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    Post Jim Munroe: Todos de Silicio

    Jim Munroe: "Todos de Silicio"
    Bajo licencia Creative Commons Attribution-
    NonCommercial-ShareAlike License.

    Originalmente publicado por No Media Kings and Four Walls Eight
    Windows in 2002.
    Original Title: "Everyone in Silico"
    Traducción casera: Sirius
    ************************************
    Paul (I)

    Cuando Paul se sentó en el banco, el joven se movió un poco a un lado pero sin mirarle. Su mirada estaba fija en algo en el cielo.

    Paul cruzó los brazos y miró abajo hacia la vía.

    El joven hizo un ruído leve. Paul le miró y, luego, siguió la vista del joven hacia arriba. Todo lo que Paul veía eran los relucientes edificios del distrito de negocios de Frisco, varios de ellos se estiraban más alto de lo que el ojo podía registrar.

    -"Sí, los han construido grandes aquí," dijo Paul. "No sólo rascan el cielo, continuan arriba para siempre."

    El joven le miró por primera vez. La cara de Paul era un borrón indistinguible de facciones, su traje era de corte a la moda.

    -"Oh..." dijo el joven mirando arriba de nuevo. "No, estaba mirando el anuncio." Señaló al cielo vacío.

    Paul giró el dial de su reloj y en el cielo azul apareció un hombre gigante corriendo por un bosque con seis latas de Pepsi atadas en la cabeza. Los edificios oscurecían parte del anuncio.

    El hombre se detuvo, sacó una lata y la abrió.

    - "Ah, sí," dijo Paul.

    Notó movimiento a su izquierda, un panda gigante con traje aterrizaba en un paracaídas. Paul reconoció al panda como la mascota de una compañía de seguros. Giró el botón de su reloj y tanto el panda como la Pepsi desaparecieron. El joven le estaba mirando.

    -"Así que vosotros, tíos, aún lleváis el mezcla-caras, incluso aquí,"

    Paul se encogió de hombros:

    - "Te acostumbras. Igual que con las corbatas."

    El joven miró su propia corbata.

    - "Cierto. Nunca pensé que me acostumbraría," dijo retorciéndola como en un nudo "Pero te acostumbras."

    Paul dió una carcajada, miró abajo hacia la vía. Lejos en la distancia había un vagón casi demasiado pequeño para verlo.

    -"Si no te importa que te pregunte," dijo el joven.

    Paul volvió a mirarle, su rostro era una agitación de caras, un cifrado.

    -"Uh, no es asunto mío," dijo el joven. "Pero..." , señaló el reloj de Paul. "Si eres Platino, ¿porqué viajas en vagón?"

    -"Oh," Paul se rió. "Simplemente me divierte. Me despeja la cabeza. Me da tiempo para pensar."

    -"Ya veo," dijo el joven, la vacía mirada en su cara claramente comunicaba lo contrario.

    Paul comenzó a mirar de nuevo al vagón que se acercaba.

    -"En realidad soy Plata," disparó el joven.

    Paul miró de nuevo al joven, que estaba alisando su pelo moreno.

    -"Mucha gente asume que soy Bronce porque viajo en vagón. Pero es sólo porque no puedo portarme. Hay un problema técnico."

    -"¿De verdad?" dijo Paul. "Es una pena." Se levantó del banco y el joven saltó también.

    -"Sí, mira ésto. Trataré de portarme a casa," dijo el joven. "Observa."

    El joven se volvió una silueta negra de sí mismo. En los bordes de la silueta, la luz y la imagen se doblaban hacia dentro.

    -"¡Wow!" dijo Paul dando un paso atrás. "Eso pinta mal."

    El joven regresó con cara agitada.

    - "Lo sé. Aunque sólo ocurre cuando trato de portarme. Por lo demás, estoy bien. Dicen que se arreglará pronto."

    Paul asintió.

    El vagón se detuvo y las puertas se abrieron.

    * * * * *
    Nicky (I)

    Nunca era bueno trabajar con el estómago vacío pero Nicky lo había aplazado hasta el punto en el que no habìa otra opción.

    "Al menos, sólo estoy hambrienta. No hambrienta y empapada", pensó Nicky mientras rondaba la Avenida Comercial, dando la bienvenida al sol en su cara como a un amigo largo tiempo perdido. La temporada lluviosa había acabado: Vancouver por fín se había quitado la capa de abrigos grises invernales y la fila de tiendas y restaurantes parecía más limpia, más nueva, reflejando la pequeña sonrisa de Nicky.

    -"¡Nicholas!" dijo alguien que salía de la Via Segura.

    -"Hey, JK," dijo Nicky girándose. "¿Pequeñas compras?"

    JK levantó sus voluminosas bolsas mientras se alejaba.

    -"Grandes compras. Tengo que irme. Me gusta tu nuevo peinado. Parece un pulpo sentado en la cabeza."

    Nicky sonrió y meneó sus finas coletas.

    -"Bueno, gracias, Joseph Kindertoy."

    Trató de no embobarse mirando sus compras cuando le despedía con la mano.

    En el primer Starbucks que vió reconoció a algunas chicas, de modo que las saludó y siguió su camino. En cambio, el Starbucks un bloque más allá parecía despejado así que sostuvo su reloj sobre la placa de pago gastada hasta que la puerta emitió el zumbido de apertura.

    Dando un silencioso respiro de alivio, lanzó sus cosas sobre una mesa cercana a la ventana y fue hacia el mostrador. Mientras la máquina llenaba su taza, observó el bullicio de la gente que pasaba. La primavera estaba por todas sus caras, tan obvia y alegre como la mermelada de fresa.

    Nicky puso azúcar y dos cubitos de leche en el café y observó la puerta. La mayoría eran turistas ya que los chicos de la Avenida preferían la tienda de ropa por la que había pasado. El vapor de su taza se enroscó y se fusionó brevemente en el logo de Starbucks, luego se disipó.

    Una pareja enmascarada de más edad entró y miró tentativamente la cafetería. Nicky se lanzó hacia el reloj en busca de algo para leer. Encontró un artículo sobre el uso de CorteFácil para la unión de anfibios e hizo que el reloj lo proyectara sobre la mesa en vez de hacerlo en su retina. Tras un minuto, vió que la pareja estaba en el mostrador esperando a que un par de chicos terminaran de llenar sus boles de sopa. Eran tan ruidosos como su ropa.

    Los chicos, al fín tocaron la placa de pago con sus relojes, balanceándolos tras el pago en un ademán superficial.

    -"¡La próxima vez, pregúntale dónde está su cuerpo!" dijo el chico camino a la puerta y sus amigos de gorras rojas explotaron en carcajadas que hicieron al hombre enmascarado dar un breve paso atrás, asegurar su máscara con la mano, recobrar la compostura de sus hombros y fingir que estaba frotándose la cara.

    Nicky se estiró para oir lo que el hombre le decía a la mujer en voz baja. Notó que él tocaba la placa de pago con sus dedos. Nicky sonrió para sí.

    "Forrado de dinero".

    Sólo el completo indigente y el fabuloso multimillonario lo hacían sin relojes.

    Tras apretar casualmente una pelota negra contra la mesa adyacente a ella, Nicky se inclinó lejos de ella y volvió absorta al artículo. La mujer permaneció durante un segundo con los "lattes" clásicos, manteniéndolos alejados de su delantal blanco y estudió la habitación antes de saludar al hombre sentado en la mesa de al lado de Nicky.

    "Bien.", pensó Nicky, dando un golpecito a un gráfico de una proteína de ADN de su artículo y fingiendo leerlo con interés.

    Notó un movimiento en su bolso y el ritmo cardíaco de Nicky se disparó súbitamente. Moviendo sus piernas despacio, colocó un pie en la abertura del bolso y luego el otro. Pudo sentir el tirón contra el lado de su zapato.

    "Olvídalo mierdecilla", pensó Nicky, "No eres la única que tiene hambre."

    Echó una mirada nerviosa a la pareja mientras dejaban sus abrigos sobre sus sillas, parecían estar cómodos. El hombre incluso se quitó la máscara a pesar de los cloqueos desaprovadores de la mujer. Tenía una mandíbula cuadrada y labios carnosos que apretaba contra sus dedos de marfil. Ella se había pintado las uñas en espejo y el fingía mirarse en ellas. Ella le dió un golpe y soltó una risita.

    Nicky, sin mirar adelante, levantó sus pies. Por un segundo no ocurrió nada y, luego, justo cuando estaba considerando dar una patada al bolso, un borrón marrón había reptado por la pierna del hombre y se había lanzado hacia su mesa antes de que la pareja registrara lo que estaba pasando.

    Afortunadamente, la máscara de la mujer silenció su grito porque incluso así era molesto a los oídos de Nicky. Nicky agarró al animal marrón contra su pecho y le metió disimuladamente una bolita negra en la boca.

    - "Lo siento, señora. No sé cómo ha salido, el bolso estaba cerrado..."

    La máscara del hombre era negra sobre la cara y un halo empezó a generarse alrededor de los dos. Nicky golpeó con un dedo la cabeza del pequeño bulldog de cara de arcilla y le murmuró reproches. El animal, sin embargo, mostraba completa paz con la pelota en la boca y contemplaba a la pareja con ojos melosos.

    -"Oh, qué preciosilla... criatura," dijo la mujer, manteniendo la mano en alto. "Apaga esa cosa boba, Alex," dijo.

    El halo desapereció.

    - "Perdón," dijo Alex tanto a Nicky como a la mujer. "Es que..."

    Nicky bajó la mirada y siguió acariciando al bulldog.

    -"Es que nada. Es un paranoico," dijo la mujer llevando, reluctantemente, la mirada del bulldog hacia Nicky. "Ha visto demasiadas noticias. Le pido disculpas por su grosería." Miró de nuevo al bulldog. "¿Puedo..."

    Nicky la miró: "Continúa, ruégamelo".

    -"¿Puedo... sostenerlo?" dijo ella.

    -"Sostener-LA," expresó Nicky con firmeza, como si le importara.

    La mujer se reclinó, un poco abatida. Nicky notó las líneas alrededor de sus ojos y le preocupó haberla presionado demasiado.

    -"¿Puedo sostener...la?" dijo ella al fín.

    Nicky hizo pausa de efecto, bajó la mirada hacia la criaturita y, luego, extendió lentamente las manos.

    "¡Oh... oh, es una juguetona... oh!", dijo la mujer, sus exclamaciones resonaban en su máscara. La pequeña bulldog trataba de saltar de sus manos para subirse en su delantal y coger con sus patitas el diseño de cruz roja que estaba impreso en él.

    -"¡Demonios, eh, con cuidado Simone!," dijo Alex, sus ojos observaban tanto a la encantada cara de Simone como a la perrita. Nicky notó cómo las emociones desaparecían del rostro del hombre y pensó, no por primera vez, que algunas parejas podrían estamparse "Sin Infancia" en sus frentes.

    La perrita estaba mordisqueando su dedo y Simone estaba deleitada con ello.

    - "Oh, Alex, mira. Cree que mi dedo es un hueso."

    -"Je je," respondió Alex mirando a Nicky con ojo asesino. Tras esto, Nicky estiró su mano para coger la perrita y la reluctante Simone se la devolvió.

    -"Tan cariñosa..."

    -"¿De dónde la has sacado?" dijo Alex tratando de sonar conversacional y dando un sorbo de café.

