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La gran mentira sobre los piratas somalíes

La gran mentira sobre los piratas somalíes

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Este documental se titula “Toxic Somalia: la otra piratería” del director Paul Moreira, y cuenta una espeluznante trama por parte de los occidentales para enriquecerse a costa del hambriento y pobre país Africano, Somalia. Deshacerse de una tonelada de residuos tóxicos frente a las costas de Somalia cuesta sólo 2.50$. Es el vertedero más barato del mundo y una atractiva fuente de ingresos para, entre otros, Italia. Mientras, cientos de somalíes caen enfermos envenenados por malformaciones genéticas y cánceres (y las playas se han cubierto de peces muertos).

Para proteger sus costas, o intentar simplemente sobrevivir, los pescadores han abandonado una pesca ya casi inexistente, y se han orientado hacia la piratería (amenazando los sustanciosos beneficios de los contaminadores occidentales).
¿Pero quién saca realmente provecho de la contaminación de las costas de Somalia por redes mafiosas responsables del tráfico de armas y de desechos? ¿Y qué pasa con la piratería?
Dos periodistas italianos que preguntaban demasiado sobre estos temas, ya han perdido sus vidas por investigar este tráfico ilegal.

La comunidad internacional condena con fuerza y declara la guerra a los piratas ex-pescadores somalíes, mientras protege discretamente las operaciones de sus flotas dedicadas a la Pesca ilegal (que supone unos 450 millones de dólares en mariscos y peces de las aguas somalíes). Además, descargan basura tóxica en sus aguas desde que cayó el gobierno de ese país hace más de 20 años (cuando colapsó el gobierno de Somalia, en 1991, y los intereses extranjeros aprovecharon la oportunidad para comenzar a saquear las fuentes alimentarias de su mar y a utilizar las aguas sin vigilancia, como vertedero de basura nuclear y tóxica).

Asombrosamente, la ONU ha desatendido sus propios principios y ha ignorado súplicas somalíes e internacionales para detener la devastación continua de los recursos marinos somalíes y la descarga de basura tóxica. Las violaciones también han sido largamente ignoradas por las autoridades marítimas de la región, por falta de medios. Éste es el contexto en el que aparecieron los hombres que estamos llamando “piratas”.

Uno de los líderes de los piratas, Sugule Ali, explicó que su motivo fue “poner alto a la pesca ilegal y a las descargas en nuestras aguas… No nos consideramos bandidos del mar. Consideramos que los bandidos del mar son quienes pescan ilegalmente y descargan basura (y portamos armas, pero en nuestros mares)”.

El apoyo de la población local les da la razón. El 70% apoya fuertemente la piratería como una forma de defensa nacional de las aguas territoriales del país.
En vez de tomar medidas para proteger a la población y las aguas de Somalia contra las transgresiones internacionales, la respuesta de la ONU a esta situación ha sido aprobar resoluciones agresivas que dan derecho y animan a los transgresores a emprender la guerra contra los piratas somalíes.

Johann Hari, escritor y periodista británico, preguntó: “¿Esperamos que los somalíes hambrientos permanezcan pasivamente en sus playas, remando entre nuestra basura nuclear, y nos observen cómo les arrebatamos sus peces para comérnoslos en restaurantes de Londres, París y Roma? No hemos actuado contra esos crímenes. Pero cuando algunos pescadores respondieron interrumpiendo el tránsito por el corredor marítimo del 20% del suministro de petróleo del mundo, comenzamos a chillar sobre esta “maldad”. Si realmente queremos ocuparnos de la piratería, necesitamos extirpar la raíz que la causa -nuestros crímenes-, antes de enviar a las cañoneras a despejar la ruta de criminales somalíes”.
Las marinas de guerra aliadas del mundo –con una flota superior a 40 buques de guerra– intensificaron su cacería de pescadores-piratas somalíes, sin importar si realmente practican la piratería o a la pesca normal en las aguas somalíes.

El 30 de mayo de 2009, Egipto e Italia fueron los países que más insistieron en pedir un castigo severo a los piratas-pescadores somalíes. Mientras estos países se reunían en Roma, la comunidad local de la ciudad costera somalí de Las Khorey, retuvo a una gabarra italiana y a dos barcos rastreadores egipcios abarrotados de peces capturados ilegalmente en aguas somalíes (que a la vez remolcaban dos enormes tanques sospechosos de contener basura tóxica o nuclear). La comunidad de Las Khorey invitó a los expertos internacionales a que vinieran a investigar estos casos, pero hasta ahora no ha habido respuesta a la invitación.

 Paul Moreira ha realizado un revelador documental, trufado de testimonios sobre los verdaderos responsables del deterioro de Somalia. Y aunque se ha abierto alguna investigación con claras pruebas y declaraciones de arrepentidos, escuchas telefónicas y documentos, el caso ha sido sobreseído y nadie ha sido procesado todavía por estas acciones.



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