Cerrar
Este portal ha sido concebido como una plataforma sin ánimo de lucro, a disposición de personas interesadas en dar a conocer sus trabajos; ya sea publicando parte o la totalidad de algunas de sus obras, como publicitándolas mediante artículos, entrevistas, etc… También se pretende informar sobre un amplio abanico de disciplinas y materias (tanto científicas como de entretenimiento), así como descargas y foros de debate y opinión. Como complemento a todo ello, ofrecemos un servicio de galería y blogs completamente gratuitos, a todos aquellos usuarios registrados que lo soliciten.
Víctor (Borg)
Administrador y publicador
Ver perfil
Cristina (Kiz)
Soporte en la programación y configuración del portal
Ver perfil
Álvarez Suárez (Hugo angel)
Publicador
Ver perfil
Nicolas Lasaigues (Lgv)
Publicador
Ver perfil
Top Panel
PDF Imprimir E-mail Compartir

Capítulo 25: ESCUADRÓN

-Apareció un Suki- advirtió Adjar.

-Y no tiene sistema de navegación. Debe ser ese. No hay otro Suki tan antiguo en Tezuka. Avisa a los demás- vociferó Hauser.

Ambos ex policías, ex integrantes del Escuadrón de los cuervos, patrullaban la zona donde supuestamente se habían ejecutado los pirateos, camuflados en un aerodeslizador civil. Descendieron a las calles y tomaron un atajo para intentar interceptar al sospechoso sin llamar la atención.

-Avanzamos por Yumi. El Suki va hacia el sudeste, las coordenadas son 0031-A, en dirección a la frontera con Koyama-

Adjar sintió una terrible nostalgia ante el comienzo de la persecución. Un viejo frenesí se apoderó de su mente. Los años no habían pasado en vano, pero la situación lo rejuveneció. Hauser, sentado a su lado, preparó el lanzador de proyectiles. No sería la primera vez que enfrentaría a un vehículo transformable. Durante la guerra, debió combatir contra colonias que aún utilizaban robots. Nunca era sencillo derribar a una bestia mecánica, pero un pequeño modelo como ese no iba a representar un gran problema.

Desde el extremo opuesto del cerco que habían trazado en los alrededores de Yamamoto, Mamuro viajaba a toda velocidad hacia el punto de intersección. Takara conducía a su lado, mientras un escalofrío recorría su espalda. Solo esperaba no tener que enfrentarse a Anneke. Y si así lo hacía, debía capturarla con vida, ya que estaba intrigado sobre sus actos y sobre el suicidio de la Capitana. La Central no estaba enterada de la formación del Escuadrón y si las cosas salían mal las consecuencias serían fatales para su carrera. Pero la pronta aparición de los sospechosos era un punto a favor y tenía un buen presentimiento sobre el enfrentamiento.

-Neco, quiero el punto de partida del vehículo. Rastréalo-

-No hubo pirateo esta vez, señor. Buscaré las coordenadas del refugio- dijo este desde el búnker que habían establecido en Ayukawa.

Takara veía pasar la arquitectura de la ciudad con una sonrisa en el rostro. Tras tantos años de ostracismo y de humillación, estaba otra vez en acción, con ese duro grupo de hombres. Aunque todo había sido repentino y las intenciones de Mamuro aún le resultaran confusas, experimentaba una inexplicable emoción. El mundo había cambiado. Se había tornado caótico y patético. Pero en ese momento, rodeado por las luces de las marquesinas y los edificios, un dejo de esperanza le inflamaba el corazón. Si no era una trampa de Mamuro y si la posibilidad de tomar el poder existía, algunos de sus mayores sueños se concretarían. La aventura recién comenzaba. Por eso, no había lugar para errores.

-Lo veo. A quinientos metros- avisó Adjar.

-Acelera- dijo Hauser con un brillo en los ojos, mientras la ventanilla descendía y él extraía el lanzador de proyectiles.

Cuando estuvieron a menos de cien metros de distancia, apretó el gatillo y un pequeño misil salió hacia el Suki, impactando en un ángulo de la calle.

-¡Mierda!- gritó Zoll, haciendo una brusca maniobra para recuperar el control.

Anneke miró hacia atrás, descubriendo al vehículo negro que los perseguía.

