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Relato: Proyecto Cronos (por Danny Díaz)

Relato: Proyecto Cronos (por Danny Díaz)

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PROYECTO CRONOS

La puerta del despacho se abrió, entrando abruptamente un hombre delgado, de unos cincuenta años, con el pelo canoso alborotado, unas marcadas ojeras y una camisa blanca muy arrugada.
– ¡Arthur!– exclamo muy alterado mientras dejaba un fajo de papeles encima de la mesa– ¡lo he logrado!
–Calma Leonard– hizo un gesto al hombre para que tomara asiento– ¿Qué es esto?
–Las pruebas definitivas del mayor descubrimiento de la historia de la humanidad– dijo con una gran sonrisa mezcla de éxito y superioridad.
– ¿Has descubierto algo importante para el Proyecto?– dijo mientras apagaba un cigarrillo en un cenicero cercano.
–No, esto… esto es más importante.
– ¿Más importante?– Arthur se recostó en su silla– ¿más importante que el Proyecto Apolo? ¿Más importante que poner un hombre en La Luna y traerlo de vuelta sano y salvo?
–Desde luego que si– se levanto rápidamente de la silla y adopto una pose de superioridad con los brazos apoyados en las caderas– he descubierto no solo el sentido del tiempo, si no también como poner a un hombre en cualquier punto del tiempo y traerlo de vuelta sano y salvo.
Arthur se rasco distraídamente la barba castaña que le recorría las mejillas mientras trataba, por todos los medios, de entender y asimilar lo que su amigo, el Doctor Leonard Masters le acababa de revelar.
– ¿Y esta todo aquí?– dijo poniendo una mano sobre el fajo de papeles que había arrojado su amigo sobre la mesa nada mas entrar.
–Desde luego, los he traído con la intención de que los analices y, juntos, los presentemos ante el Director. Sin duda esto es más importante que viajar a La Luna… con un simple ajuste, podremos empezar a trabajar en este Proyecto, ¡imagina la cara de esos comunistas cuando les enviemos las fotos traídas por el primer Crononauta de la historia!– una risa histérica y nerviosa inundo el despacho.
Calmadamente, Arthur comenzó a leer los documentos que tenia ante si; su campo de trabajo era la física, tanto teórica como practica, pero reconocía que su amigo había hecho un buen trabajo, no solo en los cálculos, si no en lo que al diseño de la supuesta “Maquina del Tiempo” se refería, campo en el cual Leonard era un experto y el principal motivo para ser contratado por la NASA como ingeniero pero… lo cierto era que determinadas teorías que formulaba así como algunos cálculos eran demasiado heterodoxos para que pudiesen ser tomados como serios, pues parecían mas los desvaríos de un loco…
– ¿Y bien?– dice mientras da pequeños paseos por el despacho y se frota las manos nerviosamente– ¿Concertamos una cita con el Director?
–Leonard yo… no se si estos datos son fiables del todo. ¿El sentido del tiempo, viajar a través de el, poner un hombre en cualquier punto y traerlo de vuelta? Me temo que es demasiado complicado, demasiado… increíble.
Toda la fuerza que había demostrado el Doctor Leonard cuando entro el despacho desapareció de su cuerpo, mostrándolo tal y como era en realidad, un hombre que había pasado varios meses durmiendo poco, comiendo menos aun y sin apenas salir de su laboratorio. Al final, la pesadez y el desasosiego fueron tal, que se dejo caer pesadamente en el sofá que se encontraba a un lado de la puerta del despacho, con la mirada vacía y perdida.
Arthur se levantó, encendió otro cigarro y se apoyó delante de su mesa, mirando a su amigo con cierta tristeza.
–No puedo negar que los cálculos son complejos y están muy bien elaborados, pero todos sabemos que es imposible viajar en el tiempo. Las leyes físicas y naturales así lo indican y, hasta la fecha, todos los intentos de experimentar en este campo, han sido un rotundo fracaso.
–Pero lo han sido– la fuerza vital de Leonard parecía recuperarse por momentos– porque se habían centrado en “viajar” en el tiempo no en comprender “como” funciona el tiempo. Uno no puede montar en bicicleta si antes no ha aprendido a andar o el resultado será una dolorosa caída.
–Pero Leonard– dio una calada al cigarro– el Tiempo solo funciona de una manera, es una progresión de sucesos, es “causa y efecto”, ni mas ni menos.
–Eso es una verdad a medias, mi Teoría demuestra…
–Tus cálculos– puntualizó Arthur.
–Mi Teoría– insistió– demuestra y afirma que el Tiempo no es solo una línea recta que va del punto “A” al punto “B”, si no que también lo hace a una velocidad determinada. Velocidad que– una sonrisa de superioridad volvió a asomar en sus labios– nadie salvo yo ha sido capaz de constatar y, gracias a ello, desarrollar todos los cálculos necesarios no solo para demostrar su existencia si no para desarrollar toda una Teoría que posibilitara los viajes en el tiempo.
Arthur dejo el cigarrillo en el cenicero, se quitó las gafas y se masajeo suavemente los ojos.
–Leonard, el tiempo no es mesurable, no puede ser medido.
– ¿Entonces, porque llevas ese reloj tan caro en la muñeca?
–No confundas el hecho de medir el paso del tiempo con un reloj con el hecho de medir el tiempo en un laboratorio y a la manera científica. No podemos coger un trozo de tiempo, llevarlo a un laboratorio y hacerle pruebas para saber cuanto mide, cuanto pesa o de que esta compuesto.
»Además, hablas también en tus cálculos de que este se mueve a una velocidad determinada, velocidad que según tus cálculos es muy superior a la Velocidad de la Luz pero eso también es imposible; Einstein nos dijo, y otros científicos y Premios Nobel así lo han demostrado, que nada, NADA, puede ir mas rápido.
Leonard se levanto, camino en círculos durante unos minutos y se giro para mimar a su amigo.
–Ese es el problema Arthur, que como no se puede, es imposible, ¿verdad? No entiendes, nadie lo entiende ¿es que no ves lo que mi Teoría significa? ¿Acaso no entiendes mis cálculos? Yo he descubierto como viajar en el tiempo porque he descubierto que todo es una cuestión tan sencilla como saber donde se encuentra y, acto seguido, medir su velocidad.
