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    Borrador Capítulo 1 de FanFic de ci-fi, humor y empalagosos romance

    Os dejo las 1000 palabras del primer capítulo de "John, Jane y el ApocaElipsis", una "FanFic" tipo "sitcom"de ciencia ficción (y meloso romance) que estoy escribiendo.

    Tengo seis capítulos terminados, pero me gustaría conocer opiniones sobre el primero.

    [John, Jane y el ApocaElipsis - Capítulo 1]

    John maldijo su suerte al ver la trayectoria ascendente que tomaba su misil antes de desaparecer entre las nubes.

    «Venga ya,» pensó frustrado por no lograr pillarle el truco al arma después de seis disparos.

    Se agachó en el pavimento de hormigón de la azotea del último supermercado más o menos intacto en un radio de cien kilómetros y lanzó una mirada fugaz a Jane antes de abrir otra caja de misiles Stinger.

    Suspiró de alivio. Jane no había visto su pifia. Ella seguía de espaldas probando el cañón que habían encontrado esa mañana en el Barranco. La mujer de su vida estaba friendo a los alienígenas que avanzaban hacia el súper desde el aparcamiento.

    Él cubría la retaguardia del edificio. La entrada de clientes daba al Oeste. Para mala suerte de John, el sol a esa hora de la tarde se estaba poniendo y el edificio de cinco plantas proyectaba una inmensa sombra negra que tapaba parte del Barranco. Como Jane no había querido activar la electricidad, las farolas del perímetro estaban apagadas y él no podía diferenciar un alienígena de un cubo de basura. Sabía que habría un montón de esos cabezones cabroncetes avanzando hacia él en esos momentos, por eso había decidido usar el lanzamisiles.

    «Esto cubrirá más espacio, ¿no?», se había dicho él.

    Pero ya había fallado seis veces y estaba empezando a preocuparse. El próximo domingo cumpliría veinticuatro años, o sea, estaba en forma—de eso ya se encargaba Jane—luego él no creía que fuese un problema de habilidad motriz.

    Tenía que ser otra cosa.

    Sacó el séptimo Stinger-TA773 de la caja y lo sostuvo ante él por los extremos con ambos brazos extendidos. Fijó la mirada en el balístico cilindro horizontal y frunció el ceño en un intento por contactar con el espíritu del señor Stinger, entonando un hechizo en navajo para que el hombre blanco le revelara los secretos de su Palo de Trueno.

    "Mujoyaahhh, wea wea nitó."

    Pero el grito inconfundible de su Jane le sacó del trance: "Pero ¿qué haces? ¡QUITA DE EN MEDIO!"

    Él giró la cabeza hacia el grito y vio a Jane en su versión Berseker: atuendo de guerrillera en temporada tropical, camisa caqui con nudo a la cintura mostrando el ombligo, cinta blanca de tenis en la frente, dientes apretados, melena rubia más desaliñada que el nido de un mirlo, la mirada asesina que siempre ponía al ver una cucaracha en la cocina, cañón apoyado en la cadera apuntando en su dirección.

    «Cañón apoyado en la cadera apuntando en mi dirección.»

    John ni siquiera había imaginado que se podía sacar aquel chisme del trípode.

    "¡AGÁCHATE!", gritó Jane.

    John se agachó, el cañón retumbó y el mundo de John se tornó de un impresionista verde plasma. Después de un breve huracán que le despeinó hasta las cejas y alaridos chirriantes de unos cuantos cabezones, John sintió una presión en la axila izquierda que le urgía a ponerse de pie.

    "¿Estás bien, tigre?", oyó decir a Jane con su tono de preocupación.

    Una vez erguido, él le disparó una avergonzada sonrisa tipo flash de foto: "Contigo, siempre." Luego se alisó la camisa y el pelo e intentó girar la cabeza hacia el Este, pero Jane le había bloqueado ese movimiento con el dorso de una mano. Esa mano que le alentaba ahora a mirar a Jane a los ojos.

    "Pues vamos dentro, guapo de cara" le dijo ella dándole una palmadita en la mejilla. "Necesito caldo de pollo y arroz para la paella del domingo, y a ver si te encontramos algún traje elegante. Que mi madre te vea guapo."

    Ella hizo ademán de darse la vuelta.

    "Espera...", dijo John pasándole el brazo por la cintura a su chica y atrayéndola hacia él, haciéndola reir y que se le cayese el cañón al suelo. "¿No vas a recoger el premio por haberme salvado la vida?"

    Mirándose ahora a los ojos, acercando sus rostros lentamente, John con la seriedad del hechizado, Jane con sonrisa de seducida, nariz con nariz, oyendo como el ruido del mundo se desvanecía y daba paso a un "Love is All Around" a pleno volumen...

    [I feel it in my finger... I feel it in my soul.]

    Y cada uno esperando a que el otro cerrara los ojos e hiciese el primer movimiento...

    [You know I love you, I always will.]

    ...se besaron.

    [So if you really love me, love me. Come on and let it show. Ooh.]

    Y luego se besaron un poco más y entraron en un jardín secreto donde no había alienígenas y el mundo no se había convertido en un vertedero.

    Aunque, técnicamente, John dudaba de que aquellos cabezones fuesen alienígenas. Los "molus" y los "babosas" sí parecían alienígenas, pero los Cabroncetes eran humanoides. Seguramente se habrían gestado en la Tierra, dentro de alguno de los Barrancos diseminados por el planeta unos cuantos siglos atrás.

    Solo medían un metro veinte de altura y el cuerpecillo gris en proporción no parecía diseñado para el combate. Pero tenían una cabeza en la que John creía poder meter holgadamente cuatro o cinco cerebros humanos. Te miraban con dos ojos sin pestañas, como semillas de sandía del tamaño de un puño, pero las boquitas eran pequeñas, sin labios, una única abertura horizontal como la de una flauta y la longitud de un meñique, y emitían indescifrables gorgoritos de alegría cuando se encontraban entre ellos o chirriantes alaridos de horror cuando se encontraban con las armas de Jane.

    Aunque John tenía serias dudas de que los cabezones fuesen superinteligentes, sabía por desgracia que no eran idiotas.

    A John le parecían avispados... cabroncetes.

    Jane interrumpió el beso para decir, "Y planificación familiar."

    "¿Plani...?" Comenzó a decir John antes de descifrar el mensaje y recordar la regla de oro: «Nada de hacer bebés hasta que pasara el basurero.»