    -"La construí." dijo Nicky.

    -"¿Con qué?" dijo Alex dudoso.

    -"¿Conoce esos kits Hazlo-Tú-Mismo?".
    Simone asintió.

    -"Tuve uno de esos cuando era niña. El mío no funcionaba..."

    -"Ninguno funcionaba," dijo Alex. "Siempre salía algo mal... desastres."

    -"Cierto," coincidió Nicky. "Ella salió en mi cuarto intento. La cultivé como un bonsai. Me llevó la mejor parte de un año. Incluso así, fue cosa de suerte, pura chiripa. Ese es su nombre, en realidad: Chiripa."

    "Chiripa, oh, qué mono," murmuró Simone y miró a Alex.

    Nicky dejó que la perrita le mordiera el dedo e intentó no perder los nervios. Pensó en las enormes bolsas de alimentos de JK y forzó una sonrisa.

    - "Sí... he visto cultivar a un tigre como un bonsai por diez mil y tampoco era tan único. En realidad, parecía un gato."

    -"Diez mil dólares, ¿eh?" dijo Alex, casi para sí mismo. Miró a Simone. "No veo que se pague más de cinco..."

    Nicky frució el ceño ostensiblemente mientras una alegre melodía de cajas registradoras tintineaban en su cabeza.

    Para cuando volvió a su casa, el sol estaba cayendo tras las montañas. En la tenue luz, aún podía descubrir que su puerta delantera había sido iluminada con...

    "¿Puede permirse No Mejorar? ¡Hágalo por Usted!"

    ...pero Nicky ignoró el gigante bloque de letras y entró dentro. Tuvo que deslizar su reloj dos veces antes de que se rompiera la correa.

    "Barato pedazo de mierda"

    Entró en la cocina y sacó sus compras, metiendo las bolsas vacías en un espacio entre la repisa y la pared. Recordó que había silenciado el reloj cuando había entrado en el Starbucks. Comprobó los mensajes. Uno era de su mamá e inducía la familiar punzada de mamá-culpable. El resto era spam que sus filtros no capturaban, uno de ellos anunciaba la última generación de filtros spam.
    Se detuvo por un segundo para debatir si debía o no llamar a su mamá ahora. Decidió que no quería que la cuestión quedara en el aire mientras estuviera en el laboratorio y sabía que cuanto más esperara, mayor probabilidad habría de que su mamá apareciese husmeando. Ella sabría que ya estaba en casa, sabría que Nicky había recibido el mensaje. Ella seguía con intención de desactivar la habilidad de su mamá para rastrear la posición de su reloj pero sabía que eso significaría una tormenta de mierda dramática. Si necesitaba permanecer irrastreable, siempre podía quitárselo y dejarlo en casa, como hacía cuando iba al instituto.

    Permanecía de pie en su cocina, paralizada por la indecisión. Miró la comida de la compra, desapetecible desde que se hubiera comido casi un paquete entero de los Sandwich de Fixin camino a casa. Observó a una mosca dar un bucle y aterrizar en la tapa de la basura. La comprobó:

    "Tres cuartos llena. Bueno, si está atrayendo moscas es mejor deshacerse de ella..."

    Ató la bolsa y la levantó del cubo, comprobando por un segundo si había algún goteo. Mientras dejaba la casa recordó que el contenedor cerraba en 15 minutos, de modo que caminó por la tabla hasta la acera balanceando la bolsa. La puesta de sol alargaba su sombra, dándole el aspecto de un zombie tambaleante saliendo de caza.

    Admiró una gran casa antigua pintada de amarillo canario. Era parecida a la suya, cien años de edad al menos, un camino se alejaba de la acera para compensar el hecho de que había sido construída en una pendiente. A Nicky le encantó el estilo, le hacía sentir como si viviera a bordo de un barco pirata.

    "Lástima que la inundación de False
    Creek no hubiera ocurrido aquí.", pensó Nicky sacrílegamente. "Seguro que estas cosas flotan."

    Llegó al contenedor, fue directa hacia lo alto de la escalera y soltó la bolsa sobre la cinta. Costó $8,343, de modo que sostuvo su reloj frente a la placa de pago hasta que oyó "Ding" y la cinta se puso en marcha.

    -"Mmm, ¡Gracias!" La voz resonó en el depósito vacìo mientras la cinta mugrienta movía la bolsa hacia unas negras fauces.

    Se encaminó hacia la puerta, feliz de abandonar el apestoso y, de algún modo, terrorífico lugar. La voz grabada sonaba más hambrienta de lo habitual incluso cuando había poca gente esperando en fila allí. Esperó incoscientemente por el...

    "¡Esto está delicioso!"

    ...grabado para sonar cuando empujara la puerta.

    En vez de eso, un...

    -"¡Piii-yuuu! ¿No desearía que se pudiera decir, simplemente, Basura Vacía?"

    ...siguió a Nicky calle abajo.

    La linea "¡Hágalo por Usted!" se había cortado al cerrar la puerta.

    Olisqueó sus manos: "bien"; y miró de nuevo al gran icono de cubo verde de basura brillando a media luz. Mientras iba a casa a través de las calles vacías, se sintió un poco solitaria. Desde que se mudó aquí, la mayoría de las chicas de su edad que no habían dejado Vancouver se habían mudado a apartamentos alrededor de la Avenida Comercial, pero Nicky sentía que mudarse a la Avenida, aunque ocupada de gente, hubiera sido vivir en una especie de negación. Además, no había forma alguna de que ella pudiera permitirse tanto espacio allí.

    Escuchó ruídos cuando entró a casa y recordó que no había dado de comer a las chiripas. Nicky entró al salón y miró dentro de la caja de chiripas. Dos de ellas estaban durmiendo pero el otro hacía todo lo que podía por despertarlas.

    -"¿Cómo-estás-mi-boletillo-de-carne?" dijo Nicky con su mejor imitación de voz de bebé de Simone mientras rebuscaba en la bolsa de Comida para Criaturas. Dió de comer al que estaba alborotando, jadeando con sus grandes ojos curiosos y las otras dos parpadearon despiertas.

    -"Oh, vale, ahora estáis despiertas. ¿Dónde estábais cuando yo llegaba de compras?"

    Las chiripas la miraron y empezaron a gimotear.

    Arrojó dentro de la caja otras dos pelotitas y enrolló la bolsa de comida. Comprobando la hora, decidió adelantar trabajo antes de que llegara JK, de modo que subió a la tercera planta.

    Echó un vistazo en el espejo a su nuevo corte de pelo.

    "¿Parezco una idiota con este peinado? se preguntó.

    Había llevado el pelo hasta los hombros durante años y necesitaba un cambio pero, medio sospechaba que lo había hecho para marcar dramáticamente el fin de una relación.

    "Kathy hubiera odiado este peinado", pensó vertiginosamente.

    En la escalera de la planta de arriba, se subió a una silla de madera, empujó la ventanilla y tiró de la bien lubricada escalera que conducía al laboratorio.

    Las luces se encendieron gradualmente cuando bajó la ventanilla. Levantó la vista hacia el tragaluz cubierto y la ventana con algo de lástima pues pensaba que estaría oscuro a estas horas. Recordó su emoción por el tragaluz cuando encontró la casa por primera vez, imaginando que era perfecto para un dormitorio. Pero Kathy se quejaba de tener que bajar escalando en mitad de la noche para ir al aseo.

    "Es un inconviente pero, aún así, sería genial despertarse bajo el sol."
    De modo que, en su lugar, aquí acabó el laboratorio. Cuando Kathy terminó por mudarse a Frisco, Nicky no tenía tiempo de molestarse en sacar todo el equipo del laboratorio.

    Lo que había empezado como una pequeña operación con un HornoFácil y una mesa vibratoria se había expandido bastante en unas cuantas cosas.

    * * * * * *
    CONTINUARÁ
    Última edición por Artifacs; 17-May-2018 a las 10:54
    "Al principio se creó el universo. Esto cabreó a mucha gente y fue ampliamente considerado como un mal movimiento."
    Douglas Adams (Guía del Autoestopista Galáctico)

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    Post Todos de Silicio: Nicky II

    (2) Jim Munroe: "Todos de Silicio"
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    ************************************
    Nicky (II)

    Soldada contra el techo inclinado había una larga estantería plateada con toneladas de vasos y viales y otras antigüedades para las que Nicky tenía debilidad. La configuración de su ordenador también estaba desactualizada aunque estable, como el resto de su equipo. Había recogido todo eso cuando el departamento de genética quedó desfasado.

    Ella denominaba su actividad experimentos de silicio. Dos habían nacido vivos. Uno era una chiripa de tres cabezas llamada Cerberus y el otro tenía un único ojo en mitad de la frente. Se había concentrado en la chiripa Cíclope primero, sin mayor satisfacción que la de que conseguía pestañear con normalidad. La última versión había nacido con una pestaña estropeada. Consultó a la chiripa Cerberus. No le iba muy bien, sólo una de las tres cabezas respiraba con normalidad.

    Aumentó la visión sobre los órganos y puso al ordenador en diagnóstico. El corazón brillaba en rojo, al 125% del ritmo normal. Esta vez, los pulmones estaban dentro de los parámetros normales aunque todavía un poco fuera del límite. Nicky suspiró.

    "Quizá tres cabezas no sean mejor que una..."

    Volvió al Cíclope y le presentó diferentes estímulos. El modelo chiripa ladraba felizmente cuando le presentaba pelotas de comida, compañeros sexuales y caricias. A Nicky le pareció bien, de modo que descompiló al perro en sus ingredientes engendradores.

    Para liberar algo de memoria, volvió a la mascota enferma y la borró. El ordenador, como siempre hacía cuando borraba, emitió un gritito. Sólo era algo mórbido que los programadores de CortaFácil habían puesto pero a Nicky siempre le recordaba la primera vez que lo oyó.

    Había sido en la primera semana de clases, cuando todos estaban entrenando con el equipo. Su profesora, una pequeña asiática sin pelos en la lengua, estaba mostrándoles cómo se usaban los programas de silicio:

    "Bien, cuando era niña aún trabajábamos con la carne. Nada de esas mierdas de simulación por ordenador. Usábamos fertilización in vitro, siendo muy muy cuidadosos. Pero las cosas iban mal y, cuando lo hacían, tenías que coger a la criaturita enferma y sacrificarla."

    La profesora borró el experimento actual y el ordenador gritó. Ella sonrió al pequeño grupo de estudiantes sobresaltados.

    -"Novatos," se mofó.

    Mientras Cho era empujada por ellos hacia la siguiente pieza de equipo, Nicky notó que los lóbulos de sus orejas estaban temblando.

    Nicky recordó estar más sorprendida por los altamente modificados lóbulos de la profesora Cho que del propio grito. Nunca había visto "Club Kickers" en la vida real. La temprana modificación corporal que pulsaba con sonido estaba pasada de moda desde hacía más de 20 años. Tras superar el shock, Nicky decidió que era valiente. Aún más tarde, pensó que daba pistas sobre porqué Cho permanecía en genética cuando había cesado de ser científicamente relevante. Simplemente, a Cho no le importaba lo que pensaba la gente.

    Al final del segundo año de Nicky, su departmento se cerró y Nicky pidió cita para ver a Cho,
    supuestamente, en busca de dirección sobre qué corriente tomar ahora.

