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Soluciones reales para la crisis

Soluciones reales para la crisis

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La crisis financiera y sus excesos han generado un caldo de cultivo en el que han germinado iniciativas que intentan dar un vuelco al sector bancario. La banca ética, compuesta por apenas cinco entidades y algo más de 50.000 clientes, defiende una total transparencia, que solo invierte en economía real, no especula con el capital y financia proyectos vinculados a sectores como las energías renovables o la agricultura ecológica y toma la justicia social como su particular Biblia. En su último informe, Setem denunció que 14 bancos españoles participan en 19 de las principales empresas fabricantes de armas controvertidas y prohibidas. Pero pese a ello, la banca ética aún representa un porcentaje ínfimo en el conjunto de las finanzas españolas. "Cuando una persona se hace cliente nuestro, acaba de decidir que toma decisiones financieras no solo mirando el precio. Incorpora valores, ideales y los promueve", afirma Esteban Barroso, director general de Triodos. "No es lo mismo invertir en renovables que en nucleares, en agricultura ecológica que en transgénicos, en comercio justo y cooperación al desarrollo que en negocios contra los derechos humanos", ejemplifica Barroso.
Que los ciudadanos puedan decidir sobre el destino de sus ahorros, sobre sus solicitudes de crédito o sus inversiones con responsabilidad, basándose en una información fiable, es el ideario de esta red alternativa a la banca tradicional, que germinó en España hace una década.
Los expertos coinciden en resaltar las lagunas que arrastra el sector bancario tradicional, y algunos censuran con crudeza su falta de escrúpulos. "No hay manera de que un cliente sepa dónde invierte el banco su dinero. Si supiera que financia la evasión de impuestos desde paraísos fiscales, el blanqueo y la compraventa de armas... El problema es la transparencia que no se les exige", plantea Juan Torres, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla.
Y mientras, el movimiento de los indignados apoyan la banca ética pero con la boca pequeña… Pues no se traduce su apoyo en un significativo aumento de clientes.