    Bueno, si se decidían a ello no habría que esperar más de un par de meses entonces. La siguiente crecida caía en domingo, el día del cumpleaños de John. Como los egipcios con el Nilo, ellos habían hecho su calendario de crecida. Solo que lo que crecía en su caso era basura galáctica. Cada X años llegaban unas naves de basura y se armaba el pandemonium durante unas semanas. Llegaban naves de todos los tipos imaginables, soltaban lastre, entraban en guerra y se volatizaban entre sí durante días.

    John y Jane preferían pasar ese tiempo bien abastecidos en su palacio subterráneo e hibernar allí hasta que las cosas se calmaran en la superficie. Jane tenía organizado todo un programa de surtidas actividades para evitar el aburrimiento: yoga y zumba en el gimnasio, lectura de manuales de todo tipo en la biblioteca, sesiones de visionado de películas apocalípticas en la sala de cine, vdeojuegos de estrategia y simulación en el salón; prácticas de filosofía tántrica en el dormitorio, el jacuzzi, la piscina o donde cayesen; recetas experimentales en el restaurante, expresión y desarrollo en la sala de música y pintura, investigación en el laboratorio y el taller.

    Cuando ambos salían al exterior meses después, el mundo ya no era el mismo.

    La atmósfera olía como a amoníaco, crecían del suelo cosas extrañas y la orogenia parecía haber cambiado. Algunas montañas de basura espacial eran más altas que las montañas autóctonas. Todas emergían de unos enormes agujeros en el suelo, de profundidad desconocida, que ellos llamaban los Barrancos.

    Tras la orgía de destrucción y vertido de residuos extraterrestres, el mundo volvía paulatinamente a su tranquila melodía de «corre-saquea-sobrevive.» Una marabunda humana cubría los montes de basura y ejercían su función erosiva hasta el siguiente año X.

    Puesto que podías encontrar de todo entre la chatarra, no había forma de saber lo que te ibas a encontrar: ¿un contenedor de armas avanzadas? ¿supercomputadoras? ¿Una nave espacial?

    John soñaba con encontrar una nave espacial. Si encontraran una, podrían ir los dos juntos a dar la vuelta al mundo y buscar algún lugar con refugios antinucleares que fuese remotamente romántico. Como Jane solía decir: «No necesitamos Paris para viajar en góndola.»

    John se sintió romántico, le apartó a Jane un rebelde mechón de la cara y comenzó a cantar con sentimiento lo primero que le vino a la mente: "Elisa. Sueño. Pájaro de hierro azul."

    Estiró el brazo derecho sin dejar de mirar a su chica y disparó a un cabezón que trepaba por la cornisa del Oeste. Jane apoyó la cabeza en el pecho de su chico y ambos comenzaron a bailar lento.

    "Elisa. ¡Misteri-ó!" Cantaba John. Otro disparo. "Sueño que vivo, sueño que vivo dentro de ti." Otro cabezón. "Que vivo rodeado de hierro pisando la sal..." Otro disparo.

    "John," susurró ella.

    "Dime."

    "Sabes que te quiero."

    "Lo sé."

    "Te quiero aunque no sepas qué significan las letras TA en los misiles Stinger."

    "Es lo más bonito que me has dicho nunca." Otro disparo. "¿No es porque los hacen en Tarragona?"

    "A ver, ¿Tierra-Aire te dice algo?"

    [Fin del capítulo]
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    Borrador Capítulo 2 de FanFic de ci-fi, humor y empalagosos roma

    Parte 2/30 de la FanFic, "John, Jane y el ApocaElipsis"

    Todo comentario es bienvenido, un saludo.

    CAP 2

    El supermercado por dentro estaba casi intacto. Salvo por algunos trozos de escayola que habían caído del techo, John y Jane podían caminar juntos por el iluminado pasillo central empujando sendos carros mientras leían letreros de Menaje, Limpieza, Electrodomésticos, Bricolaje, Ferretería...

    Habían conectado la electricidad antes de entrar, de modo que no esperaban encontrar ningún alienígena de hábitos nocturnos dentro del edificio. Aunque Jane había insistido en llevar dos escopetas por si acaso.

    Ella miró a su chico y sonrió. John tenía ese semblante de ausente concentración que a ella le parecía tan atractivo. La seria expresión en su rostro y su forma instintiva de moverse al apuntar con el arma le daban un aire de tipo duro, de invencible galán rompecorazones. Las tablas de pesas y abdominales que ella le había diseñado meses atrás la recompensaban ahora con la vista de un cuerpo masculino de su gusto.

    Jane estaba convencida de que encontrarían aquí el traje perfecto para él. Ella se había impuesto la secreta misión de demostrarle a sus padres que era su hija la afortunada de estar con John y no al revés, como ellos pensaban.

    "No veo como puede ser tan especial si ni siquiera tiene un trabajo," había dicho su madre por videoconferencia un año atrás.

    "Mamá, tú sabes que ya nadie tiene un traba...," había empezado a responder Jane con cierto tonillo condescendiente.

    Pero su madre la había interrumpido rudamente. "No me salgas con esas. Que no exista economía mundial no es escusa para ser un holgazán. Tú tienes la misma edad y al menos estás haciendo algo."

    Su padre había intervenido entonces, en un intento de cambiar de tema. "¿Tienes noticias de XCOM?"

    «Sin noticias de XCOM», pensó Jane deteniéndose en mitad del pasillo con un fondo de cartones de detergente a su espalda.

    John notó que ella se había parado y se detuvo para lanzarle la mirada de: «¿Pasa algo?»

    Jane apoyó ambos brazos en el mango del carro y frunció el ceño hacia su chico: "Estaba pensando en XCOM. ¿Crees que hemos perdido?"

    "Creo que de eso no hay duda."

    "No, claro, me refiero a si aún existe XCOM. Si aún hay esperanza de... no sé, volver a tener cierto control por aquí."

    John se encogió de hombros.

    Jane sabía que a John no le gustaba hablar del tema. Los sueños de John no incluían que una milicia antialienígena creada siglos atrás integrara a Jane en sus filas y la apartara de su vida para siempre.

    Pero la mítica organización de intrépidos hombres y mujeres que habían luchado—o más bien habían intentado luchar—contra alienígenas y tecnología desconocidos había poblado la imaginación de Jane desde que era pequeña y hasta el punto de haberla alentado a contactar con ellos seis años atrás, aunque sin ningún resultado.

