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Se puede saber cuándo morirá una persona

Se puede saber cuándo morirá una persona

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Las células, al irse dividiendo para dar lugar a nuevas células, van perdiendo progresivamente unas estructuras protectoras del ADN denominadas telómeros, que están en los extremos de los cromosomas. Cuando los telómeros se acortan por debajo de una longitud mínima, las células interrumpen su ciclo celular y dejan de regenerar los tejidos (produciéndose así el envejecimiento de las células y consecuentemente, el envejecimiento de todo el organismo).

Esta idea, tiene un amplio apoyo experimental con ratones modificados genéticamente para la telomerasa (la enzima que sintetiza los telómeros), así como con enfermedades humanas de envejecimiento prematuro, debidas a un acortamiento acelerado de los telómeros.
La relación entre telómeros y envejecimiento se conoce desde 1990 gracias a las investigaciones de Carol Greider y Calvin Harley. La enzima que contribuye a alargar los telómeros (como digo), es la telomerasa. Por su descubrimiento recibieron en 2009, el Premio Nobel de Medicina Elisabeth H. Blackburn, Carol W. Greider, y Jack W. Szostak.



Con una precisión aterradora, un grupo de científicos de la Universidad de Anglia en el Este de los EEUU, desarrollaron un método para calcular la velocidad a la que se envejece y que, por ende, permite pronosticar el tiempo que te queda de vida. Éste permite medir la duración de la vida de las regiones de ADN ubicadas en los extremos de los cromosomas, esos telómeros de los que hablaba, y que son los encargados de producir la división celular y determinar el tiempo de vida medio de una célula.
Este revolucionario descubrimiento parece propio de una novela de ciencia ficción, pero los investigadores han establecido una serie de relaciones, en base a la longitud de los telómeros, que evidencian el número de años que sobrevivirá una persona tras una simple prueba que cuesta unos 500 euros. No sé quien podría estar interesado en saber cuánto puede vivir como máximo, pero la realidad es que ya se puede saber.
Estos usos no dejan al margen ciertas cuestiones éticas como, por ejemplo, si la medición de los telómeros de un individuo será utilizada en el futuro por compañías de seguros de vida o médicos, para determinar el riesgo de una persona de morir prematuramente o sufrir una enfermedad mortal.

En resumidas cuentas, y por imposible que parezca, podemos saber lo máximo que puede vivir una persona si no surgen imprevistos o tiene algún accidente. El día de nuestra muerte, por tanto, está mucho más determinado de lo que parece (está en cierto modo hasta programado, diría yo, en una especie de obsolescencia programada: a partir de determinado número de divisiones celulares y el consiguiente acorte de telómeros, se envejece y terminas muriendo). Los factores ajenos a ese momento determinado por los telómeros, vendrán condicionados por los hábitos y... por un pretendido azar. Vamos a desarrollar un poco esta idea...

Podemos pensar, para simplificar, en un dado. Si conocemos las condiciones exactas (velocidad, rotación, altura de la caída…) de su lanzamiento, podemos predecir en principio, donde va a caer. Por supuesto, esto resulta imposible a la práctica (ya que tendríamos que conocer demasiados parámetros y con demasiada precisión), de modo que acabamos asumiendo, de manera conveniente, que el resultado es aleatorio (aunque no haya nada intrínsecamente aleatorio, en el proceso). En este sentido, podemos decir que el azar que conocemos en nuestra vida cotidiana no es azar real, sino mero desconocimiento de las condiciones iniciales.
Volviendo al tema del momento programado de nuestra muerte, el desconocimiento de todos los factores que puedan incidir en el momento de nuestra muerte quizá no sean del todo predecibles y calculables con nuestras herramientas actuales, pero eso no quiere decir que en verdad, sea algo aleatorio e imposible de saber. Al igual que en un lanzamiento de dados, tampoco no hay nada intrínsecamente aleatorio en el proceso.
Así pues, no por experimentar una sensación de superfluosidad azarosa, necesariamente el azar debe existir. Se postula (y coincido), que nuestra "maquinaria" imperfecta , nos impide tener en cuenta todas las variables que entran en juego en el cómputo global. Y esto nos lleva a esa conclusión ya dicha de que: El azar que conocemos en nuestra vida cotidiana no es azar real, sino mero desconocimiento de las condiciones iniciales causales y los factores que intervienen en los procesos. En nuestra imperfección, en nuestra ignorancia, parece que el momento de nuestra muerte es indeterminado y aleatorio... Pero en verdad, con un conocimiento total de las circunstancias, se presentaría como algo establecido.

Sólo queda una salida para contradecir esta conclusión: que las leyes de la física no sean deterministas, sino que exista aleatoriedad verdadera, un azar inherente en las propias leyes de la física. Hasta principios del siglo XX, nada parecía indicar que esto fuera así en la realidad. Entonces, con la aparición de la física cuántica, que gobierna el mundo microscópico de átomos, moléculas y partículas aún más pequeñas, la situación cambió. En este mundo, las leyes de la física parecen incluir un componente aleatorio (o al menos, eso nos parece con las herramientas actuales: igual eso cambie en el futuro).
¿Cómo se explica entonces que en el mundo macroscópico que conocemos, no se observe esta aleatoriedad de la física? La respuesta está aún por aclarar del todo. La importancia que la cuántica pueda tener para nuestra concepción determinista del mundo macroscópico (y para el libre albedrío), es un tema controvertido que permanece aún sin una respuesta clara... Yo pienso que con herramientas "utópicas y teóricamente precisas hasta la totalidad computable", el determinismo afloraría también en el sistema cuántico (y en los sistemas subyacentes del mismo).
Muy bien. Volviendo al tema de poder determinar nuestra muerte, hoy por hoy, aún cuando nos diagnosticaran que en el mejor de los casos no viviremos más allá de los 80 años, eso no quiere decir necesariamente que no podamos sobrepasar esa edad (ya que probablemente, acontecimientos futuros posibilitarán ciertas manipulaciones médicas que permitirán alargar la vida artificialmente).
Sea como sea, el conocimiento que lo permita (los factores y variables que propicien burlar el reloj biológico natural marcado por los telómeros), será algo explicable, mensurable y consecuente: determinado por las circunstancias y las leyes físicas que nuestro universo nos impone.

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