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  1. #11
    Admninistrador Avatar de Admin
    Fecha de Ingreso
    07-September-2009
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    Ciberespacio
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    7.021

    Respuesta: Juego del relato inventado 3

    Este cuadrante parece no tener fin y lo peor de todo es que se acaban las provisiones y el combustible...
    El silencio es lo único que obtengo como respuesta. Respiro persignado mirando el tablero buscando una señal.
    Activo el navegador automático y me desperezo en mi silla. Camino pesadamente hasta el habitáculo continuo y me sirvo una taza de café. Al tomar el primer sorbo, el sabor de aquella bebida me recuerda desagradablemente que no tengo café verdadero, tan sólo una emulación horrible traía de algún lugar perdido. Tiro lo que resta de la bebida.
    Abro la compuerta hacia el módulo de carga, enciendo las luces que tintineando se encienden de a una. Dos kilómetros de bodega repleta de mercadería. Camino pesadamente hasta el sector G8 y me paro frente al embalaje que hay ahí. Al igual que muchas otras veces me acerco a la pequeña ventana de la cápsula de metal y observo a la bella mujer que hay adentro. Tan tranquila, tan apacible... tan muerta.
    Pero no lo está. Al decir verdad, no acostumbro a llevar pasajeros en mi nave. Soy un huidizo solitario. Pero el precio por llevar esa mujer era demasiado alto como para despreciarlo. Allí domida, hibernada, imperturbable, espera el momento de su despertar. Siempre que la avizoro, me pregunto que secretos esconde… Y por qué me pagaron tan alto precio por llevarla a un satelite marginal como Ethar.
    ¿Qué demonios ira a hacer una chica como ella en una colonia minera perdida de la mano de Dios y con tan mala fama? Los sucesos de hace setenta años, a pesar de estar plagados de rumores, aun colean en el espacio civilizado haciendo que muchos procuren evitar las rutas de salto cercanas, dándole a toda la zona una extraña fama de estar encantada o, peor aún, maldita; de hecho, se rumorea que los mineros que trabajan en las instalaciones son o bien criminales o bien mano de obra esclava procedente del espacio salvaje.
    En cualquier caso, me da exactamente igual, no voy a aterrizar en la zona, no solo porque con mi “nena” no podría ni aunque lo intentase –hay muy pocos espacio-puertos planetarios capaces de albergar a un carguero clase Olimpic plenamente cargado– si no porque, según mi empleador que tan generosamente me pagó, cuando llegue a la zona debo de ponerme en contacto con un tal Riker Hoffman, quien se encargara de todo así como de activar la transferencia del resto de mi dinero.
    Sin embargo, cuando me alejo a comprobar el estado de carga de los campos repulsores, no puedo evitar sentir un sudor frio en mi nuca; este instinto mío me está avisando de algo, pero no se dé que…
    Ni un segundo después, la alarma se enciende en la cabina y como una ola se esparce por toda la carga. Entre dientes maldigo mi suerte ya que sólo hay algo que active esa condenada chicharra.
    - Piratas...
    Corro desesperado hacia los controles, antes que los corsarios estén demasiado cerca y sea tarde. Estoy terminando de recorrer la bodega cuando una explosión me lanza por los aires, golpeándome dolorosamente en la caída. Intento no perder el conocimiento aunque mi vista se nubla.
    En un último parpadeo antes de caer desmayado la puerta de la bodega vuela en mil pedazos y veo que ingresa en la nave la peor abominación de toda la galaxia.
    Un Nekor está entrando hábilmente de entre los escombros de la compuerta que se descompone. No usa traje espacial ya que estas criaturas pueden soportar las condiciones del espacio exterior sin problemas, y además, son unos cazadores excelentes y muy resistentes desprovistos de tecnología; usan una telequinesis muy avanzada para sus propósitos.
    La nave se está despresurizando por momentos. Me agarro como puedo para no salir volando por los aires y pasa por mi mente dirigirme al módulo de escape… Todo parece perdido y quizá esa sea la mejor solución, pero abandonar mi nave y la carga es demasiado doloroso. De repente, me acuerdo de la chica… A duras penas me pongo en pié y me dirijo titubeante a su cápsula.
    -Muchacha, mejor será que guardes algún as en la manga porque de lo contrario estamos perdidos-, digo entre mis adentros mientras realizo las necesarias operaciones para despertarla…