    Después de conocer a John un año, tres meses y cinco días atrás, ella se había olvidado por completo del asunto. Se había levantado una mañana sin esperar ya a que una lanzadera aterrizara en el patio de su casa para trasladarla a la base XCOM más cercana. Sus prioridades personales pronto habían dejado espacio a las de ese chico que llenaba su mente cuando ella se distraía lo más mínimo.

    Su chico.

    John.

    Obviamente, él no se llamaba John, como ella tampoco se llamaba Jane. Pero ambos habían elegido esos nombres durante una noche de pasión y demasiado Lambrusco como símbolo del arquetipo de la pareja perfecta.

    J & J.

    Después de descartar Bonny & Clyde, Vincent & Mia, Tarzán & Jane, Thelma & Louise y muchos otros.

    John al final le dijo: "Como un sabio chino dijo hace mucho tiempo: Si no te gusta lo que ves, cámbialo. O algo así."

    "Ya, claro," dijo Jane enderezándose y volviendo a empujar el carro para seguir con el saqueo. "Es evidente que esos sabios chinos no tenían una invasión a escala galáctica de la que preocuparse."

    Avanzaban ahora por el pasillo central que intersectaba la sección de Electrodomésticos y Moda. John estaba diciendo algo sobre hervir arroz en una antena parábolica, pero Jane no estaba escuchando.

    Algo no iba bien.

    Al final del pasillo central, ella vio que toda la sección de Moda parecía estar a oscuras.

    "Diez cuatro a las doce", susurró Jane soltando el carro y echando mano a su escopeta colgada al hombro.

    John entendió el código de alerta y apuntó la recortada hacia el frente mientras apartaba de delante su carro con el pie.

    "¿Qué has visto?", susurró él, "¿Cabezones?"

    Ella negó con la cabeza sin dejar de mirar la oscuridad que les aguardaba diez metros más adelante.

    Ambos decidieron avanzar lentamente y, al llegar al final del pasillo central, se detuvieron al oír un vago zumbido eléctrico que surgía de algún lugar de la zona de probadores.

    Sonaba como una onda de estática en el aire.

    John abarcó con la mirada toda la zona de Moda. Era un cuadrado de cuarenta metros de lado que lindaba con los falsos dormitorios de la oscurecida sección de Hogar. Había una hilera de decenas de cabinas para probarse ropa al fondo. Para llegar a ellas había que sortear un mar de expositores de chaquetas, camisas, pantalones y zapatos sin orden ni concierto. Todo estaba en penumbra y cualquiera del centenar de bultos y siluetas extraños entre los expositores y mostradores era un enemigo potencial que podía dispararte algún rayo verde, clavarte un apéndice en el cráneo para sorberte los sesos o envolverte como una ameba gigante y disolverte en tus moléculas constituyentes.

    "Voto por abortar lo del traje del domingo." Le susurró a Jane tras ver el panorama. "No estamos equipados para esto, Jane."

    Ella le miró y coincidió: "Tienes razón." luego puso ojillos tristes y dijo: "Pero ibas a estar tan guapo con traje y corbata."

    John iba a responder alguna réplica ingeniosa, pero quedó cautivado por un fulgor ámbar que surgía del mismo probador del que parecía emanar la ola de estática. El brillo amarillo se filtraba por la rendija de la puerta entornada del vestidor y oscilaba en intensidad como si un niño estuviese jugando con el regulador de la luz.

    Más, menos, más, menos.

    John asintió hacia el fantasmal fulgor: "¿Qué es eso?"

    Jane siguió su mirada y notó el misterioso efecto de luz y sonido. "Vamos a averiguarlo." Susurró antes de agacharse y avanzar hacia allí.

    "¡Espera!", siseó John, pero ella siguió avanzando hasta unos quince metros de la luz. Parada tras una mesa mostrador en perfecta línea de cobertura, le hizo una seña con la mano para que se reuniera con ella.

    John negó con la cabeza e indicó con él dedo indice que avanzaría desde el otro lado. Así podrían los dos cubrir más ángulo de tiro.

    Tras una serie de movimientos coordinados en los que uno avanzaba y otro cubría, se reunieron sin incidentes frente a la puerta del probador misterioso.

    Jane empujaba despacio la puerta con la escopeta mientras John mantenía la recortada lista para dar la bienvenida a cualquier bicho que pudiera salir de pronto.

    El vestidor estaba vacío salvo por dos cosas: la fuente de la misteriosa luz y la fuente del sonido.

    Lo primero que vieron fue la bola. Una esfera azulada del tamaño de un balón de basket que brillaba en amariilo.

    La esfera estaba a los pies de un cadáver humano—que a John le recordó a los pilotos de fórmula 1, con casco y todo. También le pareció que el cadáver llevaba una especie de radio en el cinturón.

    Y notó que la forma de la radio le era muy familiar.

    "¿Estás viendo lo que yo estoy viendo?", le preguntó Jane.

    "No tengo muy claro lo que estoy viendo." Respondió antes de señalar con una mano hacia el cinturón de tipo. "Pero explícame por qué el fósil de un piloto de carreras sacado de un museo de Ferrari en Halloween tiene el mismo mando a distancia que yo uso para encender el aire acondicionado."

    "Oh, Dios mío." exclamó Jane con el tono que usaba antes de abrir un regalo. "Oh, John..."

    "¿Qué?"

    "Oh, John...", ella señaló hacia el lado izquierdo del cuerpo.

    "¿Qué?"

    John se inclinó para mirar lo que ella estaba señalando.

    En el hombro izquierdo del traje había un nombre dentro de un círculo bordado: Teniente R. Kawalsky.

    Sobre el círculo había cuatro letras.

    XCOM

    FIN Cap 2.
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    Respuesta: Borrador Capítulo 1 de FanFic de ci-fi, humor y empalagosos roma

    Capítulo 3



    Después de saquear el supermercado, Jane estaba demasiado emocionada para conducir la excavadora, de modo que le había tocado a John la heroica tarea de plantarse a los mandos y llevarlos a ambos casa.

    Resultaba un poco complicado mover en plena noche una masa de cinco toneladas por una superficie planetaria arrasada. John lo comparaba a recorrer una etapa del Paris-Dakar a ciegas subido a un triciclo. Aunque para John era una experiencia desconocida que Jane no se quejara por cada bache o colisión originado por la impericia de su chico.

    Él no estaba seguro de si eso era buena o mala señal.

    "No me puedo creer que no nos hayamos dado cuenta antes", dijo Jane desde el asiento del copiloto, con una gran sonrisa mientras examinaba el mando del aire acondicionado del Teniente Kawalsky.