    Cho estaba trabajando sobre un experimento de silicio de un caballo tri-pulmonar cuando Nicky entró. Saludó a Nicky con una silla e hizo algunos ajustes más antes de cerrar el caballo.

    Mientras pestañeó, Cho se reclinó en su silla y balanceó su cabeza.

    -"Estoy algo sorprendida de verte aquí," había dicho Cho.


    Nicky simplemente miró la sonrisilla de la profesora, tratando de no mirar sus lóbulos danzarines.

    -"Me parecías más ser alguien que sabía lo que quería hacer," continuó Cho. "La gente que ha estado en esta oficina últimamente es un desastre. Pero esto lleva ocurriendo desde hace mucho tiempo. No ha habido ningún empleo en genética desde hace una década... excepto empleos docentes. Tenemos suerte de que la escuela permita a sus alumnos transferir algunos de sus créditos. Cuando las artes se desfasaron, ni siquiera les daban eso."

    Nicky se preguntó por la actitud defensiva de la profe.

    "¿Era a causa de haber estado tratando con alumnos enfadados toda la semana o era la reacción reflejo del profesional sabelotodo?"

    Decidió abandonar la persecución:

    -"¿Qué va a pasar con el equipo del laboratorio?"

    Cho parecía que no lo había considerado.

    -"Está demasiado desactualizado para usarlo en cualquier otro departamento," pensó en voz alta. "Lo harán chatarra, supongo."

    Manteniendo una cara neutra, Nicky dijo:

    - "Tengo un par de experimentos que me gustaría terminar y no tengo acceso a nada parecido."

    Cho asintió, sus ojos frios de repente. Se tocó el puente de la nariz.

    -"Hmm. Sí, bueno... Me pondría yo misma en riesgo si algo no ortodoxo les ocurriera..."

    De pronto, Nicky estuvo muy contenta de no haber hablado nunca con Cho sobre asuntos personales.

    -"He visto los precios de equipos usados y son demasiado caros. Voy a tener que mudarme como están las cosas."

    -"Mi situación tampoco es muy buena," dijo Cho incómoda. "¿Tus padres?"

    -"Me han cerrado el grifo," dijo Nicky prefiriendo no elaborar.

    Algo en Cho se desinfló.

    -"Sí, a mí también. No hay empleos en un mundo digital para nosotras, obreras de la obscena carne," murmuró. "Arquitectura de Información, señorita, eso es lo que te sugiero."

    -"Ya," dijo Nicky tratando de mantener un tono respetuoso. "Eso es lo que mi mamá dijo."

    Unas semanas después, Nicky tenía un laboratorio completamente funcional en el ático. Un poco lento, pero era un sistema estable con Genoma 2035 instalado. El HornoFácil fue sencillo de conseguir, se acabó lo de tener que enviar fuera sus experimentos para compilarlos. Y si los vasos y tubos de ensayo que había obtenido hacían un poco ruidosa la casa, al menos le daban un sentido de historia.

    Tampoco era historia antigua. Le recordaban a su primer año, trabajando junto a otros alumnos hasta tarde tarde tarde para terminar un experimento. Alguien, inevitablemente, terminaba cocinando algo en alguno de ellos para romper la tensión.

    "Y había mucha, con el estrés del tiempo de entrega, el equipo limitado y los egos."

    Hasta el punto, por el incentivo, de que alguien llegaba del laboratorio de química y ponía un vaso humeante de algo sabroso y narcótico a la vista de todo el mundo.

    Pensar en aquellas largas noches y jodidas mañanas hacía sentir a Nicky una ola de nostalgia. Para combatir lo solitaria que se sintió de repente, pidió al ordenador una música rápida y melódica. Inició una nueva chiripa Cerberus y empezó a trabajar en sus órganos, ocultando todo excepto el problema de pulmón y corazón.

    "Quizá podría conseguir un poco más de espacio deshaciéndome del bazo..."

    Pocas horas después, su reloj habló:

    -"Hey, Nicky, Estoy en la puerta."

    -"Oh, hey JK. Bajo en un segundo."

    Una escalera y tres vuelos de escalones después, ella podía ver la gran silueta de JK enmarcada en el encaje de la ventana acortinada junto a la puerta.

    -"Perdona, llego tarde," dijo JK mientras entraba.

    Él miró por la casa a su modo característico, deteniéndose y fisgando intencionadamente en cada pequeño espéctaculo.

    -"No hay gran cosa, He estado reduciendo mi laboratorio."

    -"Tío, tienes recibidor. Desearía tener un recibidor," dijo JK buscando un lugar para colgar su bici.

    Nicky la recogió de sus manos y arqueó una ceja mientras la colgaba en un perchero para abrigos, diciendo:

    - "¿Tenías mucha prisa o algo?"

    JK sonrió.

    -"Na. Sólo me apetecía pedalear."

    Nicky sacudió la cabeza camino a las escaleras.

    -"Eres un loco temerario, JK."

    Él se encogió de hombros.

    -"Ya no es peligroso. ¿Quién va atropellarme ahora...? Tío, tienes un salón. Yo quiero un salón," dijo JK cuando pasó por él.

    Nicky no podía resistirse a exibir el amplio espacio girando con los brazos extendidos.

    - "Tienes que mudarte a Strathcona, hijo."

    -"Tu pelo queda estupendo cuando giras así." dijo JK riendo.

    Subieron al ático y, mientras JK comprimía sus hombros a través del agujero, Nicky despejaba algunos platos del HornoFácil. Cogió uno vacío y lo sostuvo sobre él.

    Él se sentó sobre la repisa plateada y curioseó dentro. Cogió una cajita de metal de un bolsillo interior, sacó algunas semillas de ella y, mientras las colocaba dolorosamente en los compartimentos del contenedor, Nicky se preguntó porqué no se deshacía de los músculos cuando estaba, constantemente, tratando con cosas diminutas.

    "Y si iba a gastar dinero en modificadores corporales, ¿porqué no corregía primero su visión?"

    Pero al verle concentrado en la tarea, Nicky decidió que no quería preguntar. Era más interesante, en cierto modo, no saber.

    Él cerró la caja con un "click" y se la pasó a ella. Ella la metió en el HornoFácil y lo configuró en Sólo Orgánicos.

    - "No necesitas copiar también la caja, ¿verdad?"

    JK negó con la cabeza.

    -"Nop. Los metí ahí de forma que estén lo bastante separados. La última vez los dejé sueltos, hubo muchos que se fusionaron juntos."

    -"¿Es bastante con cien de cada?"

    JK se lamió los labios, parecía dolorido.

    -"Eso sería estupendo pero no sé cuánto extra tienes..."

    Nicky le cortó alzando la mano.

    - "Tranquilo, tengo la máquina cargada a tope. Y mis proyectos son únicos-en-su-especie más que producidos en masa así que no necesito mucho."

    Ella puso a funcionar la máquina.

    -"La tarea llevará unos ocho minutos," dijo el HornoFácil. "y usará menos del 1% del toner restante."

    -"¿Ves?" dijo Nicky. "Voy a por una taza de té. ¿Quieres una?"

    * * * * *
    CONTINUARÁ
    Última edición por Artifacs; 17-May-2018 a las 10:50
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    Post Jim Munroe: Todos de Silicio, Nicky (III)

    (3)Jim Munroe: "Todos de Silicio"
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    ************************************
    Nicky (III)

    El rostro de JK perdió su ansiosa apariencia.

    -"¡Ah!" dijo asintiendo y escarbando en su bolsa. Pocos segundos después sacaba un tarro lleno de hojas oscuras. "¡He traído té!"

    Nicky, a medio camino en la escalera, miró el tarro y alzó una interrogante ceja. JK simplemente sonrió y se puso el tarro bajo el brazo, la siguió hasta el salón y llegaron a la cocina.

    Nicky ya estaba cogiendo una tetracaja Conde Gris de Starbucks.

    -"Oh, venga ya," dijo JK, destapando el tarro y sacando una hoja. "Sólo necesito una tetera de agua hirviendo y, luego, tendremos té."

    -"Lo siento, no hay tetera," dijo Nicky con una sonrisa, golpeando la caja contra la encimera y pelándola para abrirla. Puso dos tazas junto a ella y cuando una espiral de vapor se deslizó fuera de la abertura, se sirvió una para ella. Miró hacia él para ver si quería una y él asintió derrotado, retorciendo la tapadera de vuelta al tarro.

    -"Oh, venga." Ella le tendió la taza festoneada de globos con la frase...

    "Lordy lordy look who's forty!"
    ("Señorito señorito mira quién tiene cuarenta años")

    ...y la posó de golpe sobre su hombro. "Recuerda lo que pasó la última vez que tomé una de tus pociones de hierbas."

    La cara de JK se agrietó en una traviesa sonrisa.

    -"Dijiste que querías emborracharte," dijo. "Si no hubiera sido tras el barril de cerveza habrías estado bien."

    Nicky dejó su silencio como respuesta, aunque estaba realmente complacida de haberse salvado de lo que fuera que él trataba de tomar. Se acomodó en el gran sillón acolchado y estiró las piernas. JK puso el té sobre la mesa del café y metió un dedo en la caja de las chiripas.

    -"¿Y aún haces pasar estos perros cobaya como bonsais caninos?" dijo JK.

    -"Sip," dijo Nicky, dando un sorbo de té y reposando la taza en su barriga. "Ahí es a dónde me dirigía cuando te ví en la Avenida hoy, en verdad. Me rentó bastante para el próximo mes."

    -"Genial," dijo JK, luchando a dedo con la criaturita. "¿Y nunca se las quedan y vuelven?"

    Nicky se encogió de hombros.

    -"La persona común no sabe la diferencia entre una simple unión perro cobaya y un bosai. Salvo la extensión de vida y la fuerza de la mandíbula, no hay mucho que decir que los diferencie. Además, siempre vendo a turistas, así que siempre sé que tomarán un avión muy pronto y se las confiscarán."

    -"Ya, la Avenida apesta a turistas hoy en día. Mucha gente haciendo un recorrido final antes de que mejoren. Piezas fáciles."

    Nicky dió otro sorbo y miró al techo ornamental, manchado de humedad pero aún grandioso.

    -"Sí. Me siento algo mal por ello pero no hay daño real. Si tienen dinero para volar o mejorar pueden permitirse apoyar la cultura local."

    -"Tiempos desesperados requieren medidas desesperadas," murmuró
    JK. "¿Les puedo dar de comer hojas de té?"

    -"No, so loco, tienen una dieta muy estricta." Nicky dejó de mirar el techo y miró directamente a JK. "Aunque el asunto es, no creo que estos sean tiempos desesperados. Llevo viviendo de este engaño medio año. Pero..." Apoyó la cabeza de nuevo. "Sólo por que soy lo bastante lista para encontrar modos de vivir decentemente en este mundo de mierdecilla no significa que el mundo no sea mierdecilla."

    JK se giró desde la caja y pasó una manó por su melena:

    -"Bueno," comenzó, con una hoja sobresaliendo de su boca, la chupaba pensativamente. "No es que las cosas vayan a empeorar. En ciertos sentidos... están mejorando. Son más fáciles, al menos. Menos fastidiosas. Es sólo que el mundo está...perdiendo relevancia."

    Tiró de la hoja fuera de los labios y la dejó caer dentro de la taza.