    Jake tenía razón, en el momento de la verdad sólo nos acordamos de aquellas mujeres con las que no nos acostamos. Estoy jugandome el pellejo y sin embargo no puedo evitar pensar en ello. Sólo la cutrez de mis equipos parece traerme a la realidad. no puedo liberarla de la invernación sin antes golpear sin contemplaciones el panel de control de su capsula. Casi puedo notar en mi nuca cómo llegan esos malditos, ni siquiera la despertaré, la arrastraré al compartimento secreto que tantas vecez he tenido que usar. Allí en silencio, si se dan por satisfecho despues de desvalijar mi nave, quizás tengamos una oportunidad y decidan irse sin malgastar un misil para enviar mi nave al infierno.

    Pero debo darme prisa porque con seguridad el Nekor ha leído mi mente.-

    Si la compuerta de la cabina de mando no ha logrado detenerle, mucho menos podrán hacerlo las débiles entradas de cristalito genético de las cabinas de hibernación.

    ¡Maldición! La cápsula está atrancada y es imposible moverla. Si la despierto sin más, morirá sin remedio.
    Podía meterse el sólo en el compartimento secreto a prueba de escapes de los mortales gases de las cabinas pero... ¿y ella? ¿acaso soy un cobarde?

    Pero ¡un momento! El nekor está mirando desconcertado el cristalito genético, dónde se refleja su propia imagen...

    Nótese que he cambiado algunos verbos de la intervención de oriafontan porque estaban en pasado y la acción transcurre en presente. Disculpas.

  2. #12
    Sistema Solar Avatar de lgv
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    26-October-2009
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    Capital Federal, Argentina
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    Respuesta: Juego del relato inventado 3

    Este cuadrante parece no tener fin y lo peor de todo es que se acaban las provisiones y el combustible...
    El silencio es lo único que obtengo como respuesta. Respiro persignado mirando el tablero buscando una señal.
    Activo el navegador automático y me desperezo en mi silla. Camino pesadamente hasta el habitáculo continuo y me sirvo una taza de café. Al tomar el primer sorbo, el sabor de aquella bebida me recuerda desagradablemente que no tengo café verdadero, tan sólo una emulación horrible traía de algún lugar perdido. Tiro lo que resta de la bebida.
    Abro la compuerta hacia el módulo de carga, enciendo las luces que tintineando se encienden de a una. Dos kilómetros de bodega repleta de mercadería. Camino pesadamente hasta el sector G8 y me paro frente al embalaje que hay ahí. Al igual que muchas otras veces me acerco a la pequeña ventana de la cápsula de metal y observo a la bella mujer que hay adentro. Tan tranquila, tan apacible... tan muerta.
    Pero no lo está. Al decir verdad, no acostumbro a llevar pasajeros en mi nave. Soy un huidizo solitario. Pero el precio por llevar esa mujer era demasiado alto como para despreciarlo. Allí domida, hibernada, imperturbable, espera el momento de su despertar. Siempre que la avizoro, me pregunto que secretos esconde… Y por qué me pagaron tan alto precio por llevarla a un satelite marginal como Ethar.
    ¿Qué demonios ira a hacer una chica como ella en una colonia minera perdida de la mano de Dios y con tan mala fama? Los sucesos de hace setenta años, a pesar de estar plagados de rumores, aun colean en el espacio civilizado haciendo que muchos procuren evitar las rutas de salto cercanas, dándole a toda la zona una extraña fama de estar encantada o, peor aún, maldita; de hecho, se rumorea que los mineros que trabajan en las instalaciones son o bien criminales o bien mano de obra esclava procedente del espacio salvaje.
    En cualquier caso, me da exactamente igual, no voy a aterrizar en la zona, no solo porque con mi “nena” no podría ni aunque lo intentase –hay muy pocos espacio-puertos planetarios capaces de albergar a un carguero clase Olimpic plenamente cargado– si no porque, según mi empleador que tan generosamente me pagó, cuando llegue a la zona debo de ponerme en contacto con un tal Riker Hoffman, quien se encargara de todo así como de activar la transferencia del resto de mi dinero.
    Sin embargo, cuando me alejo a comprobar el estado de carga de los campos repulsores, no puedo evitar sentir un sudor frio en mi nuca; este instinto mío me está avisando de algo, pero no se dé que…
    Ni un segundo después, la alarma se enciende en la cabina y como una ola se esparce por toda la carga. Entre dientes maldigo mi suerte ya que sólo hay algo que active esa condenada chicharra.
    - Piratas...
    Corro desesperado hacia los controles, antes que los corsarios estén demasiado cerca y sea tarde. Estoy terminando de recorrer la bodega cuando una explosión me lanza por los aires, golpeándome dolorosamente en la caída. Intento no perder el conocimiento aunque mi vista se nubla.
    En un último parpadeo antes de caer desmayado la puerta de la bodega vuela en mil pedazos y veo que ingresa en la nave la peor abominación de toda la galaxia.
    Un Nekor está entrando hábilmente de entre los escombros de la compuerta que se descompone. No usa traje espacial ya que estas criaturas pueden soportar las condiciones del espacio exterior sin problemas, y además, son unos cazadores excelentes y muy resistentes desprovistos de tecnología; usan una telequinesis muy avanzada para sus propósitos.
    La nave se está despresurizando por momentos. Me agarro como puedo para no salir volando por los aires y pasa por mi mente dirigirme al módulo de escape… Todo parece perdido y quizá esa sea la mejor solución, pero abandonar mi nave y la carga es demasiado doloroso. De repente, me acuerdo de la chica… A duras penas me pongo en pié y me dirijo titubeante a su cápsula.
    -Muchacha, mejor será que guardes algún as en la manga porque de lo contrario estamos perdidos-, digo entre mis adentros mientras realizo las necesarias operaciones para despertarla…