    "¿Dado cuenta de qué?", John aún no había sumado dos más dos.

    "¿En serio, John?", dijo ella divertida. "¿No te parece extraño que encontráramos un superbúnker de lujo en mitad del desierto?"

    "¿Estás diciendo que nuestro palacio subterráneo lo ha construido ese tal Kawalsky y que por eso tiene un mando remoto como el nuestro?"

    Jane dio una carcajada, "¡No, bobo!"

    John creyó ver algo grande al frente y subió un poco la pala frontal a modo de quitanieves. Algo sólido de hormigón se hizo añicos en segundos y quedó molido después bajo las ruedas gigantes de la excavadora. Él miró en silencio a Jane para que ella continuara.

    "Todo encaja," dijo ella. "¿Recuerdas cómo encontramos el búnker?"

    "Porque el dron que estábamos usando para medir la profundidad de aquel Barrranco se estrelló en la baliza de acceso".

    "Ya, bueno. Ese es el efecto. Pero ¿por qué fue el dron allí en primer lugar?"

    John vio que Jane asentía sonriente hacia él en rápida sucesión, alentándole a responder como si él fuese su hijo pequeño y una vecina le hubiese preguntado cuántos añitos tenía.

    "Porque era un inoperante trozo de chatarra, Jane. Podría haberse estrellado en cualquier parte. Además, ¿qué tiene que ver el dron con el mando remoto y el búnker y...?"

    "John, el palacio subterráneo que encontramos no es el capricho de un adinerado paranoico del apocalipsis."

    "Eso lo dijiste tú," se defendió John.

    "Sí, es cierto," admitió Jane. "Tú dijiste que era Fragel Rock."

    "Bueno, obviamente no lo decía en serio."

    "El caso es que este Teniente nos ha dado la clave del misterio. Yo creo que el búnker es una base XCOM abandonada."

    John se tomó unos segundos para encajar el directo a la mandíbula. Supo entonces que su encadenado subsconsciente le había estado gritando esa misma información mientras era fustigado por el visceral ego de mantener a Jane a su lado.

    Estaba convencido de que si su chica entraba en contacto con alguna célula latente del XCOM, ella emprendería un camino que él no estaba dispuesto a seguir. Sería un "Adieu, mon cher", un "Fue bonito mientras duró", un "Siempre nos quedará Paris".

    John no quería Paris. Le importaba un pimiento Paris.

    "¿Y cómo es que no hemos visto nada raro allí dentro?", alegó él sin dejar de mirar el puntito de destino en la pantalla de la radio baliza. "Ni siquiera había un felpudo de «Bienvenidos a XCOM»".

    "Ahí está la cosa," dijo ella recogiendo las piernas y sentándose de lado en el asiento para encararle. "Yo creo que no lo hemos visto todo."

    "Sí lo hemos visto todo." Objetó él. "Los dormitorios, el gimnasio, la biblioteca, las salas de ocio de todo tipo."

    "Exacto. Todo lo que un destacamento XCOM necesitaría en su zona residencial." Dijo ella, "Todo lo demás ha de estar en alguna otra parte."

    "¿Qué es todo lo demás?"

    "Jolín, pues los almacenes, la armería y los hangares y todo lo necesario para combatir una invasión alienígena."

    John apartó la vista del oscuro camino y se quedó mirándola. Ella ya no sonreía, estaba pensativa y él imaginaba lo que le pasaba por la cabeza.

    Y se lo dijo.

    "Quieres convencerme de que hemos invitado a tus padres a pasar los próximos dos meses en una base antialienígena abandonada donde puede haber letales engendros galácticos sueltos por ahí."

    Ella frunció los labios y movió los ojos hacia un lado, sopesando esa hipótesis. "Hmm... Sip." volvió a mirar a John y dijo con exagerado tono de ánimo. "Pero, ey, tenemos tres días enteros para explorar la base antes de que lleguen."

    "Guao," dijo John sin emoción. "Eso suena apasionante."

    "Venga, tigre. Será divertido. Podemos buscar los accesos al resto del complejo." Ella sonrió y le dio una palmada en la rodilla, "Y seguramente habrá pistas de aterrizaje y despegue para naves espaciales. ¿No eras tú el que quería una nave espacial?"

    "Ya no estoy tan seguro," masculló él, pero a pesar de sí mismo sintió una cierta oleada de impaciencia aventurera.

    Ella estudió la expresión en el rostro de su chico durante unos segundos, quedó satisfecha con lo que vio y sonrió. Se sentó derecha y reclinó el asiento para ver las estrellas a través del cristal de la cabina de la excavadora.

    "Será divertido y emocionante.", susurró ella justo cuando localizaba Betelgueuse en el cielo.

    [Fin del Capítulo 3]
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    Capítulo 4



    Una de las muchas cosas que le gustaba a John de su palacio subterráneo era que descargar la compra era bastante fácil. La supuesta base XCOM tenía un montacargas de acceso en el que podía caber un Jumbo. Solo hacía falta llamar al montacargas, subir la excavadora por la rampa de acceso y pulsar el botón para bajar. El montacargas descendía hasta una bahía de carga dispuesta en el centro de la planta subterránea anexa a una cámara de descontaminación desde donde se podía distribuir la carga a las diferentes dependencias, como la cocina-restaurante, el taller, los dormitorios y demás.

    Cuando John y Jane terminaron de guardar en su sitio la ropa y las provisiones de comida y bebida, eran casi las dos de la madrugada.

    Jane había sugerido acostarse de inmediato y aprovechar el tiempo del día siguiente para iniciar la exploración de la base, pero John no dejaba de dar vueltas en la cama, le era imposible conciliar el sueño.

    No comprendía cómo podía Jane estar tan tranquila. Había caído dormida como un tronco a los quince segundos de apagar las luces, que fue justo cuando John empezó a imaginarse cabezones y moluscos y cosas peores saliendo de todos los lúgubres rincones de la habitación.

    Tampoco podía dejar una lucecita encendida, como la lamparita de Luke Skywalker que tenía Jane en su lado de la mesita de noche y que él odiaba. Era la figurita del Maestro Jedi blandiendo por encima de la cabeza un sable luz que se encendía en verde.

    Esa noche John se sentía intimidado por ambas Guerras Galácticas.

    Así que, se levantó de la cama y se fue al taller donde habían dejado el cuerpo momificado del Teniente Kawalsky con todo su equipo. El traje del muerto colgaba de un gancho con el difunto dentro. La Bola misteriosa estaba sobre una mesa de trabajo y parecía tener batería para rato, pues seguía brillando con ese color amarillento de vez en cuando. En otra mesa habían colocado el cinturón y los otros chismes del teniente.

