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Más imprevisibles y libres de lo que creemos

Más imprevisibles y libres de lo que creemos

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El consultor y periodista Carlos Chaguaceda (León, 1966) ha seleccionado algunos de los estudios y experimentos que están empezando a establecer las bases científicas y neurológicas que influyen en nuestra capacidad para disfrutar de la vida.
«Las emociones son parte de la esencia de la especie humana. La empatía forma parte de nuestra historia evolutiva. Y si estamos donde estamos, es porque hemos sabido cooperar», sostiene. El altruismo, asegura, es tan necesario como el egoísmo para sobrevivir. «Somos la especie más capaz de interpretar las emociones de los demás, aunque estén a miles de kilómetros de distancia, como vemos con el fútbol. No es casualidad que las emociones se contagien y los pensamientos no».
El autor afirma que la ciencia ha mostrado cómo en la felicidad influyen tres tipos de componentes, que él desgrana en el libro: los que vienen de los genes, del entorno y los que surgen de nuestra actitud. «Ninguno de ellos actúa en solitario y es la combinación de todos la que produce el resultado final», señala. Hasta qué punto influye cada uno de estos tres aspectos no está claro y los porcentajes varían según los autores: «Lo relevante es que, ya que sobre los genes no podemos actuar, trabajemos nuestra actitud», sugiere el autor, que se considera «escéptico de pensamiento y vitalista en actitud».
El papel de la salud, el dinero y el amor en la ecuación de la felicidad son también analizados en su libro El mono feliz. Así, mientras la salud física y la emocional están íntimamente vinculadas, considera que el dinero y los bienes materiales pueden favorecer la felicidad pero, una vez que se logra un nivel relativo de confort, no hay una relación automática entre ambas. Por lo que respecta al amor, afirma que «necesitamos querer y sentirnos queridos para declararnos felices».

elmonofeliz

En definitiva, «somos racionalmente irracionales», resume. Hay muchos ejemplos que respaldan esa conclusión. «Los que vieron el debate entre Nixon y Kennedy por televisión dieron como ganador a Kennedy, mientras que los que lo siguieron por la radio dieron por ganador a Nixon. Los candidatos dijeron lo mismo, pero la cantidad de elementos intuitivos, emocionales, que metemos en la ecuación, marcaron la diferencia en la percepción de los ciudadanos». «La ciencia nos permite descubrir, valorar, entender cómo funciona esa parte intuitiva, pero no creo que nos permita anticipar cómo nos vamos a comportar. Afortunadamente somos mucho más libres e imprevisibles de lo que creemos. La conclusión es que sí, somos intuitivos, emotivos, irracionales, pero cada uno a su manera».
«La emoción es útil hasta para la memoria», subraya. «Nuestra memoria es engañosa e inexacta, pero todos la damos por buena. Cada vez que sacas un recuerdo, lo reconstruyes. Construyes una historia que es cierta en lo esencial, pero no lo son los detalles. Porque nos acordamos bien lo general pero mal de los detalles. Y recordamos mejor el qué que el cuándo». Y es que, según explica, guardamos en nuestra memoria aquello que tiene asociada una emoción: «Por eso somos capaces de recordar dónde y con quién estábamos en la Final del Mundial, pero no lo que cenamos antes de ayer».
Teniendo en cuenta todos los aspectos de su vida, ¿se considera usted una persona feliz? Durante el otoño de 2013, la empresa Ipsos Mori hizo esta pregunta a más de 16.000 personas de 20 naciones desarrolladas. El 77% respondió que sí. Si miramos los resultados por países, España es la nación con menos ciudadanos felices de las que participaron en esta encuesta (un 59%).

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