    Jake tenía razón, en el momento de la verdad sólo nos acordamos de aquellas mujeres con las que no nos acostamos. Estoy jugandome el pellejo y sin embargo no puedo evitar pensar en ello. Sólo la cutrez de mis equipos parece traerme a la realidad. no puedo liberarla de la invernación sin antes golpear sin contemplaciones el panel de control de su capsula. Casi puedo notar en mi nuca cómo llegan esos malditos, ni siquiera la despertaré, la arrastraré al compartimento secreto que tantas vecez he tenido que usar. Allí en silencio, si se dan por satisfecho despues de desvalijar mi nave, quizás tengamos una oportunidad y decidan irse sin malgastar un misil para enviar mi nave al infierno.

    Pero debo darme prisa porque con seguridad el Nekor ha leído mi mente.-

    Si la compuerta de la cabina de mando no ha logrado detenerle, mucho menos podrán hacerlo las débiles entradas de cristalito genético de las cabinas de hibernación.

    ¡Maldición! La cápsula está atrancada y es imposible moverla. Si la despierto sin más, morirá sin remedio.
    Podía meterse el sólo en el compartimento secreto a prueba de escapes de los mortales gases de las cabinas pero... ¿y ella? ¿acaso soy un cobarde?

    Pero ¡un momento! El nekor está mirando desconcertado el cristalito genético, dónde se refleja su propia imagen...

    Dos segundos después sigo mirando atónito a la estatua del nekor. No es que sea de piedra, pero no se movió ni un centímetro desde que vio su reflejo. Jamás en todos mis años de piloto había escuchado esto.
    Rápidamente caigo en la cuenta... ¡Tengo un nekor! ¡Vivo en mi bodega! Por Flasdthar... eso vale una fortuna...

    - ¡¡¡VOY A SER SOBERANAMENTE RICO!!!

    Mis gritos retumban en toda la sala de carga haciendo que el valioso nekor salga de su estupor. Sacude su enorme cabeza bicéfala y lentamente la gira hasta que mi imagen se refleja en sus múltiples ojos.

    - Los dioses de Vega deben odiarme...

    El nekor deja escapar un resoplido y, ante mi incrédula mirada, da media vuelta y se retira de mi nave.

    - ¿Pero que... ?

    No puedo acercarme más a la abertura. Cierro los compartimientos anterior y posterior antes que toda la nave se despresurice y no quede nada. ¿Que ha sido todo eso del nekor? Por Flasdthar, este viaje se pone cada día más raro.
    Observo por los visores como la orgánica nave de la criatura se aleja lentamente. Tomo un sorbo del café recién servido que tengo en mi mano y de pronto su sabor me sabe a cielo.