-¡Parapoliciales! ¡Tienes que desviarte, Zoll!-

Viraron hacia la izquierda, para eludir el tránsito. Anneke le quitó el láser Máuser a Zoll y se preparó para defenderse. Cuando el aerodeslizador estuvo en la mira, disparó una ráfaga de rayos, impidiendo que se acercara. Zoll no había pensado en una ruta de escape, así que no tuvo más remedio que encender el navegador y buscar el mejor atajo hacia Koyama.

-Los tenemos-  sentenció Takara al ver en el mapa el sensor de navegación del sospechoso.

-Intercéptalos en Nikkei- ordenó Mamuro, deduciendo que los reos tomarían esa ruta.

El Suki no podía ascender a más de cinco metros de altura, así que Zoll no tenía otra alternativa que buscar el refugio de las calles que estaban bajo la autopista. Anneke disparaba una ráfaga tras otra, con su mano menos útil, ya que su brazo derecho estaba roto. Maldijo esa discapacidad que le impedía apuntar con certeza. Pero al menos había logrado que los parapoliciales dejaran de lanzar proyectiles y tomaran una mayor distancia. Zoll volvió a desviarse, esta vez hacia Nikkei. Entonces, una mina iónica que acaba de ser depositada, estalló y los hizo volar por el aire. Anneke salió eyectada, mientras el Suki chocaba contra el techo de la autopista y caía dado vuelta sobre la calle. Zoll, aturdido, activó el modo robot. Buscó desesperadamente a su compañera, que se ponía de pie a más de veinte metros de distancia. Por lo menos había sobrevivido a la explosión. El vehículo que los perseguía se detuvo cerca de Anneke y ambos miembros del Escuadrón salieron de su interior, iniciando un tiroteo.

-¡Suelta el arma!- gritó Hauser.

Zoll avanzó con el robot hacia ellos, pero un sorpresivo proyectil dio en una de las piernas y el robot quedó mutilado. Debía alertar a Klaus. Por eso le envió un mensaje. Anneke, al ver lo que acababa de suceder, comprendió que todo estaba perdido. Caminó hacia atrás y comenzó a disparar hacia el vehículo negro que cubría a los dos sujetos. Estos respondieron, hiriendo el hombro de su brazo biomecánico, que se desgarró por completo. Zoll disparó los cañones iónicos hacia el vehículo, que estalló luego de que Hauser y Anjar se alejaran. La batalla era una verdadera tormenta de rayos. Mamuro, que había rodeado a Zoll con su aerodeslizador, atacó nuevamente al robot y este se partió en dos. Zoll, que lo conducía desde la cabina de la parte superior, sintió una descarga que electrocutó su cuerpo, haciéndole perder la conciencia. Los restos del robot se esparcieron ante la mirada aterrada de Anneke, que soltó su arma, creyendo que su compañero había muerto. Mientras Takara reducía al conductor del robot, Hauser y Anjar se dirigieron a la sospechosa, alejando el arma para que no la volviera a utilizar. Mamuro se deshizo del lanzador de proyectiles y se acercó a ella.

-¿Dónde está el cerebro?-

Anneke, dolorida, sonrió y lo escupió.

-Me debes mucho. Te di una carrera en la Central. ¿Este es el modo de devolverme el favor?-

Hauser se arrojó sobre ella, que lo recibió con una patada en el estómago. Adjar se sumó a la lucha y Anneke se defendió con un feroz puñetazo que le rompió la nariz. Mamuro contempló la ridícula escena, preguntándose qué había sucedido con esa oficial tan prometedora. Hauser le disparó en la pierna y ella cayó, mientras Adjar, fuera de sí, comenzó a golpearla una y otra vez en la cabeza. El rostro de Anneke se fue desfigurando con cada impacto. Nada detuvo al ex policía, pese a que ella ya se había desplomado, sin reacción. Sus puños seguían quebrando huesos, hasta que Mamuro debió interceder.

-La necesito viva-

El cuerpo desarmado de la joven quedó en el suelo, sobre un charco de sangre que no cesaba de expandirse. Con la mandíbula pulverizada y los dientes partidos. Sus ojos, cerrados, estaban hundidos en una geografía de hematomas que había borrado todo rastro de su identidad. El Escuadrón de los cuervos había entrado en acción.

Comentarios de los usuarios

No hay comentarios para este listado.

 
 
Asignar una puntuación (mienstras más alta mejor es)
5
Comentarios*
 
Powered by JReviews