabajo es muy real, y prácticamente inminente. En realidad, hace años que ya está sucediendo (y la situación no hará más que acentuarse en el futuro).

Uno de los científicos más preocupados con el futuro que se nos viene encima es Bart Selman, de la Universidad de Cornell, que se muestra preocupado por el hecho de que los gobiernos apenas están haciendo nada para preparar la inevitable transición.

Moshe Vardi (de la Rice University en Texas), es tajante: "Ni siquiera quienes viven de la prostitución, están a salvo de que los robots les roben su empleo".
Se calcula que el 47 por ciento de los trabajos en Estados Unidos, son altamente susceptibles de ser automatizados en los próximos 20 años.
No hay marcha atrás en este proceso, y básicamente, la única solución que aparece en el horizonte es lo que se ha bautizado como la famosa renta básica universal.  
Finlandia ya decidió empezar a prepararse para el futuro. En el país nórdico, desde Enero de 2017 algunas personas ya reciben una cantidad de dinero al mes, porque sí. En un programa piloto que durará dos años, 2.000 ciudadanos recibirán 560 euros al mes.
El objetivo es ver si este concepto revolucionario, podría llegar a ser viable en un mundo en el que el trabajo -sobre todo el estable y a jornada completa- es cada vez más escaso debido a la mecanización y la digitalización.
El experimento también proporcionará pistas para saber cómo se comportan las personas cuando reciben dinero gratis. Los más escépticos dicen que la gente se sentará en su sofá todo el día; que es algo que fomentará la pereza, es inasequible y desincentiva a la población.
Pero tener más tiempo y ocio, no significa necesariamente instalarse en la inactividad y vagancia, puesto que está comprobado que los humanos necesitan realizar alguna actividad relevante para sentirse realizados.
En este sentido, los defensores de la idea afirman que la gente utilizará el dinero para mejorar sus vidas (y esperan que este experimento empuje a unos cuantos emprendedores a dar el salto hacia el inicio de su propio negocio).
Hasta puede que esta nueva situación también derive en una explosión creativa y artística importante.

Si bien la renta básica podría acabar con la pobreza y la exclusión, sus detractores alarman del coste para su financiación. Actualmente, pocos estados (más allá de los nórdicos), pueden poner en marcha una iniciativa de este tipo.
Para que la idea de renta básica que a muchos les puede parecer utópica se convierta en realidad, lo que se necesita es financiación. Lo que las empresas y los Gobiernos deberían hacer, es asegurar que los trabajos se remuneren muy bien, además de llevar a cabo una reforma en el sistema impositivo que grave más a las rentas altas.

Un estudio realizado por el inspector de Hacienda Domingo Carbajo y el catedrático de economía aplicada de la universidad Autónoma de Madrid, Santos Ruesga, calcula que en España hay una actividad no declarada del 28,7% del PIB y que cada año las arcas públicas dejan de recaudar 80.000 millones de euros por ello.
Ese dinero destinado a una renta básica, podría ser un buen comienzo...
Según un estudio que la Universidad de Oxford elaboró en enero de 2016, el 57% de la fuerza de trabajo humana en los países de la OCDE está en riesgo de desaparecer por la automatización y los avances tecnológicos.
“Tenemos la necesidad de integrar a toda la gente desocupada en nuestra sociedad, y en lugar de subsidios por desempleo, la renta básica suena como una buena idea”, defiende el director de investigación de estudios europeos en la Universidad de Helsinki.

La Renta básica universal es una idea a la que filósofos, economistas y políticos, le han estado dando vueltas en diferentes formas durante siglos.
Y esta forma de seguridad social que proporciona el pago regular y uniforme de dinero en efectivo a todos los ciudadanos, ha ido ganado apoyo en varias partes del mundo en los últimos años.
Tanto es así que aparte de Finlandia, en Ontario (Canadá), también se implementará un plan piloto de 18 millones de dólares destinado a Renta básica universal.

En Enero de 2017, también Holanda inició un experimento de dos años en el que los ciudadanos de Utrecht y otras ciudades cercanas, recibirán 1.000 dólares al mes.
Por su parte, la India está apoyando la idea de implementar la Renta básica universal, como un reemplazo del sistema de bienestar actual (que muchos consideran ineficiente, y acusan de beneficiar mucho más a los ricos que a los pobres).

Así pues, parece que esta idea está ganando adeptos. Y Dios quiera que funcione, porque nadie ofrece apenas otra alternativa al modelo actual (y este modelo, inevitablemente colapsará tarde o temprano).
En un nuevo mundo donde los robots harán un montón de trabajos, la Renta básica universal podría tener sentido.
Otra alternativa al problema que se está estudiando en Europa, es la posibilidad de que los robots coticen, como si fueran trabajadores. La propuesta es gravar a ciertas máquinas como si fueran personas, ante el avance de la inteligencia artificial en las empresas.
La propuesta, conocida como Informe sobre Personas Electrónicas, pretende la creación de un estatuto jurídico específico para los robots, para que al menos los que sean autónomos y más sofisticados, tengan la condición de personas electrónicas con derechos y obligaciones específicas.
Pero éstas no son más que unas soluciones temporales que ni siquiera sabemos del todo si funcionarían, porque el problema de fondo, es mucho más profundo de lo que parece.

Nos acercamos al punto en que las máquinas serán capaces de hacer mejor que los humanos casi cualquier cosa (puede que con el tiempo, todas). La Sociedad tiene que enfrentarse a esta cuestión y responder: Si las máquinas pueden encargarse de lo que hoy hacen los humanos, ¿cuál será el papel de los humanos en el futuro?

Fuentes:

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