    De lo más profundo de mi mente me vienen las palabras de Jake: “Todo ocurre por una razón, puedas verlo... o no”. Desconfiado dirijo los visores hacia el lado opuesto a donde está aquella nave orgánica.

    - Maldito, no estaba en estado comatoso... estaba usando su telequinesis...

    El nekor sólo le teme a algo... y eso está viniendo a toda prisa hacia mi.

  3. #13
    Admninistrador Avatar de Admin
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    Respuesta: Juego del relato inventado 3

    Este cuadrante parece no tener fin y lo peor de todo es que se acaban las provisiones y el combustible...
    El silencio es lo único que obtengo como respuesta. Respiro persignado mirando el tablero buscando una señal.
    Activo el navegador automático y me desperezo en mi silla. Camino pesadamente hasta el habitáculo continuo y me sirvo una taza de café. Al tomar el primer sorbo, el sabor de aquella bebida me recuerda desagradablemente que no tengo café verdadero, tan sólo una emulación horrible traía de algún lugar perdido. Tiro lo que resta de la bebida.
    Abro la compuerta hacia el módulo de carga, enciendo las luces que tintineando se encienden de a una. Dos kilómetros de bodega repleta de mercadería. Camino pesadamente hasta el sector G8 y me paro frente al embalaje que hay ahí. Al igual que muchas otras veces me acerco a la pequeña ventana de la cápsula de metal y observo a la bella mujer que hay adentro. Tan tranquila, tan apacible... tan muerta.
    Pero no lo está. Al decir verdad, no acostumbro a llevar pasajeros en mi nave. Soy un huidizo solitario. Pero el precio por llevar esa mujer era demasiado alto como para despreciarlo. Allí domida, hibernada, imperturbable, espera el momento de su despertar. Siempre que la avizoro, me pregunto que secretos esconde… Y por qué me pagaron tan alto precio por llevarla a un satelite marginal como Ethar.
    ¿Qué demonios ira a hacer una chica como ella en una colonia minera perdida de la mano de Dios y con tan mala fama? Los sucesos de hace setenta años, a pesar de estar plagados de rumores, aun colean en el espacio civilizado haciendo que muchos procuren evitar las rutas de salto cercanas, dándole a toda la zona una extraña fama de estar encantada o, peor aún, maldita; de hecho, se rumorea que los mineros que trabajan en las instalaciones son o bien criminales o bien mano de obra esclava procedente del espacio salvaje.
    En cualquier caso, me da exactamente igual, no voy a aterrizar en la zona, no solo porque con mi “nena” no podría ni aunque lo intentase –hay muy pocos espacio-puertos planetarios capaces de albergar a un carguero clase Olimpic plenamente cargado– si no porque, según mi empleador que tan generosamente me pagó, cuando llegue a la zona debo de ponerme en contacto con un tal Riker Hoffman, quien se encargara de todo así como de activar la transferencia del resto de mi dinero.
    Sin embargo, cuando me alejo a comprobar el estado de carga de los campos repulsores, no puedo evitar sentir un sudor frio en mi nuca; este instinto mío me está avisando de algo, pero no se dé que…
    Ni un segundo después, la alarma se enciende en la cabina y como una ola se esparce por toda la carga. Entre dientes maldigo mi suerte ya que sólo hay algo que active esa condenada chicharra.
    - Piratas...
    Corro desesperado hacia los controles, antes que los corsarios estén demasiado cerca y sea tarde. Estoy terminando de recorrer la bodega cuando una explosión me lanza por los aires, golpeándome dolorosamente en la caída. Intento no perder el conocimiento aunque mi vista se nubla.
    En un último parpadeo antes de caer desmayado la puerta de la bodega vuela en mil pedazos y veo que ingresa en la nave la peor abominación de toda la galaxia.
    Un Nekor está entrando hábilmente de entre los escombros de la compuerta que se descompone. No usa traje espacial ya que estas criaturas pueden soportar las condiciones del espacio exterior sin problemas, y además, son unos cazadores excelentes y muy resistentes desprovistos de tecnología; usan una telequinesis muy avanzada para sus propósitos.
    La nave se está despresurizando por momentos. Me agarro como puedo para no salir volando por los aires y pasa por mi mente dirigirme al módulo de escape… Todo parece perdido y quizá esa sea la mejor solución, pero abandonar mi nave y la carga es demasiado doloroso. De repente, me acuerdo de la chica… A duras penas me pongo en pié y me dirijo titubeante a su cápsula.
    -Muchacha, mejor será que guardes algún as en la manga porque de lo contrario estamos perdidos-, digo entre mis adentros mientras realizo las necesarias operaciones para despertarla…