    -"No quiero que acabes flipado en el suelo de mi salón," avisó Nicky. "Esta es una casa respetable."

    -"En serio, es sólo té, Nicky," dijo JK. "De la India."

    -"¿Cómo has conseguido un puñado de materia orgánica bruta?" le retó ella. "¿De tu club de pedidos por correo?"

    -"No del correo, ya no," dijo vagamente.

    -"Su tarea se ha completado," dijo el reloj de Nicky. "¿Le gustaría que...?"

    Nicky lo hizo callar con un golpecito y dejó el té en la mesa.

    -"Yo lo cogeré, tú quédate aquí."

    Se abrió camino hasta el ático, abrió el HornoFácil y sacó con cuidado las gavillas de semillas. Con apenas derrames, consiguió deslizar la mayoría de ellas dentro del contenedor original, confiando en que era eso lo que JK quería; y selló la tapa. Luego, retomó el camino abajo, diciéndole al sistema que guardara cambios y se apagara solo y sintiendo que su cuerpo se quejaba mientras bajaba del laboratorio. Estaba demasiado cansada para trabajar más por esa noche. El té le había fallado.

    JK estaba de vuelta con la caja, mirando a las chiripas.

    -"¿Quieres una? ¡Sólo diez de los grandes!" irrumpió Nicky mientras le entregaba el contenedor.

    -"Fantástico," dijo él mirando dentro.

    -"Sí, la máquina no divide por color," dijo Nicky. "Tendrás que hacerlo a mano."

    -"No creerías el estrés que ésto me ahorra, Nicky, eres un angel."

    -"¿No un pulpo?" dijo Nicky, tirando de sus coletas.

    -"Da lo mismo," rió JK. "En serio, la última vez tuve que ir a la de Kinko."

    -"No tienen HornoFácil allí," dijo ella.

    JK asintió. "Lo sé, pero hacen duplicación orgánica. Solo que estuve increíblemente nervioso todo el tiempo, asumiendo que me harían rellenar un formulario de intención de uso."

    -"¿Y qué vas a hacer con ellas, a todo esto?" dijo Nicky confiando en parar las olas de gratitud antes de constituyeran un tsunami.

    -"Otra fiesta nueva de cultivo. Espero que puedas venir a ésta."

    -"Bueno, yo espero que me avises de ésta," dijo Nicky golpeándole en su gran pecho.

    -"Lo sé, perdón por aquello."

    -"Mmm-hmm."

    -"Pero ahora eres prácticamente una patronizadora. Así que te enviaré las coordenadas."

    -"Excelente," dijo Nicky amagando un bostezo.

    JK cogió su mochila de donde la había dejado al lado del sofá y la abrió. Buscó al tacto algo allí y lo sacó.

    -"Oh sí."

    Sacó una pequeña holomoneda y la lanzó al suelo. Un unicornio surgió de ella y trotó en un círculo, se detuvo, pareció notar a Nicky y dijo en un tono gimoteante...

    -"¡Venga a ver el show de Mike Narc!"

    JK estaba alejando el contenedor.

    -"Me figuré que trabajabas en temas similares..."

    Nicky alzó un hombro.

    -"Má-o-meno."

    La invitación al show era ahora una gran mujer flotante que entonaba la hora y lugar.

    - "Le conocí una vez y me chocó..."

    Ella miró a JK:

    -"¿Conoces a Mike?"

    JK hizo el gesto del dedo para "un poco".

    -"No sé. Quizá vaya," dijo Nicky recogiendo el proyector de la moneda.

    -"Es un poco arrogante," dijo JK poniéndose la mochila.

    Se rieron de su vehemencia.

    -"Aunque podría deberse al hecho de que trabajamos en territorios similares," admitió Nicky.

    JK movió la cabeza. "Aunque es tan diferente, en términos de trato."

    Nicky estrechó la boca, asintió. "Eso creo."

    JK miró la hora. "Cielo santo, tengo que pirarme." Se encaminó hacia la puerta. "¡Nos vemos!"

    Nicky se giró y caminó hasta el salón, cogió el tarro del té. "No, sin esto no te vas."

    -"¡Mierda!" dijo JK inclinando un hombro para abrir la mochila. "No puedo olvidar éso. Vale nos vemos ahora de verdad," JK abrió la puerta y salió.

    -"Hasta luego," dijo Nicky y cerró la puerta.

    No fué hasta que hubo regresado del salón con la tazas vacías cuando descubrió la bici, aún colgando del gancho para los abrigos.

    * * * * *
    CONTINUARÁ
    Última edición por Artifacs; 17-May-2018 a las 11:40
    "Al principio se creó el universo. Esto cabreó a mucha gente y fue ampliamente considerado como un mal movimiento."
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    Post Todos de Silicio: Doug (I)

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    ************************************

    Doug (I)


    Doug aleteaba por los números de nuevo, sus largos dedos se movían espasmódicamente.

    ("Nop. No hay forma de hacerlo.")

    Suspiró e inclinó la cabeza para apoyarla contra la palma de la mano, dejándola allí como una bola de cristal sobre una almohada de seda.

    Y aunque no le daba ninguna respuesta, la cabeza de Doug era, de algún modo, como una bola de cristal: la cima calva de su cabeza relucía suavemente, anillada por una orla de monje bien cuidada. Su oblonga cara encajaba con su actual estado depresivo: la miseria de unos finos labios acompañada por un fino bigote.
    Doug se levantó, se estiró y miró por su ventana.

    A través de un pequeño trozo cuadrado de 30 cm de lado, podía ver las montañas. Sólo las cumbres pero eso era suficiente. No tenía ni idea de cómo el trozo se había desgastado, ni porqué permanecía sin arreglar. Había considerado decírselo a alguien pero no era que sus jefes hicieran dinero de los tableros que cubrían el exterior de los edificios. Eso era competencia del dueño del edificio.

    Daba un poco de miedo, no obstante, ese espacio de anuncio principal se había dejado desperdiciar. Era la indicación más clara que Doug había tenido de que las cosas estaban realmente cambiando, de la emigración o como fuera que los inventores de retruécanos la llamaran estos días. Realmente.
    debería haber sabido eso, por supuesto, pero Doug había sentido que su preocupación por tales asuntos disminuía de forma creciente con los años, un gotera que era incapaz de arreglar.

    Miró su reloj. Doce menos cuarto.

    ("Mierda.")

    Se reclinó en su silla. Dió golpecitos en los reposabrazos, miró a su trozo de cielo. Contempló la hoja de finanzas que flotaba ante él en su cuboespacio.

    ("Oh, que le den. Está bastante cerca.")

    Se levantó apartando la hoja extendida y se abrió paso a codazos dentro de su abrigo negro. Se encaminó a salir por la puerta comprobando su reloj para ver si tenía bastante para ir al Pilar.

    ("Maldición. No hay bastante para una comida decente y propina.")

    Paseando entre la gente en el pasillo, ocultaba su decepción.

    ("Joder, cómo odio el día antes de la paga.")

    — "Hola, Gloria."

    -"Almuerzos tempranos para los ejecutivos."

    ("Chismosa") — "Bueno. No estamos todo el día de chismorreo al teléfono, así que necesitamos un descanso adecuado."

    -"Ja ja."

    ("¿Qué estoy haciendo, boxeando con la secretaria?")

    -"¡Doug! ¿Cómo te va eso compinche?."

    -"Manteniendo, Mike, ya sabes cómo lo hago." ("¡No! no subas al ascensor ah mierda") -"...y qué, ¿a dónde sales?"

    -"Al Pilar. Nunca tengo bastante de esa cosa, piñata de kelp. ¿Y tú?"

    ("Es paella, idiota.) - "Oh, McDonald's."

    - "¿McDonald's?"

    ("No actúes como si nunca hubieras oído hablar de él, so gordo bastardo") — "Claro. Me obligo a mí mismo una vez por semana al menos. Mantiene mi oreja pegada al suelo."

    -"Hmm."

    -"Todo es la misma comida, me refiero. El Pilar es un McComedor." ("Dios, eso fue desesperado").

    -"Cierto, cierto. Bueno, vigila esos McNuggets, ja ja."

    -"¡Ja! Nunca los toco." ("¿Pueden estas puertas abrirse más despacio?)

    -"Bueno, cuídate."

    Mientras el ascensor barría fuera a Mike hacia el centro comercial subterráneo, Doug pescaba en su bolsillo en busca de un pañuelo. Se impulsó a través de las puertas, vagamente, giratorias hacia un día bastante agradable, pero Doug tenía su pañuelo de puntos-polka firmemente presionado en la boca mientras se dirigía hacia los arcos dorados.

    Captó un fogonazo de sus montañas entre dos masivos edificios y casi tropezó con un anciano que cargaba una bolsa de basura de aspecto bastante húmedo.

    -"Que De Dén," le dijo el anciano a través de los labios hinchados y Doug se avino con un movimiento de cabeza y salió de la nube de olor tan rápido como fue posible.

    El signo de McDonald's brillaba por encima, rezando de forma imprecisa:

    "Servidos a 99 Billones."

    Se había congelado ahí desde que Doug había estado vivo e incluso él había escrito un ensayo sobre ello para una clase de historia corporativa.

    - "Obviamente, existía la consideración práctica del coste relacionado con la adición de nuevos espacios para números mayores," había escrito él a los gallitos adolescentes de nativa auto-seguridad. "Y estaba también la numeración de los '90s y '00s a considerar. Una reacción de último suspiro contra el modelo de crecimiento ilimitado. Así que los escalones superiores de McDonald's se sentaban firmes, sabiendo que ya habían declarado sus opiniones: que todo el mundo adora sus hamburguesas asadas a la llama."

    De pie en la fila, el olor grasiento le recordó que no estaban asadas a la llama en absoluto. Él había perdido marcas por eso, aunque había recibido altas marcas por el análisis. Eso es lo importaba desde que estuvo seguro, incluso entonces, de que su futuro yacía en la caza de tendencias.

    Doug pulsó con el pulgar por una hamburguesa y patatas fritas, teniendo que apretar el gastado icono de fritas dos veces antes de quedar registrado. Presionó su reloj contra la placa de pago y lo mantuvo allí. Se emitió un "ding" de aprobación y al alivio que Doug sintió por ello le siguió rápidamente el auto-desprecio. Preocupado sobre el coste del almuerzo en Mickey Dee's...

    La bandeja se deslizó hacia él. La recogió y se dirigió a una mesa vacía rodeada por otras mesas vacías, tan lejos de un grupo de jóvenes como pudo llegar. Un Doug
    Patterson más joven habría tratado de llegar un poco más cerca, escuchar la conversación y hacer notas mentales de la jerga, pero Doug Patterson con 37 desenvolvió su hamburguesa y los observaba con aburrida indiferencia fortificada por la precaución.

    -"Pero las dos pistas se estaban uniendo, vale. bueno-bueno-bueno, yo le digo... como" el chico dió una calada, "Vamos, mierdecilla. Tú querías hacer una carrera, pues corramos." tenía enormes vacíos entre los dientes y la total atención de su personal. "Unoveinte-unocuarenta-unos/xZy. . . el jodido no paraba, le concederé eso. Debería haber pensado. Acabó chafado como la pantalla del Macy. ¿Totalmente?" dió otra calada y soltó un flujo de humo a su dedo pistola, escuchó a su personal hacer ruídos de impresión. "Mi Camaro no tuvo ni un rasguño."

