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Los coches autónomos ahora y en el futuro

El coche autónomo ha sido imaginado desde los años 20 del siglo pasado. Y el tiempo ha pasado... y la tecnología necesaria llegó.
Que el coche autónomo es una realidad, nadie lo puede negar: hay muchos ejemplos diferentes de coches que se conducen por sí mismos, detrás de los cuales hay distintas compañías. No solo Google está detrás de los coches sin conductor, tenemos también universidades y centros de investigación, fabricantes de componentes para automóvil y las propias marcas de coches.
Estos sistemas usan cámaras, radares y otros sensores para detectar vehículos en la vía y mantener una distancia segura, y un conductor puede en teoría conducir por una autopista sin mover de forma activa el volante o tomar los frenos o el acelerador.
En estados unidos, ya existen 4 estados donde pueden circular legalmente los coches autónomos (y los taxis sin conductor de Google, ya han empezado a dar servicio en Arizona).



Pero en Europa, el asunto parece estar un poco más verde, aunque va avanzando...
Se está trabajando en una norma común, pero al principio seguirá siendo necesario que vaya un conductor y que pueda desactivar en cualquier momento (y por completo), el sistema de conducción autónoma.
Por el momento, la ciudad francesa de Lyon experimenta desde septiembre un sistema de microbuses autónomos de transporte público que circulan por una zona peatonal.
Son dos mini-autobuses de casi cinco metros de largo por dos de ancho, sin conductor, con capacidad para 15 personas, eléctricos, y en cuyo interior no hay  volante, ni asiento de conductor.
Los coches autónomos cuentan con bastantes defensores, que suelen esgrimir argumentos tales como:
Son más seguros, pues se elimina el factor humano de la conducción, que se sabe, es causa de la fracción más importante de los accidentes de tráfico.
La máquina, como tal, realiza su tarea siempre igual, según su programación, sin distracciones ni cansancio, y respetando siempre todas las normas de tráfico y otros condicionantes que se deben cumplir.
Además, hay personas con alguna discapacidad que no pueden conducir, y ven en el coche autónomo una solución ideal para cubrir sus necesidades, sin tener que depender de terceros.
Y por último, se podría aprovechar mejor el tiempo y desplazarse más cómodamente, pudiendo ir relajado al trabajo leyendo el diario o tomando un café, o regresar de una noche de fiesta sin la responsabilidad de tener que conducir.
Por contra, hay conductores que desean seguir conduciendo su coche por sí mismos, porque disfrutan conduciendo y opinan que nadie debería quitarles ese derecho.

Una de las dudas de los coches autónomos, es cómo reaccionarán ante condiciones reales y situaciones comprometidas.
Habría que determinar si en situaciones límite, debería prevalecer la protección del ocupante del coche sobre la de otros usuarios de la vía. ¿Cómo calibramos la importancia de los actos y sus consecuencias? Por ejemplo, ¿qué vidas han de considerarse más valiosas (la de un niño, un adulto, un anciano)?
Estas son cuestiones que llegado el momento, se deberán programar. Se pueden establecer prioridades, en efecto, pero sea cual sea el comportamiento de un coche autónomo ante situaciones críticas, tampoco podemos afirmar que la decisión de un humano vaya a ser necesariamente mejor (por lógica, estos siempre hacen prevalecer el instinto de autopreservación ante cualquier otra consideración).
Este no es un debate nada fácil: llegado el caso, si no hubiera otra opción más que atropellar a un peatón o realizar una maniobra de esquiva que implica estrellar el coche y que muera el conductor ¿qué debería hacer el coche? ¿Depende de los pasajeros que lleva el coche?
¿Lo reducimos todo a los fríos datos? ¿Cómo se priorizan (y programan), este tipo de cosas?
Luego está el hecho de quien debería responsabilizarse de los accidentes:  ¿sería el coche o el conductor? ¿Reclamamos la responsabilidad al fabricante, no? (Porque claro, el humano no conducía, nada tiene que ver con el incidente).
Los fabricantes de automóviles no quieren verse envueltos en demandas e indemnizaciones porque el sistema de piloto automático fallara en el momento más inoportuno, así que son los primeros interesados en lograr la mayor fiabilidad posible.

¿Pero podemos confiar realmente en los autos que se conducen solos?

Google, que lleva años de pruebas, afirma que es sin duda más seguro y fiable que un coche conducido por un humano, y que el único accidente que sufrió uno de sus coches fue debido al error humano del conductor del otro vehículo.

