Mamuro, tras iniciar su temeraria cascada de allanamientos, se había reunido en el apartamento de Ishiguro, un alto mando de la administración de Tezuka, junto a otros jerarcas y accionistas de Yamato. El clima era de nerviosismo, pero también de una enorme excitación. Todos los ojos estaban puestos en Mamuro y este tomó la palabra.
-El Almirante Yugo ha ratificado su apoyo. La flota de Tezuka está bajo nuestro mando. He nombrado a Hauser Jefe de Brigadas, así que la policía tampoco nos traerá problemas. Todos aquellos que podrían haberse resistido al desmantelamiento de la administración están siendo encarcelados en este momento. El puerto de Koyama, tras la muerte de Ichi, está cerrado. Aún no hemos informado de lo actuado a Yukio. Cuando estos reaccionen ya no habrá marcha atrás y sabremos cómo defendernos diplomáticamente-
Ishiguro, que había recorrido una larga carrera en la administración de Yukio hasta ser designado a Tezuka, bebió un trago de Sake y no pudo contener su felicidad.
-Yukio está en una situación similar a Tezuka. Si deciden atacarnos, se enfrentarán a sus propios complots. Puedo asegurarles que intentarán dilatar su posición durante un tiempo prolongado, el suficiente para nuestros propósitos-
Mamuro escuchó esas palabras con satisfacción. Después de todo, ellos habían sido sus superiores. Sin embargo, estaban reunidos a su alrededor, entregándole el poder con un apoyo que lo emocionaba. Ellos sabían que el tráfico de objetos prohibidos había sido una excusa legal. Aunque ninguno había experimentado el tipo de vida imperial, salvo Mamuro, era tanta la fascinación que sentían hacia ese pasado que estaban obsesionados en restaurarlo. No les importaba traicionar al sistema que durante siglos los había sustentado.
Mamuro volvió a tomar la palabra, esta vez, para explicar cómo funcionaría Tezuka a partir de ese momento.
-Presencié con mis propios ojos el brillo del Imperio del Sol. Pero también conocí sus vicios. Por eso, tras reflexionarlo durante toda una vida, decidí indagar en la historia del bajo imperio nipón. El primero en formarse tras la colonización espacial. Y creo que ese es el ejemplo que deberemos tomar. Nos remontaremos a los shogunados, esas míticas colonias que le dieron la espalda durante siglos a las corporaciones. Elaboraremos un sistema rígido, honorable, cerrando nuestros puertos, violando los tratados monopólicos y obteniendo nuestros propios productos para no depender de la importación. Interferiremos las señales piratas e impondremos un duro control comunicacional. La policía será suplantada por una nueva generación de samuráis. Ellos mantendrán el orden y protegerán al shogunado. Los habitantes de Tezuka serán educados bajo el concepto del honor-
Uno de los accionistas, el más joven, extravió la mirada en un punto indeterminado de la sala. Cerró los ojos por un instante e interrumpió a Mamuro, exponiendo sus dudas.
-Algunos de los hombres que nos apoyan no son nipones. Hauser, por ejemplo, era un soldado del Imperio Germano. Y tampoco faltan los que provienen de colonias independientes. ¿Ellos tolerarán un sistema nipón?-
Mamuro, que había esperado una pregunta como esa, le contestó con su característica serenidad.
-Dejaremos que hagan sus aportes. No pretendo revivir un sistema imperial que en su momento fracasó. Podemos mejorarlo. Nadie nos molestará en un satélite tan distante como este. Ni siquiera la administración de Yukio, si es que logra disipar a aquellos que intentarán emular nuestra iniciativa. El tiempo está a nuestro favor. Los germanos eran hombres duros. Quizás, les agrade convertirse en samuráis-
De pronto, uno de los jerarcas, que se había quedando pensando en algo que Mamuro dijo antes, también lo interrumpió.
-¿Cree que un sistema de colonia feudal funcionará en Tezuka? ¿Nuestra economía bastará para satisfacer la demanda de toda una población? Actualmente, subsistimos gracias a los subsidios de Yamato y a la exportación de cruceros. Con la órbita cerrada, deberemos implementar una economía diametralmente opuesta-
Mamuro se tomó un descanso de un minuto, bebiendo sake mientras elaboraba una respuesta.
-Legalizaremos el tráfico de objetos perdidos. Los únicos extranjeros que podrán visitar Tezuka lo harán para comercializar dichos objetos-
Sus palabras, resonaron en el silencio de la sala, ante los rostros congelados de los sujetos que apoyaban su complot. Era como si todos hubieran esperado ese momento. Como si el salto al vacío que acababan de dar fuera movilizado por el deseo de aumentar sus amadas colecciones.
-Diremos que la infección del coleccionismo es irreversible. Después de todo, es una demostración de la decadencia del sistema monopólico y de su absurda represión del pasado. Hasta indultaremos a aquellos que hayamos encarcelado, en caso de que quieran sumarse al shogunado-
-Qué pena- susurró Ishiguro.
-¿Perdón?- preguntó Mamuro.
-Se suponía que confiscaríamos sus colecciones y repartiríamos los objetos entre nosotros-
Mamuro dibujó una sonrisa que iluminó su expresión.
-Lo haremos, Ishiguro. No se preocupe. Si salen de prisión, deberán comenzar de nuevo-
El joven accionista elevó la copa y propuso un brindis.
-Brindemos por Mamuro, nuestro nuevo Shogun-
Y todos tomaron un trago en honor a ese hombre que acababa concretar sus sueños más ocultos.