    Una de las chicas, de unos nueve años, gritó. Luego, se quedó quieta, llevando las rodillas al pecho: "Oh mira, bueno-bueno-bueno, esta es mi fantasmada, alar-ma."

    -"Verifícalo. Que te den, so...¡Lárgate! Vete y verifíca. La pasada noche. Granville con la Séptima." El chico cruzó los brazos, grandes como en los dibujos animados a causa de su chaqueta hinchada blanca y estiró su barbilla. "¡Vete! Pareces estúpida."

    La chica habló exageradamente a su reloj "Lista de fallecidos. "

    -"¿Dije yo que había muerto? No, no lo hice..."

    -"Cancela. ¿Ocurrió un accidente de coche ayer en Granville con la Séptima?"

    El chico y la chica se clavaron la mirada mientras esperaban, sonsacando las risitas del resto. Al fín, el reloj verificó un accidente. El chico extendió sus manos hacia afuera, con una sonrisa con dientes vacíos en la cara: -"Y eso es... "

    -"¿Coches involucrados con esta colisión?" continuó la chica, su cara era un estudio en marco redondo sobre la inocente curiosidad.

    -"Dos coches, un Camaro Extremis y un Lightfoot, fueron remolcados del lugar."

    Un chico se cubrió la cara con las manos, gimiendo, y los sonidos de hilaridad mísera inducida abatieron al fanfarrón de dientes vacíos.

    -"Tocado," pronunció la chica con un leve indicio de sonrisa en sus labios.

    -"¿A quién le importa?, llevé ese Camaro hasta... como unos doscientos cuarenta" comenzó.

    Cantinela: "Tocado"

    -"Ah, Gano dinero todo el tiempo", dijo el chico levantándose y moviéndose hacia el mostrador.

    -"¿Cuántos cargos de remolcado se han pagado?" preguntó la chica a su reloj mientras él se alejaba.

    -"Cero dólares." Risas. "Aumentando un 13% de interés por año."

    Uno de los chicos se levantó y llamó:

    -"¡Tú, Cero! ¡Tráeme una hamburguesa, maderfaker!" Luego pareció ver a Doug. "Bueno-bueno-bueno, fisgón cobardica. ¿Te gusta ésto?" Señaló a la tableta de abdominales en su cuerpo pre-púber, visible a través de una camiseta transparente.

    Doug negó con la cabeza y miró a otro lado terminando su burger y empezando con las fritas. Vació el paquete en la bandeja y las llenó de ketchup, concentrándose en sus movimientos, deseando alejar la atención sobre él como un convicto en escapada se aleja del foco en el patio.

    Doug levantaba puñados de fritas hasta su boca en un esfuerzo de comer más rápido con disimulo. Sólo así podía engullir el derivado de patata tan rápido y alzó la vista para ver al chico dientes vacíos yendo hacia él cuando volvía del mostrador.

    -"Bueno-bueno-bueno," dijo el chico, sacando un paquete de canutos y deslizándolo a su lado. Dió lumbre al canuto y a Doug un rápido examen, pausando en su extensa coronilla calva. Doug se dió cuenta de que lo que había pensado que eran huecos eran dientes tatuados de negro.

    -"¿Cómo te va, tío?"

    -"Bien." Doug elevó sus ojos hacia los del chico pero éste ya estaba mirando a sus amigos que hablaban entre ellos. Sólo la chica estaba en verdad prestando atención. Doug seguía segando su pila de patatas fritas.

    -"¿Sabes, tío?," dijo el chico. "Estos Marlboros son muy suaves. Es una mezcla perfectamente equilibrada de tabaco y marihuana que atesta un golpe mientras mantiene el sabor."

    -"En serio," dijo Doug, feliz de que el chico sólo estuviera haciendo publicidad en vez de cualquier otra cosa. "Marlboros, dices," dijo con voz de interés, recogiendo lo último de ketchup con la última de sus fritas.

    -"¡Sí! ¿Porqué no pruebas uno?"

    Doug cogió uno de los canutos del paquete verde y blanco y lo puso sobre su bandeja:

    -"Gracias."

    -"Sí, Marlboros. Los Marlboros son..." el chico estaba comprobando su reloj.

    ("Inútil"), pensó Doug:

    -"¿Sabroso?" sugirió. "¿Con un efecto que dura todo el día?"

    -"Bueno-bueno-bueno, con-un-efecto-que-dura-todo-el-día," dijo el chico, más a su reloj que a Doug.

    Un segundo después:

    -"Joder. ¿Porqué no me llevo nada por ésto?"

    Doug se levantó. "Tendría que habértelo dicho antes. Deberìas haberme ofrecido también un encendedor."

    El chico buscó en su bolsillo.

    -"No fumo, pero te llevas algunos dólares extra por ofrecer un encendedor," vació la bandeja en la papelera, el cigarrillo se quedó pegado durante un segundo antes de obedecer a la gravedad.

    -"¿Porqué has tirado el canuto?," dijo el chico amargamente.

    -"Ya no son tendencia." dijo Doug, caminado lejos de allí, sacando el pañuelo del bolsillo y quitándose la grasa de los dedos.

    -"¿Qué demonios sabes tú sobre tendencias?," balbuceó el chico, "Tío calvo."

    Doug salió empujando la puerta, oyó al chico gritar:

    -"¡Dinero, Alia, hora de hacer dinero!" mientras se reunía al grupo.

    Por la ventana, vió una escena: el chico de la chaqueta blanca mostraba a alguien el saldo bancario en su reloj; ese alguien parecía desdeñoso; la chica de los rizos contemplaba al chico de dientes vacíos con rostro tan plácido y vago como el de una víbora segundos antes de atacar. Había algo en su cara que le recordaba a su propia hija y Doug salió caminando rápidamente, tratando de distanciarse de ese pensamiento.

    Tras llevar el pañuelo hasta su nariz, decidió guardarlo en el bolsillo.

    ("Mejor aire sin filtrar que aire filtrado con grasa de patatas fritas.")

    Mientras sorteaba a los indigentes que ensuciaban las aceras, recordó un artículo que había leído el día anterior sobre Frisco: supuestamente, algunos indigentes habían sido introducidos en localizaciones seleccionadas "para facilitar la transición psicológica." Doug pensó que el artículo entero lo había, probablemente, inventado Usted por razones de marketing, pero aún así...él podría haberlo admirado excepto que era incapaz de pensar sobre Frisco sin que una bola de ansiedad viva girara en su estómago.

    Y, naturalmente, había un anuncio en el asensor que le hizo pensar sobre ello. El logo de Usted latía de vida:

    - "Si ya se hubiera mejorado, no tendría que perder el tiempo en esta estúpida caja. Horas de su vida pasan enviando su carne de un lugar a otro, representando miles de pérdidas..."

    Doug emitió un sonido de rabia.

    El anuncio de Usted tomó otra forma:

    -"¿Problemas de impulsos agresivos? Todos los tenemos pero, ¿no sería genial si pudiera controlar sus emociones y, simplemente, relajarse? Con el paquete Plata de Usted..."

    Una señal de estremecimiento de Doug transformó el anuncio de nuevo:

    -¿Se siente deprimido? ¿Sus días tristes reducen su productividad? Si..."

    -"¡Cállate," dijo Doug en tono tan neutro como pudo.

    El anuncio hizo una pausa durante un segundo y Doug casi pensó que le había escuchado. Pero no:

    -"¿Harto de anuncios bombardeándole en cada segundo de cada día? ¡Conseguir el paquete Oro de Usted hace que los anuncios sean opcionales!"

    Las puertas se deslizaron para abrirse y el anuncio le animó mientras salía:

    -"¡Hágalo por Usted!"

    El tono de guitarra reverberó hasta que las puertas se cerraron piadosamente.

    Doug retomó el camino a su oficina por el recibidor, sintiéndose más derrotado de lo que estaba cuando salió. Apenas se había sentado cuando un hombre de pelo corto blanco asomó la cabeza del umbral de una oficina:

    - "¿Preparado para las dos en punto, deporte?" preguntó a Doug.

    -"¡Será a las dos en punto!" disparó en respuesta Doug confiando en haber usado un tono cordial.

    Se levantó y cerró la puerta tras él. Su Puerta. El, y el único, resultado de la expansión de la compañía, que, al menos, ese idiota de Stevens había dejado libre dos meses atrás.

    ("Stevens no era tan malo")

    Se recriminó Doug mientras volvía detrás de su escritorio. Más que tener que compartirla con él era como enviar el mensaje:

    -"Él ya no era merecedor de su propia oficina a los ojos de la gerencia. Ya no era el joven tiburón que había sido en su mejor tiempo, sacando tantos datos como ellos necesitaban."

    ("Ah, fue mala suerte.")

    El hecho de que él había estado allí desde el principio del asunto Ripper, de que se había deslizado tan fácilmente dentro de la comunidad allí...

    ("Demonios, de que había comenzado en Vancouver. Fue mala suerte.")

    Pero había estado bien durante, al menos, diez fáciles años en la compañía, años en los que sus palabras se recogían como frutas sagradas cuando caían de sus labios.

    Doug comprobó su agenda para ver sobre lo que Lauden quería hablar.

    ("Tendencias de Consumo, Tabaco.")

    Lauden era un tradicionalista y quería algo bueno con lo que alimentar a Philip Morris para mantenerlo como cliente aunque hubieran serios problemas con las transiciones actuales.

    ("Se cómo te sientes, Phil, viejo amigo.")

    Pensó Doug mientras escaneaba la conversación que había tenido con el chico en el McDonald's.

    Sólo había dos o tres pedazos que podía usar pero, él estaba en la mayoría de ellos. Trabajó en su análisis, feliz de concentrarse en algo durante un rato y, muy pronto, la cabeza blanca puntiaguda de Lauden se asomó. Doug asintió, se levantó, devolvió la información de vuelta a su reloj y siguió a Lauden por el pasillo.

    -"Bueno, le he pedido al chico nuevo que trabaje en esto," dijo Lauden con su cara neutra.

    Doug sintió que algo desagradable le atravesaba, algo que no podía aún identificar.

    -"Maldición. ¿Puede empeorar este día?".

    -"Oh, cálmate, Patterson. ¡Te solía gustar una buena pelea!"

    Doug se mordió la lengua.

    ("Eso era antes de que la oficina central comenzara a contratar escoria de las calles.")

    Miró a la cara pastosa de Lauden, que no revelaba nada.

    -"Quiero decir, al menos entre tú y yo había algo interesante en ello."

    -"Ja ja," dijo Lauden manteniendo la puerta abierta para él.

    ("Oh genial. No sólo el chico nuevo sino también el jefe.")

    Doug rodeó la mesa y sonrió a su jefe.

    -"¡Sr. Harris!"

    El Sr. Harris se levantó y sacó su mano para estrecharla. Doug casi cae en ello, pero:

    -"Oh no, nada de eso viejo bastardo," dijo Doug parando cerca de caer en la trampa, moviendo el dedo a Harris.
    Doug había percibido algo demasiado simétrico en el pelo de su jefe.

    -"¿Cómo lo has sabido?" dijo Harris, "¿Es por la resolución?"

    -"Dios, no," dijo Doug escogiendo un asiento frente al jefe y dos más allá del chico, cuyas emanaciones de desprecio ya casi podía sentir.