Pero lamentablemente, Joshua Brown murió en un accidente en una carretera de Florida, mientras confiaba en el sistema de autopiloto de su Tesla.
El sistema, que utiliza sensores y cámaras para detectar potenciales obstáculos adelante en el camino, no vio un camión que giraba a la izquierda y no aplicó los frenos con consecuencias fatales.
¿Significa esta falla que no debemos confiar en los autos autónomos?
No nos precipitemos... Solo en Estados Unidos, alrededor de 90 personas mueren diariamente en autos conducidos por humanos.
La autopista donde murió Brown era particularmente problemática, y todo un desafío tanto para los conductores humanos como para los ingenieros que diseñan los autos autónomos.
Sea como sea, por el momento se ha abierto una investigación preliminar a 25.000 vehículos Modelo S de Tesla Motors.

Aunque la tecnología de los vehículos autónomos no es perfecta, la mayoría de los expertos aceptan que tiene el potencial para ser, y por mucho, más segura que los conductores humanos.
La tecnología de conducción autónoma ya ha salvado vidas. Más concretamente, me refiero al  frenado automático: cuando se detecta un vehículo en el frente y el conductor no frena, lo hace el coche. Esta ya es una característica estándar en todos los autos nuevos.
Muchos coches de ahora, también tienen cámaras que detectan las líneas de la carretera y que regresan el auto al centro del carril (pero  no funciona cuando las líneas son difíciles de ver, obviamente).

A todo esto, También hay otro aspecto a trabajar: el de la comunicación entre los humanos y los coches autónomos (ese lenguaje corporal sutil entre humanos, que el coche debería reconocer).
Sirva como ejemplo, que paramos delante de un paso de peatones porque pensamos que ese peatón que está al borde de la calzada va a cruzar la calle, pero en ese momento con una simple mirada que nos dirige a nuestros ojos, nos da a entender que no va a cruzar y que pasemos nosotros. Todo esto son cosas que los coches autónomos deben entender.
Por el momento se están perfeccionando algoritmos desarrollados en redes profundas, donde el utilitario toma decisiones al instante basándose en el comportamiento de otros usuarios y la normativa local.
Así, el coche podrá llegar a entender que el camión con el que nos cruzamos en la Gran Vía está descargando, y no parado a causa del tráfico (y tomará la decisión de cambiar de carril y avanzar en vez de esperar durante minutos).
A todo esto se suma también el hecho de que para que el coche autónomo sea realmente seguro, todos los coches deberían ser autónomos, para sincronizarse y evitar el impredecible factor humano (tan caracterizado por su estado anímico e imprudencias).
Y aquí llegamos a un punto muy espinoso de si a la larga, debería prohibirse la conducción humana. Y claro, no solo hablaríamos de coches: las motocicletas, también. No tendría ningún sentido que todos los coches fuesen autónomos, mientras las motos pilotadas por humanos caprichosos campan a sus anchas por la carretera.
En este sentido, hay ingenieros que ya están pensando en el siguiente paso lógico: las motos que también se conducen solas.
Chales Bombardier, un ingeniero mecánico e inversor canadiense que trabajó en la industria aeroespacial, ha presentado hace poco un concepto de una moto eléctrica llamada Cyclotrón, inspirada en la moto autobalanceada C1 de la película Tron.

Pero aunque los coches autónomos acaben instaurándose, la conducción humana podría no desaparecer del todo. Podrían habilitarse ciertos espacios para que los amantes del volante pudieran disfrutar de su afición.

Hasta que eso llegue, parece inevitable que durante un tiempo, habrá una convivencia entre conductores humanos e inteligencias artificiales, así que los legisladores tendrán que  pensar en cómo incorporar los coches autónomos a la circulación, y qué tipo de directrices y normas deben seguir.
Además, en plena era de agitación social a causa de la ola de atentados que se están registrando en el mundo, cabe preguntarse si estas máquinas autosuficientes pueden recibir un ataque informático.
Por ejemplo, ¿podría alguien acelerar por nosotros, o incluso inutilizar los frenos?
Lamentablemente, según la  directora de ciberprogramas en la Industria Aeroespacial de Israel, este escenario "no debería descartarse completamente".

Muy bien, a raíz de los dicho: ¿Qué pasaría con las competiciones deportivas de coches y motos, por ejemplo?
Bueno, podrían considerarse un excepción (o una de esas zonas habilitadas para la conducción humana, de las que hablaba antes).
Pero es más, quizá surjan otro tipo de competiciones: Coches y motos, pilotadas por inteligencias artificiales. ¿Por qué no?
Los protagonistas no serían los conductores humanos, sino las escuderías (formadas por el equipo técnico que permite la tecnología de los vehículos). ¿Quién sabe?

Ventajas, inconvenientes... el debate está servido.
Y tú, ¿ves beneficioso que los autos se conduzcan solos?
¿Lo esperas con ganas, o se trata de tu peor pesadilla?

Fuentes:

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