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Cada vez somos más tontos, según un estudio

Cada vez somos más tontos, según un estudio

  
 
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Quizá llevas un tiempo pensando que vives en una sociedad que en vez de avanzar, parece estar retrocediendo (y que en muchos aspectos, eso se debe a que nos volvemos cada vez más tontos).
Para mí es una sensación comprensible que todos hemos vivido alguna vez (y hasta en el pasado sucedía), pero ahora resulta que un macro-estudio nos dice que nos estamos volviendo menos inteligentes, o algo más tontos (según como lo veáis).
En el siglo XX, se observaron aumentos muy rápidos en el coeficiente de inteligencia por década (alcanzando su punto máximo en la década de 1970), sin embargo, las nuevas investigaciones sugieren que estos días de auge han desaparecido. Concretamente, en las personas nacidas después de 1975, las puntuaciones de coeficiente intelectual caen en picado.

En primer lugar, ser inteligente para mí está sobrevalorado (además de que si en el ambiente en que te mueves no es necesario agudizar el intelecto, pues es normal que no lo uses tanto como en otras ocasiones más exigentes).
Los hombres y mujeres de la época victoriana (que comprende el 1837 hasta 1901), aparecen como mucho más brillantes que sus descendientes actuales (debido a una gran ebullición científica, inventiva y artística de su época).
Ahora, parece que no hemos acomodado más, pero ya hay quien habla de una inminente nueva revolución tecnológica (que podría volver a alimentar nuestros cerebros).

Sea como sea, el caso es que las personas inteligentes suelen tener ventaja en algunos aspectos de la vida, cierto, pero sin embargo, en cosas importantes como son encontrar pareja, educar a un hijo y hacer amigos, dejan bastante que desear.

Pues muy bien. Ahora, Investigadores del Centro de Investigación Económica Ragnar Frisch en Noruega, han analizado las puntuaciones de cociente intelectual de aproximadamente 730.000 hombres nacidos entre 1962 y 1991. Y encontraron que los resultados crecían en casi tres puntos porcentuales cada década para las personas nacidas entre 1962 y 1975. Pero entre los nacidos después de 1975, las puntuaciones caen en picado.

En el estudio, los investigadores observaron caídas de coeficiente intelectual que ocurren dentro de familias, entre hermanos e hijos, lo que significa que el efecto probablemente no se deba a factores demográficos ni genéticos, sino en el estilo de vida que llevamos.

La forma en que los niños han sido educados, la forma en que se han criado o en las cosas en las que gastan el tiempo, podrían estar detrás de tal situación.
Por ejemplo, si antes la lectura era mayoritaria, con la masificación de televisores en los 70 se fue produciendo un cambio a la pequeña pantalla.
Aquí entraríamos en el eterno debate sobre si la TV, indiscutiblemente emboba: pero no todo es basura, puedes ver hermosos documentales y hasta excelentes películas enriquecedoras... Quizá no sea todo tan sencillo como echar la culpa a la caja tonta...

Porque otra posibilidad (quizá por la que me decanto yo), es que las pruebas de cociente intelectual tradicionales se hayan quedado anticuadas y no se hayan adaptado para cuantificar con precisión una estimación de la inteligencia de la gente moderna. Los nuevos estilos de vida de los jóvenes, puede que demanden otro tipo de apreciaciones.

En la mencionada época victoriana, se explicaba su mayor inteligencia en la comparación de los resultados de los tiempos de reacción a estímulos visuales, en pruebas realizadas a los ciudadanos desde finales del siglo XIX, hasta los tiempos modernos.
Al parecer, la velocidad de nuestros reflejos, una señal de capacidad intelectual, es bastante más pobre en comparación con la de nuestros antepasados.
¿En la época victoriana tenían más agudeza visual que un jugador de videojuegos?
¿Seguro?
Hay gente que usa el móvil frenéticamente (parecen poseídos), las tablets, las APPs nos hinchan a estímulos y requieren de muchos reflejos... He visto trastear un ordenador en tiempo récord... ¡Parece imposible ir tan rápido! ¿Y tenemos menos reflejos que antaño?
Yo pensaba precisamente, que nos encontramos ante unos tiempos de velocidad de reflejos frenética...
Qué mayor prueba de agudeza visual y de reflejos, que jugar a un Shooter, ¿verdad?

La neurocientífica Daphne Bavelier, ha demostrado cómo este tipo de juegos de acción en primera persona, pueden tener efectos muy positivos sobre diversas funciones cerebrales.
Bavelier destaca cómo después de jugar a videojuegos de acción, las personas que participaron en su investigación mejoraron sensiblemente aspectos como la rapidez en la toma de decisiones, el nivel de atención o el tiempo de reacción.
Quizás el problema radique pues, en que conforme una sociedad evoluciona, los tests de inteligencia deberían hacerlo de la misma forma.

¿Y vosotros qué pensáis?
¿Los chismes modernos nos atontan? ¿O nos hacen también inteligentes, aunque de modo distinto que el tradicional?
¿Es hora de actualizar los tests de inteligencia?

Fuentes:

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