    -"La resolución es fan-diver-tas-tica. Mejorar va con usted, señor. No, era sólo que sabía que usted no había entrado en el edificio."

    -"Parece muy buena desde donde estoy, también. Derechos al grano," dijo Harris golpeando la mesa.

    -"Wow, el sonido de esta configuración es muy ñam," dijo el chico.

    ("Dios, no ha pasado ni un minuto y ya está soltando jerga."), una parte del cerebro de Doug se enfureció.

    El chico vestía, como era habitual, al último estilo del conjunto de 12-17 años, su cara era tan fresca que parecía sin cocinar.

    -"Bueno, me alegra verle señor," dijo él. Y era cierto, parcialmente.

    Harris era el único cazador de tendencias con el que Doug podía hablar sobre algo más que tendencias, alguien con el que podía hablar de altos conceptos y teoría. Pero también sabía que Harris se estaba impacientando.

    -"Muy bien, bueno..." comenzó Lauden. "¿Que tienes para nosotros, Doug?"

    Doug empezó a sacar archivos, agradeciendo silenciosamente a los dioses por su escasez.

    -"He reunido pequeños datos sobre la materia," dijo mirando sus notas. "No sé si vamos en la dirección correcta con nuestra asunción de que fumar es una tendencia en declive. Podríamos estar precipitándonos."

    -"Mira, todos los estudios hasta ahora han mostrado que está en fase terminal," comenzó el chico en un tono que a Doug le sonó ensayado. "No hay peligro-appeal, ni vice-appeal. El mono listo dice que va a desaparecer. Philip ha tenido una larga carrera, es hora de cerrar la tienda."

    -"Nuestro trabajo no es aconsejarle sobre operaciones," dijo Lauden.

    -"Estamos aquí para analizar el Coeficiente de Tendencia Actual de sus productos y producir datos útiles para nuestro cliente. El CTA es el único factor en su decisión."

    El tono protector que Lauden estaba usando con el chico asustó a Doug.

    * * * * *
    CONTINUARÁ
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    ************************************
    Doug (II)

    -"Un varón de 12-17 años me ofrece un Ganja Lites de Marlboro." Doug inició el audio clip de su reloj, entregando transcritos de la sesión.

    -"Ese es uno de los reclamos más pobres que he oido nunca..." se burló el chico.

    Doug fingió que no le había oído ya que, más o menos, coincidía con ello.

    - "Sabemos que las demografías adolescentes son de "muy" a "extremedamente" propensas a productos con los que no se asocian fuertemente. Y el sujeto era, claramente, el líder de su grupo social."

    Esa última parte era mentira, la chica de los rizos era la Alfa, el chico, como mucho, era el Beta; pero ho había forma de saberlo a partir del audio.

    Fue como si Lauden leyera su mente.

    - "¿Esto se grabó bajo condiciones de trabajo de campo controladas?"

    ("Maldito Traidor"), pensó Doug.

    -"Bueno..."

    -"No creo que haya alguna duda sobre la validez de la investigación de Doug Patterson," dijo el Sr. Harris con una risilla. "La cuestión es: ¿qué podemos llevar al cliente con ésto?"

    Por el rabillo del ojo, Doug percibió al chico frotarse las manos y asintiendo sabiamente. Doug apretó los dientes por un segundo, fingiendo navegar por sus notas.

    - "El vice-appeal y el peligro-appeal no funcionan con clientes mejorados. Pero la gente también fuma para hacer algo más con sus manos, para diferenciarse de la multitud, para hacer una pausa
    introspectiva, para puntualizar su personalidad con virutas de humo..."

    -"¿Qué haces, copiar lo escrito aquí?" balbuceó el chico.

    -"... y eso no cambiará cuando el mercado se mejore. Miradlo de esta forma: el hecho de que su producto sea letal no matará a la industria. Esta transición no es un bloqueo de carretera, es un golpe de velocidad."

    Este último trozo era una frase favorita del Sr. Harris y fue recompensado con un suave gruñido de su jefe mientras cerraba sus notas.

    Lauden le respaldó. -"Ese es un análisis relevante."

    Harris asintió con ojos hieráticos.

    El chico estaba sonriendo cuando repasaba la transcripción. Luego se aclaró la garganta.

    -"Sujeto A: ¿Qué demonios sabes tú sobre tendencias?, Tío calvo."

    Tanto Lauden como Harris soltaron una carcajada. Otro día cualquiera, Doug habría tenido más energía pero hoy tenía que luchar incluso para esbozar una fina sonrisa.

    -"Eres una pequeña piraña, ¿verdad?" dijo el Sr. Harris con una sonrisa torcida.

    -"Muy pequeña," añadió Doug con tono neutro.

    -"Oh, desenreda, ¿quieres?," dijo el chico con una risa vaga que decía: Te tengo contra las cuerdas."Estos viejos. Lo primero que se va es su sentido del humor. Uh, bueno, lo segundo" dijo indicando el pelo.

    Más carcajadas de Harris. Lauden bajó la vista hacia la mesa.

    -"Acabemos con esto," dijo Harris. "Doug, realmente capto lo que has indicado. Pero hay que considerar la reputación de la agencia. Nos estarìamos poniendo en una posición muy vulnerable si fuérámos la única voz que disiente. El sentimiento que capto de Philip es que están realmente reteniendo sus operaciones de tabaco hasta que puedan encontrar algo para añadir a su rama que sea viable en Frisco."

    Doug asintió, algo aturdido por lo mal parado que había salido y en tantos frentes.

    -"Me gustaría investigar sobre eso, señor," decía el chico con toda la burla ausente en su voz, todo profesional. "Mis propios hallazgos estaban más en esa línea que los de Patterson."

    La sonrisa del Sr. Harris mostró que había notado el peloteo del chico pero asintió con aprobación:

    -"¿Porqué no empiezas con eso ahora. Habla con Lauden la próxima semana... Martes, lo más tarde."

    Doug se levantó con los otros dos y fue hacia la puerta.

    -"Doug..." el Sr. Harris estaba de pie ahora. "¿Cómo vas? ¿Listo para mudarte pronto? Las cosas se están calentando en Frisco..."

    Doug asintió sin saber qué decir, tratando de no caminar más rápido que los otros dos.

    Harris frunció el ceño.

    -"Par..." comenzó Doug, en verdad atragantado, "...un par de cabos sueltos."

    Estaba ya en la puerta. Cogió el pomo y tiró despacio de él. "Estaré allí tan pronto como pueda."

    Harris asintió levemente.

    Doug cerró la puerta con un "clic". Cuando se giró, Lauden y el chico recorrían el pasillo charlando. Lauden miró atrás una vez, le lanzó una mirada de: "Hey, ¿qué puedo hacer?" y desapareció dentro de una oficina.

    El TrenCeleste aún estaba bastante lleno en hora punta. Mientras se deslizaba por su pista monorrail, Doug miraba por la ventana un sistema ferroviario aún màs antiguo. Un tren engastado de vagones que parecían latas tiradas a un lado.

    ("¿Era eso una moda?"), pensó Doug viendo un tejido verde oliva en el patio. Probablemente alguna especie de desperdicio. Era difícil de imaginar a nadie viviendo en el raso, teniendo que llevar una máscara todo el tiempo.

    Siguió mirando por la ventana aunque no habìa mucho que ver con la luz atenuándose rápidamente. Era mejor que mirar los anuncios, especialmente desde que la mayoría de ellos eran de paquetes de Usted. Afortunadamente, eran sólo anuncios de banda ancha, incapaces de transformarse con tanta gente a bordo.

    Doug cerró los ojos y deseó estar en casa, trataba de imaginarse en el asiento de su sedán, lo intentaba pero fallaba... el parloteo de los anuncios era justo un poco más alto que el traqueteo del TrenCeleste y arruinaba el efecto.

    ("La muerte y los anuncios."), pensó en un esfuerzo de ahogar su irritación en la filosofía de las dos constantes de nuestra sociedad de libre mercado. ("Quizá los anuncios son más constantes, si mejorar es todo para lo que se es...")

    El TrenCeleste entró en una curva cerrada que hizo saltar a Doug y se agarró a la barra con mayor firmeza. Captó a un chico mirándole y le devolvió la mirada hasta que percibió que el adulto que acompañaba al niño le miraba con igual rudeza. El adulto, no obstante, cuando se encontró con la ceja arqueada de Doug, miró hacia otro lado. Tampoco es que no hubiera visto a un hombre calvo nunca. El chico, al menos, tenía una excusa.

    Él miró hacia otra parte. Sabía que la mayoría de la gente consideraba su decisión de no regenerar su pelo como excéntrica, en el mejor de los casos, y como negligente, en el peor de ellos, pero hasta que vendió su coche no había tenido que enfrentarse a esta situación diaria. Ahora, con el mierdecilla del trabajo que había llamado su atención sobre su falta de pelo, Doug sintió que su credibilidad desaparecía en la erosión.

    Tampoco es que nunca hubiera dudado de que tendría un indisputable buen aspecto intemporal. Incluso cuando se había dado cuenta de porqué había escogido este estilo, el mismo ya no le daba fé, aunque el descubrimiento hubiese sido por otras razones.

    Su padre había muerto. De eso ya hacía la mejor parte de un año y él había tenido que ir a verle al hospital después del trabajo. La habitación de olor agrio era lo bastante grande para contener la maquinaria de soporte vital y una silla, sobre la que Doug había pasado muchas visitas de una hora. Desde el segundo ataque, su padre no había sido muy comunicativo. Bueno, no hablaba; y a Doug le dejaba en sus propios pensamientos que, a menudo, se extraviaban en averigùar cuánto le costaba por segundo mantener vivo al decadente hombre.

    -"...vete..." había dicho su padre. Sus ojos, aberturas reumáticas, estaban cerrados para Doug.

    Tras un momento de complicado shock, Doug se había lamido los labios y respondido: -"...¿tú quieres que me vaya?"

    -"¿Porqué te fuiste Pá?" jadeó el viejo.

    -"No me he ido, Papá," había respondido Doug.

    -"Pá, ¿porque te fuiste?"

    Esa había sido la conversación màs coherente que habían tenido en meses. Pero no fue hasta que pasaron por todas las cosas tras el funeral que Doug descubrió que su delirante padre le había confundido con su abuelo.

    -"Cariño," había dicho Cheryl entrando en el sótano. Ella se había encargado de separar del montón decadente de fotos impresas las que valía la pena escanear. "¿Este es familiar tuyo?"

    Él había mirado en la caja que estaba clasificando y había cogido la foto de Cheryl. Su abuelo estaba en mitad de un solo de saxofón, con aspecto suave y elegante. La sólida cabeza redonda con una bien cuidada orla de monje tenía sustancia, dignidad.

    -"Sí..." había dicho él. "No la he visto en años."

    Cuando la había visto, él era un niño. No había reconocido los rasgos de familia al principio, asumió que era de alguien famoso. Cuando su padre le había contado quién era, el glamour del descubrimiento le había emocionado. Las descripciones abruptas y de rechazo de su padre, simplemente, habían profundizado el misterio.

    El TrenCeleste se detuvo en la Calle Main. El Mundo Científico y un montón de gente salió, incluyendo a la familia de mirones. Doug tomó un asiento e ignoró al niño que le señalaba por la ventana y que, naturalmente, atraía la atención de aquellos que acaban de entrar.

