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Capítulo 26: COORDENADAS

La señal de alerta encendió una de las computadoras holográficas, iluminando la cara dormida de Klaus. Este despertó lentamente, hasta que descubrió el mensaje enviado desde el Suki de Zoll. Sus ojos se abrieron preocupados, pero todavía no lograba salir de su estado de ensueño. Cuando su mente comprendió las implicancias de lo que ocurría, se puso de pie y se alejó de la butaca con dirección al cuarto de Zoll. Ni él ni Anneke estaban. Probablemente eran perseguidos por la policía. O algo mucho peor. Podrían estar muertos en las calles de Yamamoto.

-¡Idiota!- se quejó, por no haberle dicho que se iba ni que pirateara los sistemas de tránsito. Sin la protección del pirateo, sería sencillo para la policía averiguar el punto de partida del Suki.

Se pasó las manos por la cara. No había tiempo que perder. Debía huir del apartamento. Caminó con largos pasos hacia el cuarto contiguo y sacudió los hombros de Lizar, que instintivamente extrajo su láser de la almohada y le apuntó a la cabeza.

-Tenemos que irnos. Zoll se fue con Anneke. Y los atraparon-

-¿Cómo sabes que los atraparon?- preguntó el hacker, que los había visto partir.

-Enviaron un mensaje-

Lizar, que había pasado una noche reveladora, salió de su colchoneta y despertó a Noriko, que ya no soñaba en voz alta. Ella le respondió con sus afilados ojos dorados, abrumada por lo que había soñado. El hacker le entregó la chaqueta y la tomó de la mano, como si ella fuera lo más valioso en el mundo.

Klaus regresó a sus computadoras y se quedó paralizado frente a ellas. No podía llevarlas consigo. Ni siquiera tenía una copia del trabajo realizado durante los últimos años. Tenía que abandonarlas para preservar su vida. Sintió una horrible amargura. Era como un capitán que escapaba de su nave en el medio de un naufragio estelar. Maldijo a Zoll por la estupidez de su acción. Lizar, que ya estaba junto a la puerta, debió soltar a Noriko y empujar a Klaus para que reaccionara.

-¡Vamos!-

El ex traficante de recuerdos apretó los dientes, furioso. Estaba a punto de perderlo todo sin haber obtenido nada de esa aventura con el Tarcovsky. Buscó su arma y salió con el hacker y el androide hacia el ascensor.

-Imagino que tienes un aerodeslizador- dijo Lizar.

Klaus asintió, pero no podía emerger de su tristeza. Quizás, prefería quedarse con sus cosas y dejarse atrapar. Amagó con detener el ascensor, pero Lizar interceptó su mano.

-No seas idiota-

Noriko observaba a ambos hombres, pero lucía extraviada, como si aquello que soñó se encontrara en el borde la vigilia. Lamentablemente, solo conservaba destellos, imágenes amorfas, sensaciones surrealistas. Pero no recordaba absolutamente nada. La realidad le parecía también ajena. Era arrastrada por esos sujetos sin entender su rol en el asunto. Habían intentado entrar a su cabeza y fracasaron. Tampoco se sentía cómoda con sus emociones, como si rechazara ese cuerpo ajeno que le habían implantado.

Llegaron a la terraza del edificio y corrieron hacia la zona de despegue. Había una docena de aerodeslizadores estacionados. Lizar creyó escuchar las sirenas de las patrullas. Experimentó un inevitable pánico. Era una persona pesimista, que no le temía a la muerte. Pero tras testimoniar todo lo que el inconsciente de Noriko narró durante la noche, ahora su vida y la del androide eran invalorables. Tenía que salvarla y salvarse a cualquier precio. Entraron al vehículo y Klaus lo puso en marcha. Lizar lo notó tan angustiado que se le cruzó por la cabeza arrojarlo a la terraza y escapar sin él.

-No hay que llamar la atención. Buscaremos una vía con mucho tránsito- explicó con una melancólica tranquilidad, algo que serenó al hacker.

El aerodeslizador se elevó en dirección noreste, tomando la ruta más alta. Lizar comenzó a temblar, volteándose para observar a Noriko, sentada atrás. Entonces, sus ojos encontraron una visión escalofriante. Cuatro patrullas descendían sobre el edificio. Por suerte, no habían notado la partida del vehículo. Si fuera por él, aceleraría hasta alejarse lo más pronto posible del lugar. Pero Klaus era lo suficientemente inteligente para mantener la velocidad y pasar desapercibido.

Noriko contempló la arquitectura de la ciudad. Le resultaba extraña. Novedosa. Terriblemente moderna pese al deterioro que la caracterizaba. Le horrorizaba desconocerla. Se preguntó qué había sucedido. Por qué, desde que revivió, el peligro la acechaba. Lizar siguió mirando para un lado y para el otro. Sus manos expresaban tal nerviosismo que terminaron inquietando a Klaus.

-La frontera con Koyama debe estar cerrada. Conozco a alguien que me debe un favor y espero que esté dispuesto a pagármelo-

Al hacker no le gustó la idea. Nadie más tenía que conocer la identidad de Noriko. Ni siquiera pretendía contarle a Klaus lo que escuchó durante la noche. Era algo entre él y el androide. De pronto, vio un desmedido procedimiento policial junto a la autopista, en Nikkei. La escena lo sacudió. El Suki, en modo robot, estaba hecho trizas, rodeado por una docena de patrullas. Klaus notó esa sorpresa en su rostro y miró hacia abajo. No quedaban dudas. Zoll había sido atrapado. Ya no podía pensar en él. Solo esperaba que lo hayan matado. Sería más digno que soportar las torturas de la Central de Inteligencia. Era una lástima. Siempre le había caído bien. No era un criminal común. Era un joven con agallas. Y eso, tarde o temprano, terminaría con su vida. Como probablemente acababa de suceder.

A medida que transcurrieron los minutos y la amenaza policial se disipó, Lizar se sintió aliviado. Se pasó la mano por la frente y se volteó otra vez, entregándole una falsa sonrisa a Noriko. Klaus programó el sistema de navegación y se acomodó en el asiento, relajado. Se dejó arrebatar por un profundo silencio. Su mirada se perdió en el horizonte. Su trabajo como historiador había finalizado. Aunque todavía conservaba un as en la manga. Y aunque no confiara demasiado en el hacker, extrajo la lámina digital de su bolsillo y leyó las coordenadas que había escrito en voz alta.

-¿Es una anotación durante la intrusión al cerebro?- preguntó Lizar, suspicaz.

-Hay que salir de la colonia. Los saqueadores escondieron algo en un punto indeterminado de Tezuka y vale la pena encontrarlo-

-¿Y cómo demonios piensas salir al exterior?-

-Espero que mi amigo, el que me debe un favor, nos pueda ayudar-

Noriko escuchó la conversación, pero permaneció distante, a millones de años luz de ese aerodeslizador que acababa de rescatarlos de un tétrico final.

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