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La filosofía oculta en Ghost in the Shell

Es el año 2029.
Hace mucho tiempo que el ser humano desarrolla tecnología para escapar de las garras de la selección natural (un proceso considerado ahora amoral,  y que no entiende de consideraciones). Y el conocimiento médico que se desarrolla, no es sino el modo de burlar la cruda naturaleza. Como seres civilizados, hemos entendido que ser discapacitado no debe ser sinónimo de muerte prematura (como dictamina la naturaleza); y gracias a la ciencia, se suplen las deficiencias con todo tipo de prótesis, implantes y mejoras sobrehumanas...
Por este motivo, -y situémonos en la actualidad-, Stephen Hawking (que por selección natural debería estar muerto hace mucho tiempo), encontró en la tecnología un medio no solamente para sobrevivir, sino para dignificar la especie con sus inestimables logros.



Recordemos que la selección natural meramente premia con la supervivencia a los especímenes que han tenido la suerte de haber heredado genes adaptativamente satisfactorios.
Por esto en ese futuro, ya no parece que la naturaleza sea sabia (como se decía), sino meramente discriminatoria y condenatoria: los aptos prosperaban y los no aptos se extinguían. Y en esa criba, se vio que no había síntoma alguno de inteligencia, sino una arbitrariedad casual en base a los errores de replicación de ADN que se daban aleatoriamente en el proceso.
La mísera esperanza de vida a la que nos condenaba la naturaleza, así como todo tipo de malformaciones genéticas, predisposiciones dañinas, enfermedades nocivas, y otros desastres y accidentes naturales, ya no son impedimento para seguir disfrutando de la vida en buenas y condiciones.
El modo que ahora se tiene para sortear todos esos obstáculos naturales, es el conocimiento tecnológico. Cuando antes la gente enfermaba acudía a la ciencia, y es porque nos permitía  subsanar situaciones naturales funestas. Ahora, eso se ha perfilado y mejorado. Nadie en su sano juicio quiere actualmente dejar en manos de la selección natural su vida. La gente quiere controlar sus vidas, y no dejarlas los caprichos del azar.
Porque en el 2029, hasta el más acérrimo defensor de lo natural va a un hospital cuando requiere de una operación (ganándose de este modo la incongruencia en su discurso). O acude a los más vanguardistas conocimientos tecnológicos, si con ello puede salvar la vida a su hijo o su esposa (o a él mismo).
 
Hay quienes se sienten atraídos y complacidos por el futuro tecnológico que les ha tocado vivir, y pequeños reductos a quienes les causa verdadero pavor (personas que no quieren renunciar de ningún modo a la tutela de la selección natural; y para quienes cualquier mejora artificial, supone un atentado a la naturaleza humana).
Son los que menos (porque la tecnología es muy seductora), ya que globalmente se ha  abandonado la selección natural (como digo), para gestionar nuestra propia evolución basándonos en nuestras herramientas tecnológicas (unas herramientas que se han ido sofisticando hasta tal punto, que han superado al hombre).
Y en este contexto "nace" (o más bien se fabrica), la protagonista de esta película remake de su predecesora con el mismo nombre (dirigida por  Mamoru Oshii).
En ambas vemos la cuidada y perfecta construcción de una cyborg (así podemos deducirlo de su tejido muscular).
Y el ensamblaje, parece obedecer a un procedimiento vigilado hasta el último y más escrupuloso detalle.
La figura resultante de tan minucioso proceder es  Motoko Kusanagi (una sofisticada cyborg que trabaja para el departamento de seguridad del gobierno japonés), y que ha reemplazado la totalidad de su cerebro; lo que le permite ser capaz de realizar hazañas sobrehumanas especialmente requeridas por su labor.
Motoko, ayudada por dos compañeros (más o menos humanos), deben dar caza al hacker más peligroso del mundo, que puede invadir cerebros con capacidades humanas aumentadas, e incluso, a cyborgs completos.