    ("Rufián.") Doug sintió su mandíbula apretarse y se forzó a relajarla.

    Aparentemente, él apretaba los dientes al dormir según su dentista; y a veces se preguntaba si esto indicaba ansiedades tan profundas que sólo emergían en los sueños. Tomó nota mental de preguntar a su dentista si esto se había incrementado, ahora que sus ansiedades vagaban libremente por su conciencia a todas horas del día.

    Harto de ver el centelleo de las luces adelante y atrás fuera de la ventana, sus ojos rondaron curiosos a los otros viajeros. Todos, excepto algunos pocos, estaban viendo vídeos emitidos por sus relojes. La mujer de mediana edad frente a él estaba particularmente inmersa, con su boca levemente "in ágape". Pestañeó y Doug captó una visión invertida de pornografía tipo-sobre-tipo que se emitía hacía las retinas de la mujer. Bajó la vista rápidamente a su propio reloj.

    ("Eso te pasa por fisgonear, Doug, viejo amigo.")

    No seleccionó nada para ver puesto que ya estaba cerca de casa y había perdido esa, aparentemente, habilidad psíquica que los habituales del TrenCeleste tenían para prevenirles de pasarse su parada. Cuando era joven, por supuesto, la había tenido, así como una misteriosa capacidad para predecir dónde aparecería el siguiente asiento libre. Había perdido un montón de instintos desde entonces.

    Desde que entró en su primer coche a los 17, un vehículo propio del prodigio de la agencia y vendió su coche antes de que el culo quedara totalmente fuera del mercado a los treinta y siete, no había ocurrido gran cosa. Veinte años habían pasado en una cómoda, aunque no rica en emociones, burbuja. Oh, había tenido sus momentos: el nacimiento de su hija, la muerte de su padre, excelentes contratos y, mayormente, esos pequeños momentos acoplados con la seguridad habían sido suficiente estímulo para él y Cheryl. Pero ahora, esa seguridad era tan baja como su cuenta corriente y se preguntaba si había vivido una vida demasiado conservadora. . .

    La puertas se abrieron, sobresaltándolo.

    ("¿Era ésta?, ¡Sí!")

    Salió afuera y se movió con la corriente a través de las plataformas. Unos cuantos bajaron la escalera aquí, buscando sus máscaras antes de salir a la noche, pero Doug paseó por un camino demarcado. Le encantaba el camino de cristal, especialmente de mañana cuando relucía con el sol, con las nubes encima, a salvo del torrente del tráfico inferior. Le encantaba cómo, si llegabas a tiempo, se podía ver el TrenCeleste planeando desde las colinas y llegar justo a tiempo para dejarte en la parada. Había algo que Doug encontraba intensamente satisfactorio en aquello: le ayudaba a iluminar la amargura que sentía por la pérdida de su coche.

    ("Quizá pueda comprarme uno usado. Ese chico dijo que consiguió un Camaro por $150.")

    Pero Cheryl había estado esperando mudarse desde Agosto, cuando vendieron los coches y entendería la compra de otro como una prueba de que se quedarìan en la ciudad. Ella, entonces, querría también un coche para ella y Olivia. Probablemente otro de esos ridículos SUVs 6x6 que seguían cultivando cada año. Doug
    podía contarle que era un coche inútil sin protección pero la madre que había en ella miraría el frágil cuerpo de Olivia y optarìa por el marco reforzado de titanio.

    Doug caminó dentro del vestíbulo del condominio y esperó el ascensor. En la superficie reflectante de las puertas, observó su ligeramente arrugado traje con desaprobación. Otra señora algo familiar se unió a su desvelo de ascensor antes de que pudiera plancharse un poco el traje.

    -"Parece como si pasara mi vida entera dentro de estas cosas," dijo la señora.

    -"Mmm," dijo Doug.

    El ascensor llegó. En el trayecto, un anuncio de Usted comenzó un exagerado bostezo.

    -"¿Hay algo más aburrido que transportar su carne de un lugar a otro?"

    -"¡Nop!" dijo alegre la señora, riéndose de ella misma.

    Doug puso una educada sonrisa y la miró, confiando en que ella sólo fuera habladora. Observó el indicador de planta esperando a que apareciera su número. El anuncio siguió zumbando.

    Al fín, el ascensor deceleró. Justo cuando se abrieron las puertas, tanto el anuncio como la señora dijeron:

    -"¡Hágalo por Usted!"

    La pomposidad de su tono y el falso tono del anuncio se combinaron de forma nauseabunda, pero Doug no se giró. Sabía exactamente lo que vería: esa mirada mitad disculpa mitad satisfacción.

    Aunque ella era, probablemente, una freelancer, incluso los hombres reclamo profesionales tenían esa mirada. No era vergüenza real pero era efectiva desactivando la ira. Excepto que Doug no estaba tan enfadado como aturdido.

    Doug caminó por el pasillo absorbiendo la experiencia, filtrándola. Tratando de ignorar el sudor frío que había brotado de su frente, el gusto metálico en su boca. El hecho de que había ocurrido en su edificio era mala señal.

    ("¿Cómo había entrado ella aquí?", ¿Podría ser en verdad una residente?")

    Las cosas se estaban volviendo desesperadas.

    Quedó de pie frente a la 1712, preguntándose si debería contárselo a Cheryl. Sujetó el pomo, esperó a que las cerraduras se abrieran, un pensamiento corrió por su mente.

    ("Tenemos que salir de aquí.")

    * * * * *
    CONTINUARÁ
    "Al principio se creó el universo. Esto cabreó a mucha gente y fue ampliamente considerado como un mal movimiento."
    Douglas Adams (Guía del Autoestopista Galáctico)

  6. #6
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    Post Jim Munroe: Todos de Silicio, Eileen (I)

    (6) Jim Munroe: "Todos de Silicio"
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    NonCommercial-ShareAlike License.

    ************************************
    Eileen (I)

    La ancianita estaba de pie junto al fono, ligeramente encorvada con su oído en el receptor. El vestíbulo era sombrío, con motas de polvo visibles en los débiles haces de luz.
    ("Realmente deberían pasar la aspiradora por esa alfombra.") pensó Eileen vagamente.

    Pensó haber oído un "click", pero no, aún era la tonadilla de espera. Suspiró y rodeó la silla acolchada de cretona al lado del fono. Descendió sobre la silla, aún escuchando atentamente.

    La música terminó.

    -"¿Hola?" dijo Eileen.

    Sonó la siguiente canción. Eileen suspiró. Odiaba usar el fono, Jeremy era quien siempre hacía ese tipo de cosas. Siempre le gustaba usar el fono, acceder a los sitios, conectarse a cosas... incluso antes de que supiera hablar jugaba con ese fono de juguete. Ella sonrió al pensar en él sosteniendo el receptor con sus dos manos regordetas, babeando sobre los números. Por supuesto, quizá era eso lo que metió en este problema en primer lugar...

    -"Servicio Técnico de Usted," dijo una voz un poco aburrida. "¿Puede darme su número de pasaporte, por favor?"

    Eileen tuvo que pensar por un momento lo que el hombre quería.

    ("¿Pasaporte de servicio de Usted?")

    -"Bueno, hola. No estoy segura de hablar con la persona correcta..."

    "¿Cuál es su número de pasaporte, madam?"

    -"¿Mi pasaporte canadiense? No pensé que usaban esos... "

    -"El número de pasaporte emitido con su compra de Usted, madam, no el documento oficial sino un número de referencia que usamos para servirla mejor."

    -"No he comprado nada. Tengo una pregunta sobre... "

    -"No hay problema, madam, la pondré con nuestro sistema FAQ."

    -"Yo sólo...¿Hola?" Eileen oyó la música de espera de nuevo, seguida por una grabación animada.

    -"Bienvenida a nuestro sistema de Cuestiones Preguntadas con Frecuencia. Si tiene un navegador instalado, inícielo ahora, de lo contrario, pulse uno ahora."

    Eileen se inclinó adelante y picoteó en el gastado botón.

    -"Si tiene una pregunta sobre nuestras ofertas especiales en paquetes de Usted, pulse uno. Si tiene problemas en la mejora, pulse dos. Si ha mejorado con éxito y tiene dificultades para ajustarse a su nueva realidad, pulse tres."

    Eileen suspiró, tratando de recordar qué número había pulsado antes en su llamada anterior.

    ("¿Era el tres?").

    Probó con el dos.

    -"Si tiene muchos problemas, por favor, venga en persona a nuestra oficina de... Vancouver... en... 783 Calle Robson."

    La dirección la dijo una voz diferente.

    -"Pulse uno para..."

    Eileen colgó el fono.

    ("783 Robson.")

    Eso estaba bastante cerca y le vendría bien un paseo de todos modos.
    Le llevó un rato encontrar el sombrero, incluso aunque lo había embutido bajo la manga como siempre. Mientras rebuscaba con las llaves, recordó cómo Jeremy siempre se quejaba por el retraso, diciendo que ella debería instalarse cerraduras táctiles. Ella siempre le respondía que eran demasiado caras, aún cuando la verdadera razón era una película que había visto en la que el villano le cortaba el dedo a alguien para abrir una puerta.

    ("No gracias, me quedo con mis llavecitas.")

    Sienpre era así entre ellos: Jeremy empujándola hacia el futuro. A ella no le importaba. Era lo que los jóvenes hacían, asumían que lo más nuevo implicaba mejorado, veían el brillo, no el incendio. Pero Eileen era más lista.

    Comenzó a bajar el camino, inhalando de su tubo de oxígeno de vez en cuando. Las casas de esta parte de la ciudad eran majestuosas viejas ruinas, no diferentes de sus ocupantes. Llegó hasta la puerta y saludó en la garita de guardia, las ventanas eran opacas pero sabía que Jack estaba allí dentro.

    ("O Helen, uno de los dos, no importa.")

    Extendió la palma y pasó por las puertas giratorias, ignorando la voz de ordenador:

    -"Adios, Eileen Ellis."

    Había algunos taxis fuera de la puerta, como siempre buscó uno que no estuviera ocioso y entró. Lanzó al resto feas miradas.

    ("¿Qué sentido tenía, exceptuando a los coches de la comunidad, tener una docena de tragones de gasolina allí fuera vomitando humo justo en el exterior de la puerta?")

    Recordó, mientras se aproximaba a los ronroneantes coches, que no quedaba gasolina que tragar y que eran todos recargables.

    ("Aún así, un desperdicio de energía."), se instruyó a sí misma mientras se montaba en el coche, colocando su bolso junto a ella. Había un siseo de estática.

    -"¿A dónde?"

    Eileen pestañeó. ("Dónde")

    -"Calle Robson." ("¿Cuál era el número?") "Uh..."

    Siseo, pop.

    -"Perdón, ¿qué dice?"

    No podía recordar el número. Se quedó mirando el altavoz, no quería decirselo.

    -"Sí, otra vez, una de las dóciles ancianitas de Sunset Beach ha olvidado adónde iba."

    -"Las oficinas de Usted de la Calle Robson," balbuceó ella de pronto, confiando que él supiera dónde estaba.