    Entre ellos estaba el segundo mando remoto de aire acondicionado.

    John lo recogió de la mesa y lo examinó en busca de alguna diferencia apreciable. No parecía un chisme en la categoría de «conseguible en una tienda», pues no tenía toda esa información al consumidor que solía venir en cada producto en venta. No había número de serie ni datos de fabricante ni nada de eso. Era un mando con botones numéricos e iconos con un total de unas cincuenta teclas. John las había probado todas y solo había logrado encender y apagar el sistema de calefacción de las habitaciones del bunker. En su día él había razonado que el exceso de teclas se debía a que el aparato sería una especie de mando universal para funcionar con todo chisme imaginable. Solo que en el bunker solo respondía la calefacción.

    Pero si Jane estaba en lo cierto, ese chisme debía tener otras funciones en la base XCOM.

    Sintió un escalofrío al recordar el millar de veces que había trasteado con el mando tocando teclas al azar para ver si pasaba algo a su alrededor.

    Nunca había pasado nada. Al menos nada que él hubiese podido ver.

    Quizá el mando había transmitido con éxito cada uno de sus comandos hacia alguna de esas partes de la base que Jane había comentado esa noche.

    Esas partes de la base que ellos aún no habían visto.

    Pero, si existían, ¿dónde estaban? ¿Y por qué una organización como XCOM iba a dejar una base abandonada así sin más?

    Las posibles respuestas eran aterrradoras.

    ¿La habían abandonado por que un engendro galáctico andaba suelto en ella? ¿Como una especie de Cthulhu esperando que se tocase la tecla adecuada en cierto mando remoto para liberarlo?

    John sintió un nuevo escalofrío y dejó con cuidado el mando sobre la mesa como si fuese una masa crítica de uranio. Dio un paso atrás y trató de vaciar la mente de todo mal augurio y llenarla con lo que él recordaba de XCOM.

    Examinó el resto de equipo sobre la mesa mientras en su mente se esbozaban todos sus conocimientos de la organización.

    Que eran estos.

    «XCOM: especie de ONG que combatía alienígenas hace trescientos años con el objetivo de salvar la Tierra y que fracasó estrepitosamente, visto como estaba la humanidad ahora. Fin.»

    Sí, él también conocía historias y leyendas urbanas de todo tipo, pero ninguna de ellas daba la menor pista sobre cómo había frasado la defensa terrestre y se había llegado a la situación actual.

    Y si XCOM seguía existiendo, ¿por qué no estaban aquí en este bunker ahora mismo?

    Un objeto sobre la mesa le llamó la atención. Parecía una calabaza marrón en forma de pera. La recogió y le ocupaba toda la palma de la mano. Era pesada y suave al tacto, pero John no imaginó más utilidad para ella que como pisapapeles.

    El resto de objetos era igual de extraño, salvo la caña de pescar. John dejó la pera y tomó la caña de pescar con las dos manos. La giró de un lado a otro sin poder encontrar el carrete y el sedal. Tampoco era extensible. Quizá no fuese una caña de pescar, pues tenía un mango y un gatillo en un extremo, como una especie de arpón de pesca submarina. El mango era ergonónico como el de los arpones, pero en el otro extremo no había ningún dardo o flecha. Solo una especie de punta metálica fija y no muy puntiaguda.

    Un tercer objeto parecía una lata de melocotón en almíbar. Por supuesto, no tenía etiqueta, pero el cilindro era naranja y tenía una argolla en un extremo. John dejó el arpón y cogió la lata. Era ligera, como si estuviese vacía. No parecía un bote de refresco y John decidió no satisfacer su curiosidad tirando de la anilla.

    Dejó el bote donde estaba y se giró para observar al difunto.

    Era notable que había alguien dentro del traje por el volumen que este adoptaba colgado de la percha, pero nada de la persona era visible desde el exterior. John se acercó a examinar el cuerpo con más calma.

    La persona de dentro medía un palmo menos que John, quizá un metro ochenta. El casco era un estilizado diseño de un casco blanco y azul de piloto y, a juzgar por los arañazos y golpes, parecía haber cumplido su función en numerosas ocasiones. El visor era negro opaco desde el exterior.

    Puesto que el cuerpo no desprendía olor raro, John supuso que el traje blanco era hermético de cuello hasta las botas y guantes, los cuales eran parte integral de traje en sí. El único indicativo visible era el nombre en una etiqueta en el pecho y el hombro izquierdos.

    John entendió entonces, plena y llanamente, que aquel Teniente Kawalsky había supuesto un punto de inflexión en su vida.

    A partir de entonces, ya nada sería como antes.

    La pregunta era: ¿Sería un cambio para mejor o para peor?

    Cansado de buscar respuestas, fue hasta la cálida luz brillante que emanaba de la bola. Se puso el chisme bajo el brazo y marchó de vuelta a la cama seguro de haber encontrado su lamparita de noche perfecta.
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  5. #5
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    Respuesta: Borrador Capítulo 1 de FanFic de ci-fi, humor y empalagosos roma

    Capítulo 5

    John despertó en una nave espacial.

    Él era un Navegante humanoide—dos brazos, dos piernas y una cabeza—de piel rosa y traje verde. Todo músculo, estaba hecho un bruto. Se encontraba de pie en su puesto en un puente de mando estilo Star Trek pero en pequeñito. Él iba a los mandos y podía "sentir" la nave a través de unos cables conectados a su casco. La nave volaba por la noche a 10 km de altitud sobre la "Zona del Líder" y John sabía que la zona del líder estaba en el Sur de Europa, aunque no sabía muy bien cómo lo sabía.

    También sabía que estaban en una Misión de Transporte. La nave era bastante grande, con una tripulación de unos treinta individuos y una importante carga de alimentos y tecnología.

    Sorprendido, echó un vistazo a su alrededor.

    A su lado había otro Navegante todo músculo, muy parecido a él mismo aunque, a cierto nivel, totalmente diferente. Este Navegante empezó a hacer descender la nave para aterrizar en el punto de entrega.

    Detrás de ambos Navegantes había más brutos como ellos en el pequeño puente. Un par de Soldados con rifles pesados de plasma mantenían guardia a ambos lados de la puerta del fondo. Y ante ellos, en el centro de la sala, un brutus máximus, un Comandante de unos dos metros de altura. Este llevaba un cañón al hombro que parecía diseñado para lanzar balones de rugby.

