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Capítulo 52: RESISTENCIA

Mamuro se tomó la cabeza, invadido por sentimientos encontrados. Estaba sentado en el escritorio que había pertenecido al administrador general de la colonia, un sitio que había sido sinónimo de poder desde la fundación de Tezuka. Por primera vez, no había nadie por encima de él. Ya no tenía que obedecer esas órdenes absurdas que habían conducido a semejante decadencia. Había destituido a los jerarcas con una facilidad que no hacía más que comprobar el grado de deterioro que la vieja política había alcanzado. Era su momento. El momento de liquidar la endeblez de un sistema monopólico que estaba fracasando en toda la Galaxia. Las noticias que llegaban desde Yukio no podían ser mejores. La administración de la capital del sistema de Ohashi estaba a punto de claudicar, presionada por los jerarcas disidentes que deseaban imitar su ejemplo e instaurar un shogunado. Esa crisis había impedido la reacción local de Yamato, que no podía movilizar su flota para recuperar Tezuka. Sin embargo, no todo funcionaba a la perfección. Le acababan de informar de la muerte en combate de Hauser en Koyama. Una noticia que lo impactó. Fue el policía más duro y más valiente que conoció. Su brazo derecho en el escuadrón. Perder la vida de modo tan fugaz y ante la resistencia de un puñado de pandilleros era una mala señal. Nunca tuvo como enemigo a ese tipo de bárbaros. Combatió contra otros imperios, contra tropas independentistas y contra ejércitos monopólicos. Reprimió a obreros revoltosos y a criminales comunes, pero era la primera vez que enfrentaba a una guerrilla urbana como esa, que llevaba décadas de organización y de impunidad para actuar en un terreno que había sido abandonado por la ley. Había aceptado el plan de Hauser de atacar por sorpresa, con la intención de evitar la formación de una auténtica resistencia. Pero pudo haber sido un error. Entrar a Koyama sin conocer su problemática y subestimando a los pandilleros podría conducir a una vergonzosa derrota, sirviendo de ejemplo a todos aquellos que rechazaban la implementación del shogunado. Era inevitable que surgiera algún tipo de oposición entre la población y por eso era necesario demostrar que la nueva conducción de la colonia arrasaría con cualquier intento de insurrección. Pero si unos bandidos eran capaces de diezmar a la policía, esa sensación de omnipotencia sería imposible de inculcar. Era imperativo tomar Koyama y devolverla a la legalidad. El avance de los tanques se había paralizado tras la muerte de Hauser. El cuarenta por ciento de los mismos habían sido destruidos o inutilizados. Mamuro había enviado a Adjar para retomar la conducción de la formación. Con veinte tanques de refuerzo. Algo que no le agradaba, porque dejaba a Yamamoto sin defensas. Adjar, antes de partir, le comunicó que utilizaría un plan diametralmente opuesto al ejecutado por Hauser. En lugar de avanzar con una sola línea horizontal, crearía dos líneas escalonadas, disparando a discreción a la mayor distancia posible. Pero Mamuro no confiaba demasiado en el plan de Adjar. Con los cañones programados para impactar a doscientos o trescientos metros de distancia, los tanques quedarían indefensos ante el ataque cuerpo a cuerpo de los pandilleros. Era cierto que la destrucción causada en la geografía de Koyama sería mayor, pero eso no neutralizaría al enemigo, solo devastaría a la población. Claro que era lo que Adjar pretendía, ya que este no temía a los pandilleros, que eran unos pocos, sino a los pobladores de ese barrio marginal, que podían levantarse en armas y generar una revuelta a gran escala que impediría definitivamente la intrusión policial. Molesto, bebió un trago de sake y lanzó un puñetazo hacia la mesa. Se suponía que las cosas serían al revés. Que desmantelar la administración de la colonia sería complicado, mientras que controlar a la población, resultaría mucho más sencillo. Pero los acontecimientos eran así. Extraños. Tenía que ver el lado bueno. Yukio estaba a punto de caer. La posibilidad de un ataque exterior se evaporaba. Y si el resto del sistema de Ohashi se convertía en un shogunado, la economía de todas sus colonias se retroalimentaría, evitando la necesidad de comerciar con los monopolios, que de cualquier forma les daría la espalda, eso si no decidía exterminarlos. Con el alcohol de arroz sintético en la sangre, encendió el mapa satelital y observó lo que sucedía en Koyama. Los focos de combate eran innumerables. Las pandillas se habían dividido en grupos pequeños y atacaban sin un respetar un patrón. Pero ya no había muchos de ellos. La confusión que creaban enmascaraba las escasas posibilidades de éxito que tenían. Notó que algunos pandilleros ya huían hacia el este, hacia la protección de las cloacas, abandonando el campo de batalla. Adjar había tomado el mando de la formación, así que Mamuro decidió marcar su posición en el mapa para estudiar sus movimientos. Recordó a Hauser y pensó en honrarlo con un gran funeral. Después de todo, era una parte importante de esa historia que estaban comenzando a escribir. Quizás, era el primer rincón de la Galaxia en rebelarse a los monopolios tras la guerra contra los imperios. El primer shogunado que se formaba desde la edad media de la colonización espacial. Presentía que jamás sería olvidado. Por eso necesitaba reactivar la historia. Porque la estaba conquistando. Porque la estaba escribiendo con sus propios actos para eternizarse en el panteón de los que triunfaban. Aún desconocía sus límites. Quizás, el resto de la Galaxia podría imitar su ejemplo y la Liga de Monopolios caer ante una irrefrenable oleada de shogunados. Era un pensamiento ridículo. Ebrio. Por eso, agradeció el efecto del sake. Además, percató que el plan de Adjar funcionaba. Los tanques volvían a avanzar. Koyama se desintegraría. Los pandilleros claudicarían. El shogunado tenía que ganar su primera gran batalla. Y ese iba a ser un buen motivo para brindar.

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