Semejante sinopsis se sitúa en el filo de la navaja de intrigantes acontecimientos, mafias, y poderes gubernamentales, donde la protagonista no representa a una mera ciudadana más que vive con tranquilidad, sino una máquina enfrentada a fuerzas y poderes oscuros cuyas escenas rebosan acción e intriga. No sería lo que viviríamos la gran mayoría de nosotros en semejante futuro, pero nos conformaremos con dichas estridencias.
Porque pese a las licencias que han de tomarse para hacer una película estimulante y espectacular, se denota un trasfondo filosófico interesante, que más que la búsqueda de respuestas, busca la instauración de preguntas en el individuo (todas ellas relacionadas, directa o indirectamente, con el propio concepto de yo y de la propia identidad de las personas).

Porque sí, el hackeo tecnológico es el talón de Aquiles sobre el que se vertebra esta sociedad tecnológica. Y el más temido de todos ellos, es el mental.
Y hasta qué punto soy yo ó dejo de serlo si me implanto chips en el cerebro, son cuestiones que la película deja entrever y que pronto estarán vigentes (y que para las que todavía, no hay respuestas claras; ni incluso, el film las resuelve)

Por allá en 2010 saltaba una preocupante notica (hablo de la realidad, aparquemos la peli):
"Hackean un sistema de encriptación cuántica".
Sustituir la complejidad matemática por las leyes de la mecánica cuántica, y reemplazar los bits clásicos por bits cuánticos (que pueden ser 1 y 0 al mismo tiempo),  son las claves de la criptografía cuántica; una nueva forma de cifrar la información que prometía la inviolabilidad. Pero ante esa noticia, nos quedaba la desagradable sensación de que, efectivamente, no hay nada inquebrantable en el mundo informático.
Sin embargo, los últimos avances en criptografía cuántica se lo ponen muy difícil a las agencias de espionaje y a los cibercriminales. Mientras que los sistemas de cifrado actuales son seguros porque el intruso que intenta leer la información solo puede hacerlo resolviendo problemas complejos, en la criptografía cuántica tendría que violar las leyes de la mecánica cuántica para leer la información. Y a día de hoy, ningún ataque puede romper las leyes de la física cuántica.

Esta es una tecnología que de momento, parece segura; ahora bien, solo está disponible para bancos y gobiernos dada su actual complejidad.
Los sistemas de criptografía cuántica no van a llegar por el momento a nuestros hogares, porque es una tecnología todavía demasiado cara.
Y surge la pregunta: ¿Se implantarán las mejoras cibernéticas mentales, aún cuando no esté disponible para todo el mundo esta tecnología anti-hackeo?
Podría ser un problema, claro. Pero todo tiene sus riesgos. Vivimos ya en terrenos pantanosos e inciertos, aunque no seamos consciente s de ello...  Quiero decir que, pese a no tener implantes, te pueden igualmente atropellar, robar o dar una paliza de muerte... Te puede tocar la lotería para bien, o para mal...
¿Serán significativos los hackeos mentales en el futuro? ¿En qué medida se darán? ¿Y a qué esferas? ¿Debería preocuparle a un ciudadano normal que un peligroso y conocido hacker malgaste su precioso tiempo en manipularle de algún modo?
Yo no lo sé, pero: ¿No crees que va a dedicar sus conocimientos a otras cosas más provechosas y relevantes para él?
A mi me pueden hackear portalcienciayficcion. Puede darse. ¿Y por eso es mejor no tenerlo?
Es decir, ¿ante la posibilidad de un hackeo improbable, es mejor no disfrutar de las ventajas de la plataforma?
Esas son preguntas que pronto deberemos responder (si no lo estamos haciendo ya).

