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Abandonando la selección natural - El futuro que nos espera

Abandonando la selección natural - El futuro que nos espera

  
 
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Nuestra evolución, la de cualquier especie, se basa en la selección natural. Este método, premia a los que se adaptan mejor y extingue a los que menos cualidades adaptativas tengan (o que directamente, sufran alguna tara congénita).

A la práctica, y mientras el ser humano ha sido un ser primitivo e instintivo, semejante proceder ha sido aceptado y voy a reconocer que ha resultado efectivo.
Pero hemos cambiado, y ahora somos seres racionales con valores éticos y morales, y cuando alguien nace con alguna anomalía no lo dejamos morir sin más, sino que intentamos sanarlo. Este ha sido el cometido de la medicina en los últimos miles de años: luchar contra esa selección natural, para que como seres supuestamente civilizados y evolucionados que somos, no condenemos a la extinción a personas que morirían por selección natural (pero que podrían aportar mucho a la sociedad).

Siempre me viene a la mente, el fabuloso ejemplo del ya fallecido Stephen Hawking: una persona que por selección natural debería haber muerto enseguida, pero que gracias a la ciencia puedo vivir hasta los 76 años (haciendo una inestimable aportación al conocimiento humano que nadie discute).

Pero vamos a ver como es, y cómo actúa la selección natural:
Ya lo he explicado en más de una ocasión, pero merece la pena repetirlo porque mucha gente tiene una idea equivocada del asunto.
Cuando se habla del típico ejemplo de las girafas que fueron alargando su cuello porque su comida estaba cada vez más arriba en los árboles, esta adaptación suele ser percibida como algo inteligente por parte de la naturaleza. Como si la selección natural, muy sabia ella, dijese: "Oh, es mejor que las girafas alarguen su cuello porque eso les va mejor para alimentarse, vamos a hacer que tengan el cuello más estirado".

Pero esto no funciona así. Los organismos reproducen su ADN para seguir sobreviviendo, y en algunas ocasiones, el ADN tiene errores en su replicación (comúnmente conocidos como mutaciones). Esas mutaciones pueden significar desde malformaciones, hasta peculiaridades más o menos insustanciales, o en el menor de los casos, una característica del ser vivo que le supondrá una mejor adaptación al medio donde vive. Pero es aleatorio: no hay ninguna intención en ello. La selección natural es ciega y mecánica. No tiene objetivos.

Las mutaciones no tienen dirección, es decir, los cambios que produce una mutación en el organismo no tienen ninguna relación directa con el éxito o la eficacia de los organismos que la sufren.
La variación por mutación se da por casualidad (más bien por determinadas circunstancias), y la suma de errores convenientemente beneficiosos, puede generar a la larga un cambio sustancial en la población de una especie (porque si tienen la fortuna de, -por algún error de esos, adaptarse mejor a su entorno-, es más probable que vivan mejor y tengan más descendencia).
En el caso de las girafas, tuvieron que darse muchos errores de replicación en un mismo sentido (alargamiento de cuello), para que tomasen la forma actual.

También podemos encontrar otras causas por las que un organismo prospera en detrimento de otros de su misma especie, como por ejemplo, la migración entre poblaciones.
Cabe señalar pues, que la supervivencia de un organismo está íntimamente ligada al entorno ambiental en el que vive. Si una población de ratones negros y blancos migran a un lugar donde el terreno es oscuro, a la larga los ratones blancos se extinguirán (porque sus depredadores, las águilas por ejemplo, los detectan con mayor facilidad).

Bien. Todo esto ahora nos puede parecer muy obvio, pero la teoría de la evolución biológica por selección natural, fue expuesta por primera vez por Charles Darwin el 1859, y es probablemente la idea más revolucionaria de la historia del pensamiento humano (porque nos explica cómo hemos llegado a ser lo que somos).

Ahora sabemos que las especies que en estos momentos pueblan la Tierra, proceden de otras especies distintas que existieron en el pasado a través de un proceso de descendencia basado en modificaciones (esencialmente, por esos errores de replicación de ADN que os hablaba antes).
La evolución biológica es el proceso histórico de transformación de unas especies en otras especies descendientes, pero lejos de ser quirúrgica e ingeniosa, incluye la extinción de la grandísima mayoría de las especies que han existido.
Como lo que vemos es lo que ha sobrevivido, nos da una falsa sensación de optimización e inteligencia por parte de la sabia naturaleza (como se suele decir), pero no deja de ser un proceso tosco, arbitrario y un simple apaño un tanto cutre.