    El Comandante vio al John-Navegante darse la vuelta y emitió un grave y áspero berrido señalando el panel de mandos.

    John quiso preguntar: ¿Dónde demonios estoy?, pero el sonido que salió de su garganta sonó al petardeo de una moto vespa sin aceite.

    El Comandante quedó en silencio, como atontado durante un instante. Los Soldados intercambiaron miradas y el otro Navegante giró la cabeza hacia él con expresión curiosa en la cara.

    El silencio quedó roto por un nuevo grito del Comandante, esta vez hacia los Soldados, señalando a John-Navegante.

    Pero John pudo ahora descifrar el mensaje: "Llevad esa unidad al taller de inmediato."

    Los dos Soldados se separaron de la puerta y avanzaron hacia él. A John no le gustaba aquello ni un pelo. Notó de pronto que él también iba armado con un rifle pesado de plasma colgado al hombro. Giró el rifle rápidamente y apuntó con él a los Soldados.

    Estos se pararon en seco, desconcertados por un instante.

    Un rugido a su lado le sobresaltó y él movió el arma hacia el otro Navegante a su lado. Este estaba preparando su propio rifle, pero John fue más rápido.

    Descargó tres disparos de plasma que impactaron con un asqueroso siseo en el pecho del Navegante y este se desplomó en el suelo como un fardo.

    John se agachó allí mismo y se lió a tiros con los Soldados. Uno cayó abatido, pero el otro Soldado le alcanzó en el pecho.

    Un dolor ardiente precedió a la pérdida de visión y John despertó de nuevo en su cama, tocándose el pecho.

    La bola que había escogido como lamparita de noche rodó entre las sábanas fuera de la cama y cayó en la alfombra del dormitorio.

    "Buenos días," dijo una voz femenina muy familiar. "Vaya cara tienes."

    John dejó de mirarse el pecho y alzó la vista hacia la chica que le hablaba.

    Su chica.

    Jane.

    Ella había entrado al dormitorio en traje de combate y con una bandeja de plata tapada en las manos. Caminaba en su dirección con el ceño fruncido. Dejó la bandeja sobre la mesita de noche de John y se sentó en la cama a su lado para ponerle una mano en la frente.

    "¿Te encuentras bien?", le preguntó ella.

    Para su sorpresa, John se encontraba estupendamente. El dolor en el pecho había desaparecido.

    "Sí," dijo él mirándola con semblante serio.

    Ella le dio un beso rápido en los labios y se levantó diciendo, "Pues no lo parece."

    "Creo que acabo de tener el sueño más raro de toda mi vida," dijo John mirando hacia el espacio frente a él. Luego alzó la vista hacia Jane, lleno de intriga. "Creo que no ha sido un sueño."

    "Eso suena interesante," dijo ella por encima del hombro mientras se alejaba hacia la puerta por donde había entrado. "Puedes contármelo cuando termines de desayunar. Reúnete conmigo en la sala de juntas dentro de media hora. Tenemos mucho que hacer. Será divertido."

    John la observó desaparecer por el pasillo.

    Luego se giró hacia la bandeja y un cabezón le devolvió una asustada mirada desde la pulida tapa de plata en forma de domo sobre la bandeja.

    «¡Jesús!», pensó John. «Ya los veo en todas partes.»

    Retiró la tapa casi esperando encontrar un molusco listo para saltar y sorberle los sesos, pero bajo esta solo había huevos, sémola de trigo, aceite de oliva, avena, queso fresco, batido de frutas, agua y pan integral.

    Aunque no tenía mucha hambre, sintió que iba a necesitar el desayuno de los campeones para soportar el resto del día hasta el almuerzo.

    Pensar en comida le trajo a la memoria lo que transportaba la nave de su no-sueño. Él había sabido que transportaba comida, pero comida alienígena. Toneladas y toneladas de viscosos y repugnantes fluidos drenados de otros bichos extraterresres. Podían ser de animales. Demonios, incluso podían ser fluidos humanos.

    O un cóctel de todo lo anterior.

    En definitiva, comida para alienígenas en la Tierra.

    Alimento para El Líder.

    John apartó todas esas extrañas ideas y se concentró en el Alimento para El Menda.

    Cuando le contara a Jane lo que él había no-soñado, tendría una segunda opinión, y una mucho más fiable.
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  6. #6
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    Respuesta: Borrador Capítulo 1 de FanFic de ci-fi, humor y empalagosos roma

    Capítulo 6

    Después del nutritivo desayuno, las extrañas imágenes de los eventos en la nave espacial se habían disuelto casi por completo con el agua de la ducha. El cómodo cambio de ropa limpia había dejado a John fresco y despejado para afrontar los desafíos de aquel jueves.

    Cuando entró en la inmensa sala de juntas con sus mejores galas del modista Coronel Tabioca, vio a Jane al fondo, subida al escenario y probando el proyector en la pantalla gigante.

    Ella se giró al oír sus pasos y le brindó una emocionada sonrisa: "¡Ya estás aquí! ¡Justo a tiempo!"

    Él avanzó hacia el escenario para subir los cuatro escalones hasta ella, pero Jane le señaló un lugar en el centro de la primera fila de asientos: "No. Tú siéntate ahí y espera un minuto que yo prepare esto."

    John retrocedió hasta la primera fila caminando de espaldas, y dijo con tono de impaciencia: "¿Vas a darme una conferencia y todo?"

    Ella le dio la espalda, alzó la vista hacia la pantalla y habló con una pícara sonrisa que John no podía ver, pero que sí podía oír: "He tenido tiempo de preparar algo mientras tú dormías abrazado a tu Gusiluz."

    John se sentó en la primera fila y preguntó: "¿Mi Gusiluz?", con la sonrisa tonta de quien no termina de entender el chiste.

    "Esa esfera luminosa." Jane soltó una risita. "Cuando desperté esta mañana estabas a mi lado marmota total con un brazo agarrando la bola y el pulgar de la otra mano en la boca."

    "Venga ya. Yo no me chupo el pulgar." Objetó él.

    Ella giró sobre los talones y le miró con una sonrisa divertida en el rostro y el mando del proyector en una mano: "Sabía que dirías eso. Yo nunca te había visto así."

    Y con esas palabras, pulsó un botón y...

    Alli estaba John en la pantalla gigante. Veinte metros por seis de superficie con él durmiendo sobre la cama exactamente como Jane lo había descrito.