–No es algo tan sencillo pero, adelante, explícate por favor– volvió ha indicarle que se sentase en una silla delante de él.
–Esta bien, te lo explicare… veras, hasta hace muy poco tiempo, la gente pensaba que el tiempo era una línea recta que va de un lugar a otro, de la causa al efecto, pero lo cierto es que esto no es del todo verdad. Veras, el Tiempo es una línea recta que se desplaza a una velocidad tan elevada que no somos capaces de verlo y que, además, no se desplaza de la causa al efecto -o del punto “A” al punto “B” si lo prefieres- si no que es todos esos puntos, es decir, que abarca todo lo que ha pasado, todo lo que pasa y todo lo que pasara.
»Por eso nadie había dado con el, por eso todos los científicos que han intentado localizarlo o medirlo se han equivocado y, al no dar con el, lo han dado por imposible. Pero lo cierto era que estaban totalmente equivocados, buscar el tiempo no era una cuestión de medirlo, si no de saber calcular cual es su velocidad y, una vez hecho esto, idear un medio de alcanzarla, pues solo así podríamos contemplar al tiempo en toda su extensión.
–Lo siento Leonard pero no lo veo claro…
–De acuerdo, de acuerdo, déjame aclarártelo. Imagina… imagina que el tiempo es como un tren que viaja en línea recta a toda velocidad. Si tu intentas localizar en que parte del trayecto se encuentra el tren, no podrás hacerlo, tan solo serás capaz de dar con la vía -que es nuestra percepción del tiempo- pero no sabrías si ir en un sentido o en otro para dar con el tren.
»Bien, según mi Teoría, no es necesario que localices al tren, si no que tan solo has de alcanzar la velocidad a la que se desplaza para, una vez lo hayas logrado, poder contemplarlo en toda su plenitud. Pero no lo veras desplazándose por la vía, si no que lo veras ocupando TODA la vía, puesto que el tren -el tiempo- abarca todo el pasado, el presente y el futuro al mismo tiempo.
»Así pues, podrías llegar a cualquier parte del tren y entrar en cualquier compartimento o vagón; es decir, podrías poner a un Crononauta en cualquier lugar del tiempo y del espacio para después volver a traerlo a nuestro tiempo sin ninguna dificultad o peligro.
La firmeza en la voz de Leonard, la vehemencia con la que defendía su Teoría y sus argumentos bien podrían haber convencido a una persona normal, con pocos estudios, pero no fueron suficientes para convencer a Arthur, que tras apagar el cigarro en el cenicero, volvió a sentarse tras su mesa mientras miraba a su amigo con unos ojos azules que reflejaban dureza pero compasión al mismo tiempo.
–Lo siento pero es una teoría absurda, sin sentido y que carece de toda lógica o base científica seria.
Leonard no esperaba un reproche tan duro. Estaba acostumbrado a que otras personas, sobre todo sus compañeros del Proyecto Apolo, lo tildaran de fantasioso o de poco científico cuando estaba trabajando con ellos, pero comprendía que todo se debía a que sentían envidia de su intelecto y de sus cualidades como ingeniero –lo cual era lógico teniendo en cuenta que había sido el primero de su universidad y que había entrado a trabajar en el Proyecto por obra y gracia del mismísimo Werner von Braun- pero oír semejante critica del único científico de todos con los que había trabajado al que podía llamar amigo…
–Pero… pero…– la ira casi le impedía hablar– ¿No lo entiendo? ¿Por qué?
–Veras Leonard: para empezar, no se puede viajar más rápido que la luz. Es imposible, es un límite que no se puede sobrepasar bajo ningún concepto o circunstancia; por lo tanto ni tú vas a lograr que tu “Maquina del Tiempo” lo logre ni el propio tiempo lo hace.
»Además, el tiempo no abarca nada mas que el presente, dado que el pasado ya ha sucedido y el futuro esta aun por suceder. Por eso no es posible viajar en el tiempo, por eso no vas a poder poner a un Crononauta -como tu lo llamas- en ningún lugar concreto del tiempo y por eso mismo no nos ha visitado ningún Crononauta.
»Pero quizás lo mas importante, y que pareces haber pasado por alto en tus cálculos es lo que le sucedería a un objeto que acelerase hasta alcanzar la velocidad del tiempo, para después colocarlo en un punto determinado y desacelerarlo de nuevo. El universo no esta vacío, esta lleno de cosas así como de partículas: protones, neutrones, electrones... ¿Qué sucedería si un Crononauta se materializa en este mismo lugar dentro de cinco mil años? Sus moléculas y partículas chocarían con las que hay en este espacio y se produciría una reacción en cadena nunca antes vista, reacción que bien podría aniquilar tan solo una zona determinada o que podría acabar con toda la existencia…
Arthur tomó los documentos, los cuadro y se los tendió a su amigo mientras lo miraba con una sonrisa condescendiente.
–Me temo que has perdido el tiempo Leonard. Eres un ingeniero brillante, deberías de centrarte en el Proyecto Apolo, algo palpable y que nos permitirá hacer historia en lugar de en esas teorías mas propias de un tebeo de Buck Rodgers.
Leonard tardo un instante en reaccionar, pero tomo los documentos, los abrazó con fuerza y comprendió que su amigo había actuado tal y como esperaba que actuarían los demás: con envidia y miedo hacia su intelecto. No era que el Proyecto Cronos -como él lo llamaba cariñosamente- fuese el delirio de un loco, era que, simplemente, tenían miedo de una persona que, en efecto, podría cambiar para siempre el curso de la historia y de la ciencia. Pero no se daría por vencido, no les permitiría que se riesen de él mucho más, pues sabía que era lo que necesitaban para que, de una vez por todas, reconociesen su genio: les daría algo que no olvidarían ni Arthur ni los demás.
–Esto… yo… tengo que marcharme Arthur, tengo trabajo que hacer.
–Claro Leonard. Oye, ¿quedamos a comer en la cafetería? Me gustaría comentarte los últimos cálculos que mi equipo ha realizado para que me des tu opinión.
–Emmm…–dijo mientras abría la puerta y se disponía a salir– si claro. A la hora de siempre ¿vale?
–Desde luego. Y descansa un poco, ¿de acuerdo?