Para los creyentes religiosos del diseño inteligente, un ojo humano, con su delicado e intrincado diseño, es una prueba concluyente de la existencia de Dios (porque dicen, es demasiado complicado como para que haya surgido del azar).
Lo verdaderamente revolucionario en Darwin, fue el proponer un mecanismo natural para explicar la existencia de algo como un ojo humano.
Nuestro ojo no apareció de golpe y porrazo con todos sus componentes, sino que fueron necesarias millones y millones de mutaciones convenientes, para que obtuviera la forma actual.
Si una variante nueva produce una mejor imagen que la de la población imperante, se perpetúa, y las siguientes mutaciones se hacen sobre la población con esta nueva variante.
En otras palabras, se pasó de algo sumamente simple, a algo muy complejo después de millones de generaciones. Y lo más asombroso, como digo, es que este proceso no fue direccionado ni debido a inteligencia alguna, sino por meros errores en la replicación del ADN (algunos de los cuales, significaron lentos pero paulatinos avances en el órgano).

¿Por qué nosotros, y no el hombre de Neandertal, ocupamos la Tierra?
Porque nos reproducimos más que ellos, al adaptarnos mejor al medio.
¿Por qué la mayoría de los insectos tiene dos alas, en lugar de cuatro?
Porque los insectos poseedores de dos alas se perpetuaron más que los de cuatro.
Etc.

La selección natural es como digo miope y carente de inteligencia, pues favorece aquella variante que es útil en cada momento, independientemente de si esta selección resulta ser contraproducente para la población en otro momento posterior (en cuyo caso, es probable que la especie se extinga sin más).

Un componente de selección importante, es el éxito en el apareamiento. Si uno o varios individuos se aparean más que el resto de la población (manteniendo más o menos igual todo lo demás) entonces estos individuos dejarán más descendientes y sus caracteres heredables asociados al éxito en el apareamiento, incrementarán en la población.

El comportamiento animal, es una consecuencia de la selección natural.
En el caso humano, la sociobiología afirma que aunque la gente tiene libertad para escoger entre varias alternativas, hay canales psicológicos profundos moldeados por la selección natural que hace más fácil unos desarrollos culturales que otros (de modo que aunque las culturas varíen mucho, habrá una convergencia inevitable hacia esas tendencias heredadas).
Ejemplos de esas propensidades humanas, son el enlace emocional entre padres e hijos, la evitación del incesto, el mayor grado de altruismo hacia los parientes cercanos, desconfianza a los extraños, tribalismo, religiosidad, etc.

Sin embargo, y a pesar de estos comportamientos tan arraigados, parece que vivimos una etapa de transición evolutiva importante.
Cada vez son menos las personas satisfechas con lo que la naturaleza nos dicta. La medicina ya se ha establecido como una lucha directa para paliar desgracias naturales y todo el mundo la usa (y no solo para sobrellevar o curar enfermedades, sino ya a un nivel más profundo, genético).
Parece que esas mutaciones arbitrarias de la selección natural ya no nos satisfacen, y queremos tener el control de nuestras vidas y hasta de nuestra evolución.

Actualmente, tenemos ya las herramientas necesarias como para erradicar indeseables enfermedades de carácter genético, y el siguiente paso podría ser autodiseñarnos a nosotros mismos.
Ahora gracias a la técnica CRISPR, contamos con las herramientas necesarias para editar nuestro código genético con sencillez, rapidez y bajo coste (lo que la pone al alcance de cualquiera).
De esta forma, las ciencias de la salud y la biología han comenzado a sustituir la selección natural (pero esta vez, sí sería un proceso inteligente y direccionado). Porque ya no nos adaptamos simplemente al medio, sino que adaptamos el medio a nuestras necesidades.

En Medicina, gracias al CRISPR se podrá desarrollar la terapia génica en la que además de identificar los genes responsables de alteraciones genéticas, estos genes podrán ser reemplazados, corregidos y eliminados en el paciente, permitiendo el tratamiento y prevención de enfermedades hereditarias (algo que ya se está haciendo a nivel de ensayos en animales de laboratorio y células humanas, y que en pocos años podrá aplicarse directamente sobre las propias personas).

Toda alteración que tenga un componente genético, se puede abordar con la tecnología CRISPR para buscar una solución.
Esta tecnología debe ser evaluada minuciosamente por las consideraciones éticas y evolutivas que la rodean, pues la creación de seres humanos modificados genéticamente (los bebés a la carta), es algo que técnicamente podrá hacerse (así como podrían hacer humanos superiores al resto de las personas).

Como os podéis imaginar, las grandes empresas de la industria farmacéutica han visto en CRISPR una gran oportunidad para mejorar sus productos y sobre todo sus ganancias, por lo que se han lanzado a investigar en este controvertido ámbito.

Pero la evolución humana no pasará única y exclusivamente por la biología. Implantes cerebrales, prótesis, nanorobots y demás artefactos mecánicos, parecen ser también el futuro que nos espera.
Infinidad de películas nos han mostrado ese futuro, y es hora de empezar a plantearse si eso, es lo que anhelamos (más cuando ya estamos con semejantes ideas, como lo demuestra el proyecto Neuralink: un intento por fusionar el cerebro humano, con la inteligencia artificial).

¿Ves bien erradicar enfermedades hereditarias genéticas?
¿Y diseñarnos a nosotros mismos? ¿Hasta qué punto?
¿Seremos capaces de gestionar sabiamente el futuro que se avecina?

Fuentes:

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