indignados

¿Se imaginan que el mundo de los negocios se midiera por magnitudes como la cooperación y el reparto justo de la riqueza, y no por la competencia y la acumulación de capitales? Suena utópico, pero en Europa ha nacido un movimiento que demuestra que es posible. Ya hay una universidad, tres bancos y 700 empresas apuntadas a la Economía del Bien Común.
El actual sistema económico premia a las empresas que acaban con sus competidores, la bolsa aúpa a las compañías que mejoran sus balances cuando despiden a media plantilla y el ranking de milmillonarios es la vara de medir del éxito en los negocios. ¿Cómo es posible que los valores que gobiernan la economía sean los opuestos a los que guían las relaciones humanas? Si en nuestras vidas apreciamos la solidaridad, la cooperación y la generosidad, ¿por qué nos regimos por un sistema basado en la competencia, el ánimo de lucro y el egoísmo?
En Austria y Alemania, un grupo de economistas, analistas y estudiosos de distinto origen lleva varios años dándole vueltas a esta pasmosa contradicción. A finales del 2010 diseñaron un modelo que pretende hacer compatible los asuntos del bolsillo con los de la moral. Sus principios, que de lejos pueden sonar a utopía de un mundo feliz irrealizables, están sustentados en referencias y cálculos reales. Ellos entienden que las mejores empresas deberían ser aquellas que cooperan más con otras entidades y las que generan más beneficios para la comunidad.
El PIB, considerado el mayor objetivo, puede aumentar en países en guerra o que no respetan los derechos humanos. Las empresas se miden por sus balances, pero estos no dicen nada sobre las condiciones laborales de sus trabajadores, ni si cuidan o arrasan el medioambiente. La economía está basada en patrones diabólicos que permiten situaciones tan perversas como que los productos del comercio justo, elaborados con respeto a los derechos de los trabajadores y con sensibilidad ecológica, sean más caros e inaccesibles que los que contaminan y los que fabrica la mano de obra infantil.
Este nuevo modelo propone que tanto empresas como las economías nacionales sean auditadas en base a una lista de 17 variables que cuantifican aspectos como la calidad de las condiciones laborales, la igualdad de salarios entre hombres y mujeres, el reparto mesurado de la riqueza en las entidades, su nivel de democracia interna, lo cooperantes que sean con otras compañías similares y el valor social que aporta la labor que realizan.
El siguiente paso sería premiar con ventajas fiscales y contratos preferentes con la Administración a las empresas que obtienen una puntuación alta en los indicadores del Bien Común y facilitar que sus productos sean más demandados por los consumidores.
La Economía del Bien Común propone también que dentro de una empresa, el mayor salario nunca debería ser más de 10 veces mayor que el más pequeño (en Estados Unidos el múltiplo alcanza la escandalosa diferencia de 360.000).
Aunque supone poner patas arriba el sistema financiero actual, el modelo que proponen no contradice dogmas básicos del capitalismo como el respeto a la propiedad privada y la generación de riqueza, pero cambia el orden de los factores.
Proponen que los productos que se comercializan en el mercado cuenten con una pegatina, situada junto al código de barras, que indique en qué medida ese artículo y la empresa que lo ha fabricado cumplen con los baremos del Bien Común. Y es que si la gente empieza a preferir los productos que puntúan alto en ese código, las empresas y los países no tardarán en preocuparse por cumplirlo.
En igualdad de condiciones, ¿quién iba a preferir unos zapatos fabricados con normas esclavistas y cuya producción solo beneficia a un fondo de inversión, frente a otros que respetan los derechos laborales y el medioambiente y, además, reparten los beneficios de manera justa entre los trabajadores?
"Esto no es una utopía, es un sistema perfectamente calculado que puede llevarse a la práctica cuando las empresas y los ciudadanos lo decidamos", señala Francisco Álvarez Molina, antiguo vicepresidente de la Bolsa de París y exdirector de la de Valencia.
Hasta las narices. Así está la sociedad de sus políticos. Y así se refleja en el último barómetro del CIS, donde la tercera preocupación de los españoles es la clase política (solo por detrás de la economía y el paro). La máxima expresión de esta desafección es Torrelodones, un pueblo gobernado por sus vecinos.
Elena, Gonzalo, Santiago, Raquel, Luís, Rosa, Carlos, Ángel y Francesca. Son los nueve vecinos que cansados del urbanismo desaforado y el derroche, decidieron dar un paso al frente y convertir este pueblo de algo más de 22.000 habitantes en el noroeste de Madrid, en el primero sin presencia de un partido en el gobierno municipal. "Consideramos una obligación ciudadana el tomar responsabilidad política porque si no lo hacen otros por ti luego no te puedes quejar", apunta Ángel Guirao, Concejal de Comunicación.
Su llegada al Ayuntamiento en 2011, es algo “completamente inusual” escribió el New York Times.
"No somos políticos, ni aspiramos a serlo. Hemos llegado hasta aquí con esfuerzo y creemos que es la única vía para mejorar nuestro pueblo”. El resultado; el cierre del ejercicio de 2011 con un superávit de 5,4 millones de euros.
Por el momento, la respuesta de los torresanos a su labor está siendo positiva: "Saben gestionar y no roban ni se aprovechan de nuestro dinero, lo que están haciendo no es difícil pero hay que querer y en este país faltan ganas y sobran ladrones", acusa un vecino. Otros muy desengañados con la clase política, se muestran más escépticos y desconfían; "Es cuestión de tiempo que metan la mano en la caja...", vaticinan.
Pero ellos responden tranquilos: "Los políticos tradicionales en España han defraudado a mucha gente, la desconfianza es comprensible. Nosotros vamos a seguir trabajando, los resultados ya están ahí y seguirán llegando".



Resumiendo; Una interesante alternativa a la banca tradicional, un nuevo sistema empresarial, y políticos no profesionalizados… Podrían ser algunas soluciones realesa la crisis, que ya existen y están en marcha. Todo dependerá del grado de implicación y compromiso de unos ciudadanos que han perdido los valores y solo parecen saber quejarse y echar las culpas de todo a los demás sin reconocer responsabilidad alguna por lo ocurrido.

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