    El taxi se puso en marcha. Eileen suspiró aliviada. Decidió que iba a apuntar algunas notas cuando estuviera relajada sobre lo que preguntaría a esa gente de Usted. Abrió su bolso gris algo estropeado; ella sabía que debería comprar uno nuevo pero no podía molestarse y ¿a quién trataba de impresionar de todos modos?; y sacó un bloc de notas.

    Lo encendió y apuntó algunas notas:

    1. ¡¡¡Dónde está mi nieto!!!

    Paró ahí. Ésa era la cuestión, y ni si quiera era una cuestión pues ella, más o menos, sabía la respuesta. De modo que la borró y empezó de nuevo.

    "Porqué Deberían Devolverme A Mi Nieto

    - Es demasiado joven (¡12 años!)
    - es fácilmente impresionable.
    - es mi nieto."

    Eso era todo, pero Eileen pensó que las razones eran bastante convincentes. El taxi paró en el bordillo y ella sacó su tarjeta del bolso. Era un taxi nuevo y acababa de instalarse la placa de pago.

    -"¿Chófer?" dijo ella meneando la tarjeta.

    La ranura se deslizó, se abrió y una joven en sus veintipocos le entregó el lector de tarjetas.

    "¡Oh!" dijo Eileen, pasando la tarjeta de débito. "Pensé que era usted... sonaba como un hombre."

    -"Mmm," dijo la chica. "Modulador de voz. Menos atracos así."

    -"Oh," dijo Eileen, devolviéndole el lector. "Siento el problema. Siempre le digo a mi nieto: lo único que quiero que mi reloj sepa es la hora!"

    La taxista sonrió, puso el lector bajo el asiento y ajustó el elástico de su coleta.

    -"Tenga cuidado, señorita," dijo Eileen mientras se deslizaba fuera del coche. "Podía haberte cortado la garganta tan fácil como corto una empanada."

    La sonrió y dió un portazo.

    ("Oh, tengo mi...oh sí, justo aquí.") pensó dando golpecitos al bolso.

    El taxi se marchó, dejándola delante de un escaparate. La fachada era elegante en blanco y azul, con "Tecnologías Usted" en tipografía reafirmante pequeña. Tomó aire y entró en el edificio.

    El interior era una lujosa habitación alfombrada con grandes escritorios, un joven estaba reclinado en una redonda silla giratoria plateada mientras hablaba con una joven y atractiva pareja. Un hombre de más edad estaba
    concluyendo sus asuntos en otro escritorio y casi choca con Eileen cuando se despedía camino a la puerta.

    -"Oh..." dijo Eileen.

    -"¡Pardon me!" dijo el viejo. Cuando miró a Eileen, le brillaron los ojos. "Justo a tiempo para paisanos como nosotros, ¿eh?"

    -"Bueno," dijo Eileen, pero el hombre ya la había pasado de largo.

    "Te veo por ahí," dijo él con una carcajada que a Eileen no le gustó.

    La mujer que había atendido al viejo caminó hasta Eileen. Su pelo estaba peinado en un estiloso moño y pasador que lo mantenía en su sitio. Su rostro era fresco e inquisitivo.

    -"¿Puedo ayudarla, madam?" dijo.

    ("Qué chica adorable."), pensó Eileen. ("Se parece a Mary cuando era más joven."). "Bueno, sí," comenzó. "Quizá deberíamos sentarnos," dijo Eileen indicando el escritorio.

    La silla para visitantes no era tan lujosa pero parecía terriblemente cómoda. La mujer asintió, se deslizó rodeando la mesa hasta su asiento y ambas se sentaron.

    -"Dígame. ¿En qué puedo ayudarla?", dijo la mujer con ojos serios.

    A Eileen le alegró que fuera una mujer. Los hombres solían despachar con facilidad, especialmente a alguien de su edad.

    -"Mi nieto..." , se detuvo antes de escupirlo todo.

    Recordó las notas que había hecho y empezó a buscarlas en el bolso.

    -"Mi nieto ha desaparecido.¡Ah!", sacó el bloc de notas.

    La joven miró el bloc y luego a
    Eileen.

    -"Bueno, eso es terrible... ¿ha ocurrido hace mucho?"

    -"No, sólo unos días. Pero recibí una nota de tu oficina. He tratado de ponerme en contacto con él en la dirección que me distéis pero no responde nadie. Él mencionó algo sobre ser libre..."

    La joven se reclinó un poco y asintió.

    -"Entiendo. Bueno, tenenos una oferta de prueba de productos no vinculante, pero la persona ha de regresar por su propia voluntad.", se detuvo y dejó que se procesara lo dicho. "¿Entiende? Si no lo hacen, se les carga por el tiempo."

    Eileen negó con la cabeza:

    -"Eso no es propio de Jeremy."

    -"Seguro que no... ¿puede pasar la mano sobre la mesa, madam? Necesitamos una muestra para la comparación de ADN." Eileen obedeció.
    La joven hizo una pausa de un segundo, sus ojos se movían arriba y abajo.

    - "Madam, no encuentro ningún descendiente suyo en el sistema."

    Eileen sonrió incómoda.

    -"No es mi nieto en realidad, supongo."

    -"Madam, seguro que sabe que no podemos..."

    -"¿Puede buscar por clones?"

    La joven abrió los ojos del todo.

    Eileen inclinó la barbilla.

    -"Yo lo llamo mi nieto porque es más fácil de explicar."

    ("Y de tratar con reacciones como la tuya. Me pregunto qué harías tú con millones de dólares y sin útero.")

    La joven parpadeó de pronto.

    -"Aquí lo tenemos. Jeremy Ellis."

    Eileen asintió aliviada.

    -"¿Me distéis la dirección de contacto equivocada en la nota, quizá?"

    Lenta negación con la cabeza.

    -"No... eso es correcto. Dice que él llegó hace seis días... transferido inmediatamente a el Cielo de JugadorZ... y luego nada. Sin transferencias, sin solicitud de datos, sin pistas de ninguna clase."

    -"¡Oh sí! He oído sobre el Cielo de los Jugadores de Juegos, él quería tanto..." Eileen se detuvo cuando vió lo confundida que parecía la joven.

    -"Nunca he visto... madam, ¿podría esperar un momento? Debería preguntar a mi jefe sobre ésto."

    Se tocó la oreja nerviosamente y desapareció.

    Eileen se dió cuenta de que había estado hablando con un holograma. Se sintió estúpida por no haberlo notado.

    ("Desde luego, un lugar como éste no usaría ayuda en carne. Será mejor que este jefe sepa...")

    La joven regresó con su cara recompuesta. Un pequeño hombre aún más joven que ella permanecía de pie a su lado.

    -"Aquí lo tiene, madam, él la ayudará." Luego se esfumó en un pestañeo.

    El pequeño se deslizó con cuidado en la silla y Eileen notó lo natural que parecía.

    ("Seguro que practican eso."), pensó.

    -"Soy Gerald, y usted es...?"

    -"Eileen. Eileen Ellis. Mi... chico..."

    -"Estoy al corriente de su situación, Sra. Ellis." se frotó la barbilla. "Deseo que pudiera decir que es única."

    -"¿La desaparición de un chico pequeño no es única?" dijo Eileen inclinándose hacia adelante.

    -"Bueno, primero de todo, Sra. Ellis," dijo el pequeño, juntando los labios. "Jeremy no es un chico pequeño. Está autorizado a todos los productos de consumo dirigidos a la demográfica de 12—17." La fijó con sus ojos azules. "Y él estuvo de acuerdo con el contrato."

    -"Nadie lee esas cosas," disparó Eileen. "Ellos sólo pulsan el botón de Aceptar."

    -"Aún así, Jeremy aceptó a una hora de prueba del paquete Bronce y cuando no se desconectó tras ese tiempo, fué registrado automáticamente como usuario activo y se le cargará como tal."

    -"Bueno. Yo quiero que vuelva." Eileen sintió tensarse la piel de sus mejillas.

    El pequeño suspiró.

    -"Sra. Ellis... aquí tenemos un montón de quejas por personas desaparecidas o personas supuestamente desaparecidas. Normalmente, maridos y esposas. Y nosotros decimos que, si no se carga a una cuenta compartida, no hay nada que realmente podamos hacer. En su caso, si quiere podemos parar los pagos pero, son en verdad extraordinariamente razonables. ¡Es prácticamente grátis!."

    Eso era extraño.

    - "¿Porqué es... tan barato?"

    El pequeño sonrió y empezó un discurso ensayado.

    "El paquete Bronce está subsidiado por un número de patronizadores corporativos por ser un sistema de intercambio de envío de estímulos, promoción de rico."

    Eileen se abrió camino a través de todo eso, descifrándolo.

    -"Quiere decir... que tiene anuncios."

    -"Bueno, sí. Es mucho más dinámico que lo tradicional..."

    Eileen sintió un sudor manar bajo sus brazos.

    -"¡No puede tenerlos...no puede tener anuncios!."

    La pareja de la mesa de al lado se levantó, parecía feliz. El hombre moreno examinó a Eileen, su sonrisa decayó un poco cuando notó su agitación. Siguió a su novio rubio afuera.

    El pequeño la observaba, debatiendo hazarosamente si el tiempo del decoro había expirado.

    Eileen tomó un gran aliento y trató de calmarse.

    "Debido a un problema de cuando...nació... Jeremy tiene una extrema sensibilidad al estímulo. Incluso tiene que llevar gafas especiales cuando juega a los juegos."

    El pequeño asintió.

    -"El contrato que aceptó claramente expone que cualquiera con un trastorno médico..."

    -"Ha caído en coma antes," dijo Eileen. "¿Y si está en coma...allí dentro?"

    -"El contrato..."

    Eileen simplemente lo miró.

    Él se detuvo.

    - "Madam, Tengo que pedirle que se vaya. No hay nada que yo pueda hacer sobre el asunto. Cuando su nieto quiera ponerse en contacto, lo hará."

    Ella le miró, depositó las palabras con tanto esmero como pudo:

    -"Dónde está su cuerpo."

    -"Ya sabe que, por razones de seguridad, la localización del cuerpo de nuestros clientes es un tema de lo más confidencial... "

    -"Dónde."

    El pequeño susurró algo y luego alzó las manos en súplica.

    -"Madam, me temo que voy a tener que contactar con el equipo de seguridad si no abandona las premisas inmediatamente. Siento sinceramente los problemas entre usted y su...su..."

    -"¡¡Mi nieto!!" gritó Eileen.

    El pequeño dió un paso atrás y desapareció.

    Eileen miró las otras mesas y vió que también estaban vacias. Estaba sola. Miró al bloc de notas que aún sujetaba en su mano y lo guardó despacio en el bolso.

    Se levantó, caminó por la oficina vacía y empujó la puerta para salir, sintiendo como si cada célula de su cuerpo la estuviera arrastrando hacia el suelo. En el exterior, había un ocaso amarillo grisáceo y llamó a un taxi. A mitad de la calle, una cubo-furgoneta se abrió súbitamente y hombres de seguridad con uniformes antidisturbios se apilaron fuera. Cargaron dentro de la oficina de Usted justo cuando entró en el taxi. Los observó moler el lugar y el bolso parecía demasiado pesado en su regazo.

    ("Jeremy.")

    * * * * *
    CONTINUARÁ
    Última edición por Artifacs; 17-May-2018 a las 11:33
    "Al principio se creó el universo. Esto cabreó a mucha gente y fue ampliamente considerado como un mal movimiento."
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