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La amenaza de estrellas errantes para la Tierra

La amenaza de estrellas errantes para la Tierra

  
 
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No sé si habías oído hablar alguna vez de las llamadas estrellas errantes, pero estas existen y son más comunes de lo que se piensa.
A menudo, las estrellas están agrupadas en galaxias y siguen órbitas alrededor del centro de las mismas. Sin embargo, algunas se desplazan tan deprisa que logran alcanzar la velocidad de escape necesaria para salir fuera de su galaxia.
No son una teorización. Conocemos de la existencia de las mismas por observación directa, y la más veloz hasta ahora conocida viaja a 1.200 kilómetros por segundo, lo que significa que no está siendo retenida por la gravedad local y acabará dejando la Vía Láctea.
Pero no solo conocemos la existencia de estrellas errantes en nuestra galaxia, HD 77581 por ejemplo, se encuentra a más de 6.000 años luz en la constelación de Vela y se mueve a unos 80 kilómetros por segundo.
Pues muy bien, ¿podría una estrella errante ser un peligro para la Tierra?
Sobre el papel claro que sí, por supuesto, pero ¿hay probabilidades de que eso ocurra? ¿Hay que preocuparse?

El Universo es un lugar peligroso y la vida, en cualquier parte que se encuentre, se enfrenta a numerosas amenazas que podrían eliminarla de plumazo. Los acontecimientos que pueden provocarlo tienen un claro culpable: la gravedad, dueña absoluta de todo lo que se mueve en el Universo.
De hecho, la misma fuerza que consigue mantener un planeta alrededor de una estrella durante incontables millones de años puede también, de repente, enviar ese planeta a las profundidades del espacio y condenarlo a vagar en soledad por el resto de sus días.

Durante los últimos años, los astrónomos han encontrado un número creciente de «planetas errantes», vagabundos que fueron expulsados de los sistemas donde nacieron, que ya no orbitan alrededor de estrella alguna y deambulan sin rumbo fijo en el vasto espacio interestelar.

La gravedad parece una cosa simple, pero no lo es en absoluto. En especial cuando entran en juego más de dos objetos interactuando a la vez. Baste con considerar solo a tres cuerpos orbitándose mutuamente para que las matemáticas asociadas se vuelvan intratables y sea, en la práctica, imposible predecir con exactitud cómo evolucionará ese sistema.
Es el llamado «problema de los tres cuerpos» (que seguramente os suene), que ha traído de cabeza durante siglos a los científicos que intentan en vano, una y otra vez, encontrar soluciones que permitan calcular sus posiciones relativas en un momento dado.

El problema es que con tres objetos, cualquier pequeña desviación o cambio puede conducir a alteraciones masivas en un tiempo sorprendentemente corto.
Ahora imaginaos cuando en vez de 3 cuerpos hablamos de la realidad, con tantísimos objetos influenciándose simultáneamente entre ellos.
Dicho en otras palabras, lo que parece una situación tranquila y serena en un momento, como la Tierra orbitando alrededor del Sol, puede volverse peligrosamente inestable en el momento siguiente.

Entonces... ¿Y si una estrella errante se acercase al sistema solar? ¿Qué pasaría?
Si bien es cierto que los demás planetas de nuestro sistema también afectan y modifican la órbita terrestre, estos son demasiado pequeños como para causar grandes problemas. Muy diferente, sin embargo, sería el caso de una estrella errante que, en su camino, pasara cerca de nosotros. Cosa que, por cierto, sucede con relativa frecuencia.

Si una estrella se acercara lo suficiente al Sistema Solar, podría obviamente cambiar la órbita de la Tierra.
En el punto de máximo acercamiento, nuestro planeta obtendría un poco de energía adicional, un suave «tirón» gravitatorio procedente del visitante. Al principio no sería demasiado, pero si sucediera lo mismo año tras año, nuestro planeta podría ir sumando la energía suficiente como para alejarse del Sol, salir de la «zona habitable», e incluso, acabar abandonando el Sistema Solar de forma definitiva.

Pero tampoco es cuestión ahora de alarmarse y entrar en pánico. El hecho de que aún estemos aquí, significa que dicho escenario no se ha producido en los últimos miles de millones de años. No obstante, eso no quiere decir que no pueda suceder en el futuro. Y aquí es, precisamente, donde se enmarca un trabajo realizado por investigadores de la Universidad de Tecnología de Teherán.

En sus simulaciones, los científicos consideraron todos los escenarios posibles: diferentes masas de estrellas entrantes en todo tipo de ángulos y con todo tipo de velocidades. Se trataba de ver qué circunstancias deberían darse para que uno de esos acercamientos diera como resultado la expulsión de la Tierra de nuestro sistema planetario.
Una de sus conclusiones es que cuanto más rápido vaya la estrella visitante, mejor sería para nosotros, ya que dispondría de poco tiempo para «estropear» nuestro sistema solar.
Por el contrario, las estrellas de movimiento lento resultan mucho más peligrosas y bastaría con que bordearan nuestro sistema de planetas para causar una auténtica carnicería en su interior.
Por supuesto, la masa de la estrella visitante resulta de la máxima importancia, así como el ángulo de aproximación.
Por ejemplo, si la estrella pasara a lo largo del plano del Sistema Solar, tendría muchas posibilidades de acercarse a nosotros lo suficiente como para desestabilizarnos. Si se acercara lo suficiente, podría incluso llegar a achicharrarnos, por lo que la cuestión de la expulsión sería lo de menos.

Con todas sus simulaciones en la mano aplicadas a nuestro vecindario galáctico, descubrieron que, como promedio, nuestro querido planeta tiene una probabilidad entre 15.000 de desestabilización orbital en el transcurso de toda su historia. O lo que es lo mismo, por cada 10.000 planetas similares a la Tierra en nuestro vecindario, solo uno es expulsado de su sistema.
Estos datos son válidos en la región externa de la Vía Láctea (donde por suerte nos encontramos), porque que en las regiones centrales de una galaxia las cosas pintan mucho peor (y la probabilidad de una catástrofe orbital es unas 160 veces mayor).

¿Sabías de la existencia de las estrellas errantes?
¿Y crees que debemos preocuparnos por si se acerca alguna?


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