Leonard sabía muy bien que es lo que tenia que hacer. Sabía perfectamente que ni su amigo ni el resto de sus compañeros y colaboradores le tomaría en serio si no aportaba pruebas visibles, medibles y analizables en un laboratorio. A si que en cuanto llego al hangar que hacia las veces de su puesto de trabajo, mando a todos sus ayudantes salir de allí con excusas y mentiras acerca de que necesitaba estar solo para ultimar unos detalles relativos al Proyecto Apolo en la mas absoluta tranquilidad, algo que no tardaron en hacer puesto que ya conocían su manía de proteger con celo todo aquello en lo que trabajaba hasta que no estuviese listo para ser mostrado al Director y este lo aprobase.
Cuando comprobó que todos se habían marchado, y tras cerrar todas las puertas y ventanas, Leonard se encamino hacia su despacho y abrió una puerta a la que solo el tenia acceso; muchos de sus ayudantes pensaban que era la habitación donde se encerraba durante semanas o meses para hacer lo que quiera que hiciese un genio de la ingeniería, pero la verdad era que fue allí donde el Proyecto Cronos germinó y donde desarrollo no solo los cálculos y los planos, si no también donde había construido, en secreto, el primer prototipo de su Maquina del Tiempo.
Tras dar las luces, en el centro de la habitación, había un objeto cubierto por una gran sabana blanca. Cuando la retiro, un aparato extraño fue bañado por la luz de los focos: básicamente, era una capsula esférica, plana por su parte inferior y con un gran ventanal de cristal especial en su parte delantera; Leonard entro al interior de la capsula por una portezuela y se sentó en el puesto de control, una silla con un casco extraño ambos cubiertos de cables, válvulas y correas mas semejante a un aparato de tortura medieval que a una silla de pilotaje y control.
Ya con todo ajustado, giro una llave y un ligero zumbido así como una pequeña vibración se sintieron por todo el interior; poniendo su mano pálida y delgada encima de una palanca que hacia las veces de acelerador, Leonard la fue llevando hacia adelante, mientras un monitor de pantalla verde mostraba datos solo comprensibles por alguien de su genio hasta que, con un sonoro chasquido, la oscuridad lo inundo todo.

