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La biblia de la inteligencia artificial

Escrito por Admin el . Posteado en CIENCIA

Pienso que hay dos formas de concebir la convivencia con robots inteligentes. La primera (y más extendida), es desarrollar esos seres artificiales al servicio del hombre. Y la otra (más bien residual), tratarlos como trataríamos a cualquier humano llegado el momento. Supongo que semejante distinción radica en considerar, en el primer caso, que pese a su inteligencia y un comportamiento perfectamente simulado, nunca serán verdaderamente conscientes de su existencia. Y en el segundo caso, que determinada complejidad evolutiva los podría dotar de una conciencia tan válida como la de un humano.

Ciertamente, semejante distinción es determinante a la hora de enfocar la creación de robots.

Me da la sensación que actualmente, la idea es fabricar robots esclavos dando por hecho que jamás tendrán una mente humana y que por tanto, la sumisión es el papel que les corresponde.

Por el contrario, algunos investigadores (los que menos), están trabajando en el diseño de robots bajo la premisa que pueden llegar a ser tan conscientes como lo somos nosotros.

Y partiendo de estas dos posturas, empieza un intenso debate.

Por un lado, como decía, los que piensan que los robots nunca adquirirán conciencia, y por otro, los que piensan que en determinado momento podrían adquirirla.

Y obviamente, lo difícil es determinar “ese momento mágico” en que la simulación pasa a convertirse en algo consciente de sí mismo y de todo lo que lo rodea.

Determinar el eslabón perdido humano, por así decirlo, pero trasladado a las máquinas.

Las implicaciones de todo ello obligará a revisar leyes y derechos (y seguramente, ahora diríamos que los humanos biológicos no aceptarán a un androide como un igual).

Serán tiempos convulsos, la convivencia entre humanos, ciborgs, robots, androides, inteligencias artificiales, etc. Datos cerebrales e información digital transitarán por todo tipo de soportes y formatos (y una malgama existencial difícil de delimitar, se extenderá por todo el planeta siendo muy difícil ubicar cada cosa en su contexto y su marco existencial).

Por esa razón, pienso que ningún humano biológico va a diseñar de repente y por arte de magia, una máquina con consciencia humana (del mismo modo como tampoco hubo un momento claro, en el caso humano,  a partir del cual apareció una distinción determinante; estamos siempre hablando de grados paulatinos intermedios graduales). Sin embargo, sí puedo más fácilmente concebir que las sinergias entre entes artificiales, humanos, ciborgs mejorados, y máquinas refinadas, puedan confluir para crear conciencias de naturaleza dispar.

Como siempre digo e insisto, hay que entender la abrumadora mezcolanza de seres heterogéneos que cohabitarán al unísono en el planeta (y la suma dificultad por delimitar lo que se considera humano, de lo que ya podría considerarse una conciencia artificial). Imaginemos por un instante lo que supondría trasladar una personalidad humana en un ordenador cuántico. O que hubiera personas interesadas en abandonar su biología y existir digitalmente. Vemos que  cuanto más se piensa en ello, más difícil resulta una distinción clara entre humano o ente artificial.

Pienso que la evolución paulatinamente disipará fronteras biológicas y digitales hasta el punto de ser imposible desgranar dónde acaba el hombre y empieza la máquina.

Las leyes del futuro se centrarán probablemente en preservar conciencias indistintamente del soporte que utilicen (pues estará lo biológico y lo digital tan mezclado, que nadie será capaz de delimitar las fronteras de cada cosa).

Así, el hombre no creará una maquina consciente (más bien se metamorfoseará hasta acabar por abandonar su ancestral formato biológico por otros soportes más eficientes).

El deseo de la existencia de máquinas pensantes es un anhelo de sublimación y auto-realización para vivir más y mejor (y para sobrepasar las limitaciones orgánicas y de restricción de vida).

Digamos que muchos entienden que la humanidad va más allá de lo biológico y que cambiar de soportes (o incorporar piezas en otros formatos a modo de paulatina transición), lejos de provocar nuestra extinción nos puede beneficiar y es conveniente.

Para algunos, la post-biología es el paso ineludible a toda condición orgánica que desarrolle tecnología cada vez más compleja. Y en cuanto a costes económicos de implementación, pues como en todo al principio serán elevados, pero con el paso del tiempo será algo de lo más asequible para la mayoría.

Existe el generalizado prejuicio de que el desarrollo tecnológico significa control, esclavitud y deshumanización, mientras que lo biológico denota libertad, libre albedrío y sabiduría. En mi opinión, la realidad dista mucho de ese razonamiento. La selección natural lleva millones de años secuestrando el comportamiento humano (y estamos tan acostumbrados a su dictadura, que eso nos parece normal e incluso, digno de alabanza).

