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Los chips cerebrales son inminentes

Los chips cerebrales son inminentes

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Exitosas compañías como el gigante farmacéutico GlaxoSmithKline, y otras empresas punteras de tecnología, están actualmente invirtiendo millones de dólares en investigación de vanguardia tecnológica que permita implantar microchips para «mejorar» nuestra salud y nuestras vidas.

Los implantes en el cerebro pronto se comercializarán como «avances revolucionarios», y podrán curar enfermedades crónicas a través de implantes electrónicos personalizados en el cerebro, en lugar de usar pastillas o inyecciones genéricas.

Si un implante en el cerebro pudiera curar la diabetes, la epilepsia, la depresión, y enfermedades que has estado sufriendo durante toda tu vida… ¿Aceptarías como solución implantarte chips en el cerebro?

La gente tendrá que enfrentarse a esta decisión en los próximos años.
Parecería todavía Ciencia Ficción, pero los avances en este campo son actualmente palpables.
Algunos científicos ya han tenido éxito en el tratamiento de ciertas enfermedades, mediante la implantación de microchips en cerebros de ratas. Investigadores de la Universidad del Sur de California, están probando lo que podría denominarse chips que almacenan recuerdos y pensamientos.

El siguiente paso a seguir, tal y como asegura el doctor Theodore Berger, es probar estos resultados en monos, con el objetivo de crear chips que puedan ayudar a los seres humanos víctimas de enfermedades como el Alzheimer, el derrame cerebral o cualquier lesión cerebral, a recuperar la memoria.

Existe también un Chip en la columna vertebral que neutraliza el dolor; el dispositivo es lo suficientemente inteligente como para modificar la intensidad de los pulsos eléctricos que emite en función del nivel de dolor que provocaría la señal que viaja por el nervio que está supervisando. Según sus creadores (un grupo de científicos de Sydney, Australia), el chip tendrá una gran variedad de aplicaciones; incluyendo el tratamiento del dolor crónico de espalda, extremidades, e incluso bloquear el dolor causado por daño a los mismos nervios o combatir las migrañas.

Algunas pruebas sugieren que también podría ser útil para controlar convulsiones de origen epiléptico y los temblores asociados a la enfermedad de Parkinson. Los primeros ensayos en humanos empezaron hace un año, y si todo sale bien, en no mucho tiempo aquellos que esperan por una solución definitiva a su dolor crónico tendrán el alivio que merecen.

Pero este tipo de mejoras no quedarán relegadas a pacientes enfermos. Cuando las personas descubran que pueden deshacerse de su exceso de peso en cuestión de días, o que se pueden descargar un curso universitario completo en su memoria en tan sólo unas horas, la mayoría de ellas querrán tener las «supercapacidades» que la ciencia ofrecerá.

Si se pudiera «bombear» datos directamente en tu cerebro digamos a unos 50 Mbps, leerías un libro de 500 páginas en menos de dos décimas de segundo.

Las implicaciones de estos avances son difícilmente predecibles: suprimir el proceso de aprendizaje de un plumazo tendría impensables consecuencias sociales (y sistemas como el educativo, se verían profundamente afectados).

Kevin Warwick asegura que, tarde o temprano, logrará construir un implante que nos convierta en telépatas.
Es deducible que, en el futuro, la condición ciborg será la más común y extendida. Siempre existirán posturas puritanas de quienes desean conservarse 100% biológicos. Incluso es probable que aflore una pugna social entre humanos mejorados y humanos «normales», pero según personalidades ilustres como Warwick o Kurzweil, destacados inventores, el futuro es irremisiblemente la inmersión masiva de la tecnología en nuestros cuerpos.

Pero el potencial de abuso de estas tecnologías es también preocupante. Si un gobierno pudiera descargar pensamientos y sentimientos directamente en los cerebros de sus ciudadanos, se podría lograr el control total (y nunca tendría que preocuparse de sublevados).
El estado podría programar unos chips para hacer que sus ciudadanos se sientan bien todo el tiempo realizando sus actividades (cualesquiera que sean). Imagínense lo que significaría, estar realizando trabajos verdaderamente inmundos, pero con la mejor de las sonrisas y experimentando continuas descargas de placer al cerebro.
Provocar que los individuos estén en un constante dopaje, los haría muy dependientes a los chips (hasta el punto que nunca querrían renunciar a ellos, en una especie de esclavitud voluntaria).

La experimentación con ratas en este campo ya ha dado resultados sorprendentes. Las ratas teledirigidas o robo-ratas, son ratas normales y corrientes que llevan unos electrodos implantados en el cerebro. Desde el ordenador, el investigador les envía señales para indicarles hacia donde deben moverse. Nada impide a las ratas ignorar las señales que les llegan, pero entonces, las descargas que reciben como recompensa en el centro de placer de su cerebro, también se acabarían. Si establecemos una analogía con humanos, este experimento demuestra la viabilidad de «estimular artificialmente» el cerebro para que hagas lo que quieren, lo que plantea un nuevo dilema; ¿se acabarán aplicando estos avances definitivamente humanos? Es más, ¿Se podrá llegar a la felicidad, estimulando artificialmente el cerebro?

Al principio estos microchips se nos venderán como uno de los mayores «avances históricos» de todos los tiempos, pero también podrían terminar por esclavizar a la humanidad completamente.

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