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Capítulo 16: ACTIVACIÓN

Hacía horas que Lizar trabajaba en la intrincada programación del cerebro rígido. La enorme biblioteca almacenada en la zona ciega estaba sellada con llaves de seguridad que utilizaban códigos de acceso obsoletos. Eran demasiado antiguos, incluso para un hacker como él, que había pirateado cientos de programas para coleccionistas. Era como intentar leer un lenguaje perdido, una jerga que ya nadie utilizaba. Se lamentó de no haber estudiado con mayor profundidad las técnicas de hackeo de los saqueadores espaciales a los que tanto admiraba. Porque no había dudas acerca de lo que pretendía el sujeto que selló la biblioteca en la mente del Tarcovsky. Solo un saqueador podía acceder a ella. Los saqueadores eran los únicos que conocían el lenguaje informático de la antigüedad. Esa era la clave de todo. Y aunque Lizar sabía mucho acerca de ellos, no bastaba para abrir el cerrojo. Tenía que deducir por sí mismo cada cálculo implementado y además esperar a que Katsuo reanimara al androide.

El especialista en cibernética atacaba el problema desde un ángulo muy distinto. Utilizando la computadora pentadimensional intentaba reactivar las áreas motrices del cerebro. La inclusión del chip de conducta de Noriko era un buen atajo, pero eso lo obligaba a solucionar problemas de compatibilidad entre dos modelos tan disimiles, como lo eran el Tarcovsky M-st 102 y el Beta de Yonesawa. Era una tarea agotadora. Porque cuando lograba reformular un programa, inmediatamente debía modificarlo para detener los errores de incompatibilidad. Y no contaba con todo el tiempo del mundo para hacerlo. La policía, en cualquier momento, los podía encontrar.

-¿Qué piensas que contiene esa biblioteca?- preguntó Katsuo.

-No lo sabremos hasta activar su conciencia- respondió Lizar, remarcando la obviedad de la pregunta.

-Pero debes tener una idea. Una intuición acerca de su contenido-

-Sea lo que sea es algo muy grande. El 25% del cerebro fue reprogramado para convertirse en un área de almacenaje. No parece un depósito de imágenes, lo que lo hace más masivo. Estamos hablando de miles de millones de qbytes de archivos de texto. Es una biblioteca en el más vetusto sentido de la palabra-

-¿Libros?- interrogó perturbado el viejo.

-Historia. Alguien se encargó de recopilar toneladas de historia y de ocultarla en este cerebro-

-¿Historia? ¿Y de donde habrían sacado esa información?-

-Se cuentan cosas legendarias acerca de los saqueadores. Se dice que enfrentaron al primer imperio galáctico y preservaron la cultura de los antiguos. Fundaron sus propios mundos, completamente ocultos, ya que los habrían borrado de los mapas de la Galaxia. Y en ellos forjarían auténticas bibliotecas, con libros que habrían rescatado y robado durante las guerras-

Lizar dejó la computadora y observó a Katsuo con un brillo en los ojos.

-Mi hipótesis es la siguiente: uno de esos mundos fue atacado. Quizás destruido. Y alguien intentó salvar sus bibliotecas, guardando su contenido en el cerebro del Tarcovsky, al que habría lanzado hacia algún lugar recóndito del espacio con la esperanza de ser hallado por otros saqueadores-

Katsuo escuchó esas palabras con un dejo de fascinación. Lizar era mucho más que un decadente hacker de Ayukawa. Ya se lo habían dicho. Pero al viejo le surgió un nuevo interrogante.

-Este cerebro perteneció a un androide que se estrelló en Tezuka. ¿Por qué? ¿Por qué los saqueadores habrían elegido este satélite para preservar una información tan importante?-

Lizar sonrió. Volvió a la computadora y continuó con la programación.

-Esta colonia tiene cien años. Quizás, en el pasado haya estado habitada por saqueadores. El que envió al Tarcovsky a este lugar pensó que era el sitio adecuado-

Katsuo seguía hechizado por la historia que contaba Lizar. El pasado de Tezuka era una incógnita. Yamato se adjudicó el sistema de Ohashi porque supuestamente estaba deshabitado y fuera del espacio conocido. ¿Pero y si no fue así? ¿Si Yamato aniquiló a los habitantes del sistema de Ohashi con la intención de apropiarse de él? Era un secreto a voces que el único valor de Ohashi para una Corporación galáctica como Yamato radicaba en su ubicación. Se encontraba en el margen de la Galaxia, en el extremo opuesto al de las primeras colonizaciones. Era un cuadrante simbólico del mapa galáctico. Yamato podía jactarse de tener sus fábricas en todas las coordenadas de la expansión humana. Ese era su auténtico y absurdo valor.

Katsuo provenía de una colonia del Imperio del Sol. Cuando esta cayó ante el poder de los Monopolios, lo reclutaron para poblar Tezuka. Tuvo la suerte de independizarse de sus nuevos dueños y convertirse en un afamado experto en cibernética. El Puerto de Koyama se transformó con el tiempo en un sitio de placer para el descanso de los tripulantes de los cargueros y pronto se llenó de erodroides. Katsuo se especializó en la reparación de esas prostitutas sintéticas y fue testigo de la decadencia de la colonia. Sin embargo, nunca la rechazó. Por el contrario, esa falta consciente de control, esos oídos sordos de parte de los jerarcas de Yamato, convirtieron al satélite en un sitio relativamente grato para vivir con cierta libertad. Hasta que las fábricas comenzaron a cerrar, desnudando el auténtico rostro de la Corporación. Ohashi era una fachada. Las plantas de producción eran inútiles. Lo único que Yamato pretendía era clavar su bandera y mostrarse poderosa ante la Liga de Monopolios.

Katsuo conectó un cable a la medula de Noriko y entonces una reacción en cadena activó los procesadores mentales y motrices del androide.

-¡Qué demonios!-

Lizar debió desconectarse del cerebro rígido, porque este inició una serie de programas de encendido que rechazaron su intrusión. La computadora pentadimensional disparó imágenes que seguían los saltos de reanimación de la conciencia del Tarcovsky. Katsuo dio un paso hacia atrás, sorprendido. El cuerpo del androide se convulsionó. Sus ojos se abrieron. Parecían estallar. Sus miembros temblaban violentamente. Un gemido metálico era gritado por esa pequeña boca que vomitaba una espuma blanca que se chorreaba hacia el pecho desnudo de la que alguna vez fue Noriko. Lizar estaba aterrado. No había completado el trabajo. No sabía si el cerebro sobreviviría a la activación automática ordenada por el metabolismo del Beta. Era una catástrofe.

-¡Hay que detenerla!-

-¡No!- contestó Katsuo.

Y el androide dejó de tener convulsiones. Su mirada se relajó. Su cuerpo ya no se movía. Su cabeza giró. Observó a Lizar. Luego a Katsuo. Se estudió las manos, extrañada. Recorrió con sus ojos dorados el sitio que la albergaba. Se incorporó hasta quedar sentada en la camilla. Se desconectó los cables. Se puso de pie. Parecía sentirse cómoda con su nuevo cuerpo.

-¿Quién soy?- preguntó con una dulce voz.

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