    Los ojos de John se abrieron como platos y ella soltó la carcajada que ya no podía seguir conteniendo. Tras reír a gusto al ver la expresión de su chico, se giró hacia la pantalla y comenzó a ensañarse.

    "¡Mira que cosita más mona!", dijo ella con tono meloso más denso que el platino, riendo. "Esta foto le va a encantar a mi madre."

    John admitió su derrota. "Imprime unas cuantas por si el resto de tu familia las quiere dedicadas. Tengo un boli aquí mismo, pero tendrás que prestarme tú el lápiz de labios."

    Jane dio otra carcajada al oír eso, tan fuerte que le hizo dar un traspiés y tener que apoyarse en el atril para no caer. Le había hecho gracia la réplica, era ingeniosa y deportiva. Dos aspectos de su chico que ella adoraba.

    John continuó: "¿Ha terminado ya la conferenciante para que el espectador pueda subir al estrado y presentarle apropiadamente sus románticos deseos de buenos días?"

    Ella apoyó ambos brazos en el atril y se inclinó hacia adelante para mirarle de frente, mostrando algo de escote y una sonrisa insinuante: "No ha terminado aún, pero puedes subir aquí si me dedicas a mí la foto."

    Él ya estaba de pie pisando el primer escalón, "Trato hecho. ¿Dónde quieres el beso?"

    Ambos se encontraron a medio camino sobre el escenario y cada uno apoyó las manos en la cintura del otro. Nariz con nariz.

    Jane dijo: "Sorpréndeme."

    "Buenos días." dijo John y le dio un breve beso en la punta de la nariz. luego dijo: "El comandante informa de que la nave espacial está a punto de..." Luego le pasó rápidamente un brazo por detrás de las rodillas, "... ¡DESPEGAR!", y la levantó del suelo en volandas entre sus brazos.

    Esto provocó que ella soltara un chillidito de momentáneo pánico y se abrazara al cuello de John con fuerza, soltando el mando del proyector, el cual se abrió al caer al suelo y envió las dos pilas AAA en una carrera rodante por la tarima.

    John comenzó a girar con ella por el escenario en una loca danza derviche que llevó a Jane a una histérica lucha entre chillar y reir.

    Una docena de giros fue suficiente para que John notara la nueva imagen que había aparecido en la pantalla.

    Los giros fueron perdiendo velocidad y su sonrisa pasó gradualmente a una seria curiosidad antes de quedar ambos inmóviles de pie ante la imagen, Jane aún en los brazos de John.

    "¿Qué es eso?", preguntó John.

    En la pantalla se mostraba un plano de planta como los que se usaban cuando el mundo existía. Este era enorme y estaba lleno de letras y rectas y círculos por todas partes.

    "Eso es nuestra casa.", dijo Jane mirando la pantalla. Luego giró el rostro hacia él: "¿Hemos aterrizado ya?"

    "¿Qué?" dijo John pillado en ese momento fuera de juego. "Ah, sí, claro." Bajó despacio las piernas de Jane. "Gracias por volar con nosotros." y quedó observando la misteriosa imagen.

    Jane dijo a su lado: "He encontrado algunos planos que pueden ser útiles para encontrar el resto de zonas de la base que aún no hemos visto."

    John alzó las cejas. Estaba empezando a comprender un poco el mapa: "¿Cuánto mide esta planta?"

    "Dos acres."

    "¿Qué es un acre?"

    "Poco más de 4 kilómetros cuadrados."

    John no tenía idea de cómo iba ser posible explorar tanto espacio en tan poco tiempo.

    "¿Tienes alguna pista sobre por dónde empezar?", preguntó él. "Porque si esperas que repasemos la planta entera en tres días será mejor que vaya sacando las bicicletas."

    "No es una pista exactamente," Jane le miró con una sonrisa. "Pero he encontrado otra cosa que creo que nos va a ahorrar mucho tiempo."
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  7. #7
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    Capítulo 7

    La pantalla gigante cobró vida y apareció un hombre de uniforme con el emblema de la organización XCOM. John y Jane observaban sentados en primera fila de la sala de juntas con las luces apagadas y un cuenco de palomitas de maíz entre ambos.

    "Soy el Comandante Alan Gutiérrez," dijo el hombre del vídeo, "al mando de la Base Elipsis. Estamos siendo derrotados. Las naciones nos han dado la espalda y los líderes políticos han pactado acuerdos secretos con los alienígenas."

    John cogió un puñado de palomitas y miró a Jane: "¿Y dices que este DVD estaba en el armario de la cocina bajo el fregadero?"

    "Sí." Jane le miró y le quitó unas cuantas palomitas de la mano, se metió una en la boca y dijo: "Mira, ahora viene lo bueno."

    John abrió la boca y se metió dentro las tropecientas palómitas que llevaba en la mano. Jane arrugó la cara al verle masticar y ambos giraron la cabeza hacia la pantalla.

    El Comandante seguía hablando mirando a la cámara: "Pero escuche con atención. Por la autoridad que aún poseo sobre esta base le otorgo pleno control de la misma y le asciendo a Comandante de las Fuerzas XCOM con efecto inmediato. Si está dispuesto a continuar las premisas de nuestra organización y derrotar la amenaza UFO, el código de acceso a la matriz es la siguiente secuencia: Dominio, Reino, Fila, Clase, Orden, Familia, Género y Especie. Buena suerte. Si no está dispuesto, por favor, abandone la base de inmediato y cierre al salir. Gracias."

    Jane giró la cabeza para ver la reacción de su chico. Él estaba congelado con la boca abierta, a medio camino de embutirse otro puñado de palomitas. Un segundo después cerró la boca y miró a Jane, perplejo.

    Ella estaba sonriendo: "¿A que es la bomba?"

    "¿Qué abre ese código?" Dijo John."¿Qué es la matriz?".

    "No lo dice," dijo Jane lanzándole una palomita a la cara. John cerró un ojo, la palomita le rebotó en el párpado y volvió caer encima de la pila en el cuenco. De pronto Jane exclamó emocionada: "¡Pero somos los Comandantes de este sitio!"

    "Yo no necesitaba un vídeo para saber eso." dijo John mirando de nuevo a la pantalla: "¿Dice algo más?"

    El hombre del vídeo había quedado en silencio mirando la pantalla, como esperando la señal de ¡Corten!, luego giró la cabeza hacia la derecha y frunció el ceño antes de tomar una tarjeta entregada por una mano entre susurros.