Durante un instante que casi podría decirse que no había existido, la Maquina del Tiempo había alcanzado una velocidad tal que, ante sus ojos, Leonard podía ver todo el Tiempo en su extensión y su gloria. Es cierto que no era la primera vez que lo contemplaba, pues ya había hecho mas pruebas con anterioridad, pero no por ello podía dejar de maravillarse ante semejante espectáculo, imposible de definir ni con palabras, ni con complejos cálculos y ecuaciones ni tan si quiera con emociones.
Tras meditar unos instantes, analizando los datos del monitor, se decidió por un segmento del tiempo concreto y, con un movimiento, activo la secuencia de posicionamiento y deceleración que le colocarían en aquel mismo lugar pero cinco mil años en el futuro. A medida que la velocidad iba disminuyendo, la vista que tenia Leonard ante si fue aclarándose paulatinamente, hasta que por fin esta cobro nitidez y pudo apreciar una imagen espectacular: Amplias calles situadas unas encima de otras interconectaban edificios bellamente construidos y de formas extrañamente gráciles. Por doquier y en distintos niveles, vehículos voladores recorrían rutas que los hacían serpentear entre los edificios, subir, bajar o, incluso, atravesarlos por túneles construidos dentro de ellos; mirase donde mirase Leonard, veía edificios, calles extenderse, como si toda la superficie fuese una gran ciudad sin fin.

No le cabía la menor duda, ese era el futuro de los Estados Unidos, un futuro posible solo gracias a que él y otros genios habían roto las barreras impuestas por la ciencia tradicional y ortodoxa, dejando que fuese el ingenio y la imaginación de los hombres el motor para la consecución de cualquier objetivo que una mente humana hubiese imaginado jamás.
De repente, las lágrimas le brotaron por los ojos a raudales y una enorme sensación de orgullo y satisfacción inundo su corazón y su espíritu. Tenia que saber mas, tenia que observar y aprender mas, necesitaba ver y sentir como era aquel mundo tan maravilloso y utópico; debía, si DEBIA, descubrir como lo había juzgado la historia. Quizás hubiese universidades dedicadas en su honor, o estatuas o puede que hasta uno de aquellos magníficos edificios llevase su nombre; pero… ¿y si su nombre estaba asociado al de algún prestigioso galardón? Mas importante que el Premio Nobel y que en verdad premiase a los científicos de talento, no a todos aquellos fósiles que se conformaban con estudiar y mejorar la ciencia clásica.

Y así, tras desconectar todos los aparatos, y notar una pequeña sacudida cuando la Maquina del Tiempo dejo de flotar y entro en contacto con el suelo, Leonard abrió la portezuela, aspiro el aire puro y puso un pie en el suelo.
Y al instante, una extraña sensación recorrió todo su cuerpo y más allá, extendiéndose hacia todo cuanto lo rodeaba. Y sin saber como un enorme muro blanco comenzó a aproximarse cada vez mas y mas y mas, hasta que todo cuanto era Leonard, todo cuanto le rodeaba y, en definitiva, todo cuanto era, es y será, se concentraba en un único punto tremendamente denso y tan caliente, que una gigantesca explosión lo desgarro y fragmento, expulsando todo tipo de materias, fuerzas y energías hacia el nuevo universo que acababa de nacer…

Autor: Danny Díaz

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