Pero dejar en manos de mutaciones aleatorias arbitrarias nuestro destino sin injerencia alguna por nuestra parte, no parece nada inteligente. Yo siempre digo a la gente que está con el permanente rollo de lo inteligente y savia que es la naturaleza, que cuando enferme no vaya al médico y deje que la cosa siga “naturalmente” su curso. O que si gracias a la tecnología puede operarse para salvar su vida pero sus principios son “lo inteligente y oportuna que es la selección natural”, reúse ese conocimiento “artificial”, sea fiel a sus principios, y se muera de forma natural (preservando de ese modo una herencia génica supuestamente mejor, sin manipulaciones tecnológicas y libre de injerencias).

Pero claramente desde hace tiempo, luchamos contra la tiranía natural (y la medicina es precisamente el deseo irrefrenable de burlarla). La tecnología es el método que debe llevarnos a superar un absolutismo natural obsoleto por el cual muchas personas válidas, mueren (y por el que toda vida, tiene fecha de caducidad).

La gente suele asociar la proliferación de máquinas  con una amenaza. Es una visión bastante cerrada de la situación, pues las máquinas precisamente nos llevarán a una conquista espacial que sin desarrollo tecnológico, sería imposible.

Más que una condena, significan nuestra liberación. Podemos discutir sobre si lo más oportuno es frenar nuestra evolución y encasillarnos perpetuamente en este planeta gestionando sus limitados recursos con exquisita austeridad ahorrativa y escasez material, o si es preferible buscar nuevos hogares en el espacio.

Pero asociar el desarrollo tecnológico con el colapso humano, es algo improcedente; ya que es de suponer que para cuando una parte significativa de la población sean robots conviviendo con humanos, tendremos plena capacidad de adentrarnos al espacio (y la gestión energética, así como la superpoblación del planeta, tendrán sencilla solución).

La sostenibilidad de la población será directamente proporcional a nuestra capacidad por colonizar otros mundos (y en principio, el espacio cosmológico es suficientemente grande como para no tener que preocuparnos en ese sentido).

Y precisamente porque los humanos necesitamos expectativas, metas y desafíos, el paso lógico a seguir no es estancarnos en la Tierra sino colonizar otros mundos con la ayuda de las máquinas y el desarrollo tecnológico.

Nos guste o no, el ser humano abandona paulatinamente las leyes biológicas para abrazar el conocimiento artificial.

Sentir dolor, depresión, etc, será algo que deberemos decidir si queremos seguir teniendo. Las limitaciones a ese respecto digamos que las pondremos nosotros y no la selección natural. Tener el poder de rediseñar tu cuerpo y condición no es algo banal, y habrán intensos debates  (a la par que descubrimientos pertinentes que los susciten), que irán fraguando nuestra futura condición.

La convivencia entre todos estos seres y su patente hibridación, es obviamente el punto más turbulento de la situación. Pero probablemente, y pese a que en un principio semejante contexto nos parezca ahora insalvable, hay que tener en cuenta que el proceso será gradual (y además, no deberíamos menospreciar la capacidad adaptativa humana).

Algo tan radical como trasplantar un cerebro en un cuerpo nuevo será realidad a mediados de este siglo. Obviamente, subsiguientes pasos y descubrimientos de este calibre (con sus pertinentes debates éticos),  irán allanando el terreno a futuras situaciones todavía más drásticas.

Como serán todos esos seres del  futuro es difícil de concebir, pero parece ser que todo lo que la ciencia pueda implementar, será muy susceptible de ser usado.

Realmente, aquí la cuestión es plantearse si estamos preparados para auto-diseñarnos y decidir cómo queremos ser (y si hemos llegado a la mayoría de edad como civilización desarrollada o debemos seguir bajo la tutela de una naturaleza amoral).

O preferimos evolucionar por selección natural (mediante genes), o adoptamos una nueva evolución basada en memes (y parece ser que vamos encaminados hacia lo segundo).

Y claro, por supuesto que habrá  movimientos disidentes (como los ha habido siempre); Personas que no comulguen con el rumbo evolutivo tomado por la mayoría y luchen para cambiarlo. Pero en mi humilde opinión, ese tipo de personas estarán condenadas  al ostracismo, pues estarán en clara inferioridad de condiciones y sus capacidades serán demasiado anticuadas y endebles como para suponer una amenaza. Sería como visualizar una guerra entre Etiopia y EEUU…

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Víctor Vila Muñoz: Administrador de Portalcienciayficcion.com. Diseñador de páginas web y programador de videojuegos. Músico y escritor ocasional (con algunos relatos publicados). Youtuber. Mi otra web: Mejormetalgratis.com.

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