    Tras leerla en silencio, el Comandante suspiró y procedió a leerla ante la cámara con voz monótona: "Mensaje ofrecido por Restaurante Gordon Liu, más de quince años sirviendo la mejor comida asiática. Avenida Coyoacán, 118. Reservas en el cinco cinco cinco diez once doce. Abierto domingos y festivos."

    La pantalla gigante quedó en negro.

    John se giró hacia Jane diciendo: "Me da a mí que la organización no estaba muy boyante."

    Jane coincidió con él: "XCOM funcionaba mediante presupuestos gubernamentales. Mayormente donaciones. Aunque una parte del capital para sostener la organización la obtenían mediante la venta de tecnología alienígena y patentes propias."

    "Puede que la matriz sea una IA que controla todo esto," dijo John volviendo al misterio. "Quizá está dormida o desconectada o lo que sea, y haya que activarla con ese código. Pon el vídeo otra vez. Quiero escribir esa secuencia de acceso."

    "Yo también he pensado eso. Y no hace falta escribirla," dijo Jane girando y apoyando las piernas en el regazo de su chico. "Esa secuencia la tengo grabada desde que terminamos aquel curso en Biología."

    "¿Cuándo he terminado yo un curso en Biología?", preguntó John.

    Ella recogió las piernas y se sentó derecha abriendo mucho los ojos: "¡Y aún queda lo mejor!" Se levantó de golpe y le tendió la mano, "Levanta. Esto te va a encantar."

    Jane condujo a su chico fuera de la sala hacia el pasillo principal. Todas las salas de la planta estaban distribuidas a ambos lados de este pasillo. Jane giró a la izquierda y John la siguió con el ceño fruncido. En aquella dirección estaba lo que ellos llamaban la Discoteca.

    No era una discoteca en realidad. Era solo una cabina, como la de un DJ, aunque ocho veces más grande. Dentro se controlaba el sistema de megafonía de la planta. Tenía una gran mesa de mezclas como la de los estudios de grabación. También tenía auriculares, micrófono y lector de CD y de archivos de audio.

    "¿Me estás llevando a la Disco?", preguntó John caminando ahora al lado de su chica.

    "Sip.", dijo ella. "Ya has visto mi plan, ¿verdad?"

    "Solo si tu plan es bailar You Can Leave Your Hat On frente a mí," dijo John.

    "Eso será otro día."

    Llegaron a la Disco y ambos entraron en la cabina. Allí dentro había espacio para ocho personas. Jane se puso unos auriculares y comenzó a tocar cosas en la mesa de mezclas.

    John vio una pila de CD encima de una silla y recogió los tres de encima para verlos. Eran los CD que habían seleccionado para la última fiesta rave que ellos montaban los sábados por la noche.

    "Pon este," dijo John tendiéndole un CD a Jane.

    Jane abrió la bandeja del CD, dejó caer dentro el disco y subió una pista de la mesa de mezclas mientras la bandeja se cerraba sola.

    Empezó a sonar el tema de El Bueno, el Feo y el Malo de Ennio Morricone por toda la base.

    John comenzó a mover los pies como si andara hacia un duelo al mediodía, pero sin moverse del sitio, haciendo resbalar las suelas de las botas. Ante él apareció a lo lejos el sheriff del pueblo, brazos colgando a los lados, manos laxas ligeramente separadas del cuerpo, moviendo los dedos nerviosamente bajo el reloj de la iglesia encalada de blanco. John entornó los ojos bajo el sombrero negro y se plantó a diez pasos del hombre. Con la mano derecha, retiró despacio la chaqueta para exponer al sol la empuñadura del revólver.

    Jane bajó un poco el volumen para poder hablar: "Si la matriz responde a un comando vocal, podemos probar en toda la planta sin tener que movernos de aquí."

    "Brillante." Coincidió John al desenfundar, simulando con la mano una pistola. "¿Por dónde quieres empezar?"

    "Ya te lo he dicho," dijo Jane subiendo el control del audio general. "Por toda la planta."

    La voz de Jane se oyó por el trillón de altavoces que debía de haber en esos ocho kilómetros cuadrados. El sonido era un bucle con el código que había dicho el tipo del XCOM del vídeo.

    John miró a Jane y entró en pánico. Engendros galácticos poblaron su mente. El Sheriff aprovechó el despiste y disparó. Alcanzó a John en el pecho y dio una carcajada.

    "¿No es eso peligroso?" Dijo John ignorando la herida imaginaria. "¿No puede abrirse una puerta en alguna parte por la que puedan llegar hasta aquí los monstruos que hay debajo?"

    Jane sonrió con diversión: "No sabemos si hay monstruos debajo, bobo."

    "Tratándose de engendros alienígenas, creo que pasaré de tu lógica medieval y aplicaré mi probabilidad moderna."

    John pulsó el botón de OFF de la mesa de mezclas. Se hizo el silencio de nuevo en la base.

    "¡Ey!" Se quejó Jane. Caminó hasta John. "No tenemos mucho tiempo, ¿recuerdas?" Llegó hasta él y pulsó el botón de nuevo.

    El led de encendido brilló en verde y regresó el audio.

    Dominio.

    John pulsó el botón, el led brilló en rojo y regresó el silencio. "Es demasiado arriesgado."

    Jane insistió: "Mis padres llegan pasado mañana." Led verde.

    Reino.

    Rojo: "Podemos investigar esto cuando se hayan ido."

    Verde: "¡Esto es demasiado importante, John!"

    Fila.

    "¡Estás obsesionada con ese XCOM!"

    "¡Y tú estás sufriendo de inseguridad y celos!"

    Clase.

    "¿Celos? ¿De quién? ¿De ellos?"

    "Siempre desvías la conversación cuando saco el tema."

    Orden.

    "¿Qué tema?"

    "¡Cuando quise unirme a la organización unos años atrás!"

    Familia.

    "¡XCOM no existe, Jane!"

    "Aghhh. ¡Eso no es definitivo!"

    Género.

    "¡Perdimos hace tres siglos! ¡Es definitivo!"

    "¡Podemos revivir XCOM!"

    y Especie.

    "¡Ni lo sueñes!"

    Una voz robótica surgió por el sistema de audio.

    "Oh, por Dios. Basta, callaos ya. Qué brasa dais."

    John y Jane miraron al aire sobre sus cabezas y a su alrededor, mudos y perplejos.

    "Mucho mejor," dijo la voz. "Bueno, ¿qué hay que hacer hoy? Tengo los bancos de memoria hecho unos zorros."

    [Fin cap. 7]
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