Esto me recuerda a que cuando los coches conduzcan solos, si hay algún accidente aislado... se va a liar una gorda (y habrá serios debates sobre la seguridad de la IA). Pero... ¿A caso no habían muchísimos más accidentes cuando conducían las personas?
Lo quiero decir, es que hay que analizar las cosas en su contexto (y examinar detenidamente sus ventajas y desventajas  y sin doble rasero).
Quizá en el fondo, lo que tememos los ciudadanos no sea en realidad la manipulación muy improbable de un hacker que se aburre, sino el control legal por parte del gobierno y de las multinacionales.
¿Porque seremos dependientes de esos chips? Pues sí. Pues claro, como lo somos ahora de tener coche, tele, móvil u ordenador.
El conocimiento que permite herramientas cada vez más complejas y tecnológicas se va acumulando, y cada generación nace y crece en el contexto de sus herramientas generacionales. Y para esos niños, las que había al nacer  son tan familiares como indispensables (y durante sus vidas, todavía incorporarán más...) ¿Y esto es bueno o malo?
¡Es la evolución del ser humano! (ni más ni menos)
¿Debemos frenar los avances? ¿Dosificar los inventos? ¿Queremos vivir sin herramientas? ¿Alguien quiere vivir sin absolutamente nada de tecnología? Que lo haga. Puede hacerlo. Todavía hay aldeas en este plantea, que se lo permiten.

Hablemos del control de los gobiernos... 
Hablemos de las leyes y derechos del  imperio romano. O del control ejercido durante la edad media...  ¿Los preferiríamos, al control actual?
¿Alguien sinceramente opina que no hemos avanzado absolutamente nada?
No sé si la gente es consciente de lo que vivíamos en Europa hace 5 siglos, pero sin duda, no era mejor que lo actual.
Y esto es el progreso. Superar las limitaciones naturales: vivir más y mejor, sobrevivir a enfermedades antaño incurables, paliar el sufrimiento, facilitar nuestras vidas, etc.
Hasta ahora la selección natural ha premiado y castigado en función de la herencia caprichosa de genes (era una lotería). Pero pronto, podremos manipular propiamente nuestra genética.
Esta es una gran responsabilidad, pero como todo progreso, tiene riesgos.
Por una parte, no sé muy bien hasta donde estaremos dispuestos a llegar y cómo vamos a regular este poder (tanto ética como legalmente).
Por otro lado, si hasta ahora estábamos obligados a dejar en manos del azar nuestra suerte, ahora la dejaremos, cada vez más, en manos de lo grande que sea nuestra cartera.

Los privilegiados podrán costearse una serie de mejoras difícilmente accesibles para la población más pobre. Y aunque toda tecnología abarata sus costes con el tiempo, siempre relucirán nuevas tecnologías prohibitivas para la mayoría. La brecha es, y será, insalvable (hay que reconocerlo y tenemos que estar preparados para ello). De todos modos, siempre ha sido así.
Porque... así es la naturaleza que tanto se alaba, ¿no?
En este planeta, nunca ha existido la igualdad (en este planeta ni en ninguna parte): Especies compitiendo, hábitats y ecosistemas dispares... ¿Desde cuándo existen dos cosas iguales en este universo? ¿Y pretendemos que todos los seres humanos lo seamos?
El universo es desigual (y vivimos en él: luego nosotros vamos a ser también desiguales). Esta es la herencia natural que arrastramos, y de la que difícilmente podemos desprendernos jamás. La dichosa naturaleza, es así.

Hum... No. Realmente no es justo que algunos puedan hacer mucho más y de mejor forma que otros. Y la selección natural nos ha mostrado esta discriminación desde siempre.
Que una enfermedad que puede curarse con una simple operación que es de rutina en cualquier hospital, no pueda realizarse por ser de un país muy pobre y le cueste la vida a alguien, es una tragedia.
A mí, al igual que a muchos, este tipo de cosas me enferman...
Que el conocimiento tecnológico esté  tan desigualmente asentado es una verdadera injusticia. Pero véase que la situación no es nunca que haya países que tengan demasiada tecnología, sino que los problemas son de los que carecen de ella. Este es un detalle muy  importante.

La naturaleza, el universo... nunca han sido justos ni equitativos. Y nosotros, mal que nos pese, tampoco vamos a serlo (por más vueltas que le demos y buenas intenciones que tengamos).
¿Piensas que vivirás un escenario similar a la película? ¿Y te gustaría o inquietaría?
¿Nos ofrece todo esto más ventajas o inconvenientes?

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