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Capítulo 09: ERODROIDE

Katsuo cerró los ojos durante unos segundos, concentrándose en lo único que lo obsesionaba en ese momento, el cerebro del modelo Tarcovsky M-st 102. Lo había implantado en el cuerpo de Noriko, ese hermoso erodroide que tanto había estimado. Katsuo era un anciano y su vida ya no podía ir más lejos, a pesar de las drogas de rejuvenecimiento y de los implantes biomecánicos. Así que no tenía nada que perder. Valía la pena arriesgarse. Pudo haberse deshecho del cerebro y negar cualquier acusación, pero prefirió continuar. Magnus, el cliente que lo contrató para repararlo, le acababa de enviar un mensaje, diciéndole que la policía lo había descubierto y que irían también tras él. Aunque el mensaje estaba encriptado no tardarían en descifrarlo y confirmar así el vínculo entre ambos. Katsuo abrió los ojos, se volteó para ver a Noriko en el asiento trasero, y puso en marcha el aerodeslizador, despegando del edificio con dirección al barrio rojo de Ayukawa, donde se reuniría con el hacker Lizar para contarle lo que había sucedido.

Aunque le temblaban las manos, experimentaba una vitalidad que lo reconfortaba. Sentía que ya no pertenecía al mundillo de Tezuka. Que sus banalidades cotidianas ya no significaban nada para él. El cerebro rígido ahora era suyo y tenía que revelar sus secretos. Tenía que descubrir aquello que la historia escrita por la Liga de Monopolios había extirpado de los registros. Era como sentirse humano una vez más. El modelo Tarcovsky era un tesoro para cualquier especialista en cibernética. Haberlo encontrado era algo que no sucedía jamás. Ya nadie creía en un destino, pero Katsuo presentía que su aventura tenía un significado. Era el habitante de una Galaxia que proclamaba el olvido como método de control. El pasado era algo que nunca existió. Pero esa mentira se acabaría. Aunque solo recuperara un fragmento de información. Un suceso cualquiera que sería el primero en desenterrar. Eso bastaría para burlar a ese mundo que había aprendido a despreciar.

Antes de partir, había contactado a Lizar para una reunión urgente. Ignoraba cuál iba a ser su reacción al comprender que el sujeto que financiaría el trabajo estaba siendo encarcelado. Podría negarse y regresar a su miserable existencia en las cantinas de Ayukawa. Pero Katsuo estaba obligado a convencerlo. Era el único hacker capacitado para abrir las llaves que protegían la memoria del cerebro. No lo había elegido al azar. Tenía una larga experiencia en desactivar cerrojos y probablemente ni siquiera él mismo era consciente de su enorme talento. Tezuka solía aplastar a sus habitantes. Los agobiaba con su mediocridad social. Era un satélite poblado por exiliados de muchas regiones del espacio. Mantenían la cabeza gacha porque descreían de sí mismos. Katsuo era un anciano y había testimoniado la corta historia de la colonia. Por eso, desde un primer momento, le dio la espalda a Yamato y trabajó por su cuenta, escondiendo su manera de pensar. Porque en el fondo, odiaba a esos traidores que se habían vendido a la Corporación. Esos nipones que le habían dado la espalda al Imperio del Sol para convertirse en negociantes galácticos.

Por fin, llegó a los límites de Ayukawa, el barrio decadente de Yamamoto. Esa filial de Koyama en el interior de la gran ciudad. Aterrizó en la calle, a metros del lugar de encuentro. Temió por Noriko, todavía inerte en la butaca trasera. Haría lo imposible por impedir que el cerebro que tenía implantado cayera en manos de las autoridades. Por eso salió del aerodeslizador con un añejo rifle láser que había comprado en su juventud. Miró hacia un lado y hacia el otro y no encontró nada. Segundos después, un hombre con un sobretodo azul se mostró desde la columna de una fachada. Era Lizar. Katsuo caminó hacia él, sin quitar el dedo del gatillo.

-¿Qué demonios sucedió?- preguntó con un inocultable nerviosismo el hacker.

-Entra- ordenó el anciano.

Lizar frunció el ceño, temeroso de la situación. Tenía las manos en los bolsillos y una de ellas empuñaba un láser. Si el viejo perdía el control, no dudaría en asesinarlo.

-Te lo explicaré en el camino. Tengo un laboratorio en el Parque Industrial. Trabajaremos en él-

Lizar imaginó que la policía estaba detrás del viejo. Aunque podría tratarse de algún coleccionista que también quería el cerebro rígido del modelo Tarcovsky. Su mente se convirtió en una máquina de disparar hipótesis. No debió aceptar la orden de Katsuo. Pero era demasiado tarde. Ya estaba en el interior del aerodeslizador.

-Quiero saber lo que sucede- advirtió mientras desenfundaba el láser y apoyaba el cañón en la sien del anciano.

Katsuo permaneció en silencio y encendió el motor. El vehículo comenzó a elevarse y aceleró hacia el norte de la ciudad. Lizar bajó el arma, confundido. Miró hacia atrás y descubrió el cuerpo de Noriko.

-¡Mierda! Ella es…-

-…el erodroide que usé para implantar el cerebro rígido-

Lizar se desconcertó. Noriko era la prostituta más famosa de Tezuka y estaba allí, muerta, con un cerebro ajeno.

-Murió hace unos días. El procesador colapsó. No pude hacer nada. Consideré que era la mejor opción para implantar el cerebro del Tarcovsky-

Lizar sintió que todo era irreal. Que estaba siendo arrastrado hacia algo mayor. Se pasó la mano por la cara y clavó los ojos en el horizonte. Entonces, su mente, que seguía haciendo hipótesis, dio en el blanco.

-Ahora lo entiendo. Capturaron al sujeto. Al que nos tenía que pagar-

La inexpresividad del anciano no hizo más que confirmar la deducción. Volvió a esgrimir el láser y se contuvo para no disparar.

-Tenemos que abrir la conciencia de ese androide. Quiero escuchar su voz. Quiero escuchar sus historias. Estoy muy viejo. Después, puedes matarme y quedarte con él. Pero prométeme que lo cuidarás, que no lo venderás a un prostíbulo de Ayukawa-

Lizar siguió estupefacto. Guardó el arma en el bolsillo del sobretodo. Claro que no lo iba a vender. Era Noriko. La mujer más bella de Tezuka. Pero había algo más. Algo mucho más interesante en ese androide. El Tarcovsky M-st 102 había sido reprogramado por saqueadores espaciales. Y estos criminales errantes, presentía Lizar, tenían mucho que decir acerca del pasado de la Galaxia.

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