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Qué hay detrás de revivir actores fallecidos

Hoy quiero profundizar un poco sobre una idea que ya hemos tratado en otros vídeos, pero que en mi opinión merece un poco más de atención. Se trata de la sustitución de personajes artificiales, en ámbitos artísticos humanos.



Voy a empezar con el cie, que es donde resulta más obvio.
Ya nos hemos acostumbrado a ver personajes digitales en el cine: no solo personajes, decorados, objetos, todo tipo de monstruos, etc...
Pero yo quiero centrarme en el factor humano de todo esto. Y me explico:
Hemos visto estos últimos años, como actores que morían de forma inesperada han sido sustituidos por personajes digitales. Con más o menos fortuna, pero eso ya es  algo que nos es común.
Pero últimamente, se ha abierto un mundo de inexploradas  posibilidades al ver como se han revivido actores fallecidos. El reciente caso es Peter Cushing, en Rogue One.
La gente ha empezado ya a asimilar este hecho, como algo que formará parte del cine en los próximos años. Tanto es así, que cuando Carrie Fisher murió, enseguida aparecieron rumores de que sería revivida en futuras entregas. Disney no tardó en desmentir semejante posibilidad (debido a la reciente pérdida y por respeto a la familia, supongo), pero el tema es que este tipo de acontecimientos parece ser lo que nos viene (o al menos, así pareció entenderlo el  público en general).
No voy a entrar en las implicaciones futuras de todo esto (todavía), y voy a centrarme ahora en la música.
No sé si recordáis el impresionante espectáculo de un Michael Jackson ya fallecido, que cantaba y se movía en forma de holograma en medio de una decorado bestial y con bailarines y sus coreografías adornando su figura . Sin duda, todo un acontecimiento.
He de decir que me extraña que no se haya vuelto a repetir espectáculo parecido con ningún otro cantante, pero démosle más tiempo...
Ya os reconozco que no sé cómo diablos pudieron hacer semejante gesta, pero ahora sabemos que tal tecnología existe; y es cuestión de tiempo que otra persona con el tirón de Michael y su apartado visual intrínseco tan seductor, protagonice otro espectáculo parecido.
El otro caso son los cantantes holográficos que mueven masas, pero de esos hoy no hablaré.

La cuestión, y perdonadme que sea tan directo y crudo, es que mientras una persona mueva dinero (y aunque esté muerta), es susceptible de ser explotada por la industria para generar negocio.
Porque más allá de los legítimos sentimientos de los fans y sus ansias por volver a ver su ídolo, está el siempre tan determinante factor económico.
Es decir, en la medida que resulte ganancioso usar personajes artificiales, estos prosperarán.
Y si esos personajes además tienen tirón y un gran público que los adora, es muy probable que acaben siendo revividos.
Y vamos a trasladar esta idea al cine:
Me parece que Rogue One ha abierto la veda a una idea que ya planeaba sobre los avispados inversores más atrevidos: usar un actor muerto, -aprovechando su fama y carisma-, para captar la atención del público.
Todo lo que necesitamos para ello, en este caso es una tecnología que nos lo permita (que ya la tenemos), y un actor humano de segunda para los movimientos humanizados.
Podemos suponer que mientras sea más económico y taquillero usar un actor real, los personajes digitales seguirán siendo una anécdota y estarán en segundo plano.
Ahora bien, si revivir un actor muerto con tirón de público mediante tecnología resulta ser más provechoso, podrían cambiar las cosas.
La primera sonda fue Michael Jackson en la música, y ahora la hemos visto en el cine con Tarkin (y presumiblemente, habrán más).
Las posibilidad de usar actores muertos en nuevas películas puede ser un auténtico filón (o puede que no; el público es caprichoso y nunca se sabe), pero lo que sí es cierto, es que el camino que tome todo esto vendrá marcado por la cantidad de dinero generada debido a la reacción que el público tenga ante tales personajes.

Hemos de suponer que los avances en CGI, acabarán siendo parejos a la credibilidad de lo real (y que el público, incapaz de distinguir ambas alternativas, consumirá igualmente las dos posibilidades con la misma avidez).

Pronto podríamos encontrarnos con actores de bajo sueldo, que meramente sientan la base para la digitalización (incluso, sin necesidad de sustituir un actor muerto); simplemente, debido a las mejoras presupuestarias (porque los actores reales cobran mucho, y cada vez piden más...).
Los costes podrían reducirse mucho en este sentido, (y ante eso, y suponiendo que el público no penalice lo digital), el resultado sería propiciar sistemáticamente los personajes digitales.

Ahora este escenario nos puede parecer improbable (porque todavía no estamos acostumbrados a esto), pero es deducible que poco a poco, nos habituaremos a la idea.
No será un proceso drástico y sufrido: Simplemente, irán prosperando  las experiencias en las que ves a una persona muerta revivida en aras del arte (o más bien, del negocio... pero bueno).
Una distopía futurista dirigida por Ari Folman, imaginaba un mundo en el que las superestrellas, llegada cierta edad, se jubilarían cediendo sus derechos de imagen a los estudios para vivir eternamente jóvenes en nuevas películas.
Si los derechos de imagen de las estrellas ha sido siempre un valor económico importante, ahora con las herramientas de resurrección tecnológica la pregunta parece clara: ¿cuál es la legalidad de recrear a alguien que ha muerto, en escenas para las que no ha dado su consentimiento explícito?

De momento, se ve que los estudios pueden valerse de los acuerdos de cesión de imagen de los actores y actrices en determinados papeles de su pasado, por un máximo de 70 años.
Todo esto empieza a suponer un giro en cuanto a derechos de legalidad de uso de imagen. Cabe preguntarse si en el futuro los mismos actores tendrán que, si ese es su deseo (y pueden), especificar que no dan su consentimiento para seguir siendo explotados una vez hayan muerto (o que ceden sus derechos a la familia).

Hace  poco conocíamos de un software que imita la voz de una persona, a partir de unas pocas grabaciones.
El caso es que ya no se discute que las herramientas de suplantación humana van a ser el futuro del arte, sino que lo que se preguntan, es cuál será su nivel de impacto y cuánto tiempo queda hasta que se apliquen de forma generalizada.

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