    Jake tenía razón, en el momento de la verdad sólo nos acordamos de aquellas mujeres con las que no nos acostamos. Estoy jugandome el pellejo y sin embargo no puedo evitar pensar en ello. Sólo la cutrez de mis equipos parece traerme a la realidad. no puedo liberarla de la invernación sin antes golpear sin contemplaciones el panel de control de su capsula. Casi puedo notar en mi nuca cómo llegan esos malditos, ni siquiera la despertaré, la arrastraré al compartimento secreto que tantas vecez he tenido que usar. Allí en silencio, si se dan por satisfecho despues de desvalijar mi nave, quizás tengamos una oportunidad y decidan irse sin malgastar un misil para enviar mi nave al infierno.

    Pero debo darme prisa porque con seguridad el Nekor ha leído mi mente.-

    Si la compuerta de la cabina de mando no ha logrado detenerle, mucho menos podrán hacerlo las débiles entradas de cristalito genético de las cabinas de hibernación.

    ¡Maldición! La cápsula está atrancada y es imposible moverla. Si la despierto sin más, morirá sin remedio.
    Podía meterse el sólo en el compartimento secreto a prueba de escapes de los mortales gases de las cabinas pero... ¿y ella? ¿acaso soy un cobarde?

    Pero ¡un momento! El nekor está mirando desconcertado el cristalito genético, dónde se refleja su propia imagen...

    Dos segundos después sigo mirando atónito a la estatua del nekor. No es que sea de piedra, pero no se movió ni un centímetro desde que vio su reflejo. Jamás en todos mis años de piloto había escuchado esto.
    Rápidamente caigo en la cuenta... ¡Tengo un nekor! ¡Vivo en mi bodega! Por Flasdthar... eso vale una fortuna...

    - ¡¡¡VOY A SER SOBERANAMENTE RICO!!!

    Mis gritos retumban en toda la sala de carga haciendo que el valioso nekor salga de su estupor. Sacude su enorme cabeza bicéfala y lentamente la gira hasta que mi imagen se refleja en sus múltiples ojos.

    - Los dioses de Vega deben odiarme...

    El nekor deja escapar un resoplido y, ante mi incrédula mirada, da media vuelta y se retira de mi nave.

    - ¿Pero que... ?

    No puedo acercarme más a la abertura. Cierro los compartimientos anterior y posterior antes que toda la nave se despresurice y no quede nada. ¿Que ha sido todo eso del nekor? Por Flasdthar, este viaje se pone cada día más raro.
    Observo por los visores como la orgánica nave de la criatura se aleja lentamente. Tomo un sorbo del café recién servido que tengo en mi mano y de pronto su sabor me sabe a cielo.

    De lo más profundo de mi mente me vienen las palabras de Jake: “Todo ocurre por una razón, puedas verlo... o no”. Desconfiado dirijo los visores hacia el lado opuesto a donde está aquella nave orgánica.

    - Maldito, no estaba en estado comatoso... estaba usando su telequinesis...

    El nekor sólo le teme a algo... y eso está viniendo a toda prisa hacia mi.

    La chica ha despertado de la hibernación que dejé a medias (lo suficiente como para que ahora esté acercandose velozmente ante mis ojos atónitos). Su pelo resplandece y flota como si la ingravidez se hubiera apoderado de la nave. Está desnuda y es ciertamente hermosa, pero sus exhuberantes formas no consiguen disimular el peligro que esconden sus ojos en llamas. Es una telépata de las eras del caos... Y de una fuerza tan incontrolable que incluso el Nekor huyó al notar su presencia.
    Ahora solo queda esperar un milagro que me saque de esta...

  4. #14
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    Respuesta: Juego del relato inventado 3


  5. #15
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    Respuesta: Juego del relato inventado 3


  6. #16
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    Respuesta: Juego del relato inventado 3

    Venga, ¿quién se anima?
    Vamos cerrando el relato...

  7. #17
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    Respuesta: Juego del relato inventado 3

    Doy el relato por concluido, y lo presento como propuesta para la revista.

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